Charla Presentación, Viernes 16 de Abril, 20:30 Marco Aurelio formó parte del estoicismo, convirtiéndose en uno de sus más importantes representantes. Debido a su elevada moral, el emperador de Roma fue un “cautivo&a

Muy preocupado por el bienestar público, vendió posesiones personales para mitigar los efectos del hambre y la peste en el Imperio.

Fundó escuelas, orfanatos y hospitales, y alivió la carga de los impuestos. El emperador Marco Aurelio, plasmó su virtuosa conducta humana, su filosofía de gobierno, su sentir político, su incomparable (e inigualable hasta el presente) grandeza conductora y su doctrina que entregará como ejemplo a las generaciones venideras, en una suerte de apuntes personales, las Meditaciones, escritas a lo largo de sus últimos años de paso por esta Tierra.

Así sus Meditaciones, se inician con un vivo recuerdo y un profundo agradecimiento a la familia de nacimiento y a la de adopción. No es de esperar menos, se sabe que quien no respeta a su familia poco puede respetar a los demás.

Cumplió el mandamiento de honrar a su padre, a su madre y a los mayores. Muy recomendable es la interpretación de las Meditaciones como filosofía de vida y doctrina de pensamiento:

«Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo eso les acontece por ignorancia de los bienes y de los males.

Pero yo, que he observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo vergonzoso, y que la naturaleza del pecador mismo es pariente de la mía, porque participa, no de la misma sangre o de la misma semilla, sino de la inteligencia y de una porción de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; ni puedo enfadarme con mi pariente ni odiarle.

Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa».

Conocer al hombre antes que dirigirlo era un fino sentido, que el emperador romano agudizó desde su juventud. El haber concebido la idea de una constitución basada en la igualdad ante la ley, regida por la equidad y la libertad de expresión igual para todos, y de una realeza que honra y respeta, por encima de todo, la libertad de los súbditos.

De él también: la uniformidad y constante aplicación al servicio de la filosofía; la beneficencia y generosidad constante; el optimismo y la confianza en la amistad de los amigos; ningún disimulo para con los que merecían su censura. La conducción es la vida en acción, es la vida misma, es la vida propia y la vida de los demás.

Eso es la conducción. Por eso, quien se dedica a la conducción debe ser profundamente humanista. Es una verdadera pena no difundir la fecunda lectura de la vida y obra del emperador que perduró, nada más ni nada menos, que veinte años conduciendo el Imperio Romano, a tal punto que con él culminó la denominada «Edad de Oro del Imperio».

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“Guárdate siempre de mostrar a las personas insociables el humor que éstas muestran a los demás” -Marco Aurelio-

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