Charla Presentación, Viernes 18 de Junio a las 20:30 La fraternidad, es un hecho natural. En una familia, los hijos de los mismos padres son hermanos, y por lo tanto, generalmente, guardan una relación fraternal.

La Historia con sus ciclos nos enseña que tras períodos confusos y violentos; aletargados para los nobles valores y exaltados por las ambiciones materiales desbordadas, han de venir otros períodos en los que renazca la cordura y el sentido de fraternidad que hoy están escondidos: una fraternidad entre los seres humanos sin distinción de credo, raza, nacionalidad, sexo, condición social ni color.

Estamos convencidos de que el alma humana es una, en esencia, y que no podemos establecer distinciones fundadas en la presentación exterior de los cuerpos. Antes bien, debemos mirar por el desarrollo y expresión del alma. Lo que nos falta y queremos recuperar -porque sabemos que nunca ha dejado de existir- es la amistad; la noble y verdadera amistad, la que pasa por encima del tiempo y las dificultades; la que genera lazos de auténtica fraternidad, aunque no haya vínculos sanguíneos de por medio.

¿No podríamos intentar, en la medida de lo posible, hacer primar lo que nos une sobre lo que nos separa...? Los principales enemigos que afectan a la fraternidad son el egoísmo, y el egocentrismo; el creer que cada uno posee "la verdad", la forma adecuada y única -sobre todo única-, de ver las cosas correctamente. Es el egoísmo de no hacer lugar a los demás, de no considerar esas diferencias que señalábamos, como lógicas y hasta cierto punto positivas, por cuanto nos ponen ante la necesidad de comprender diferentes puntos de vista, diferentes formas de vivir; que no son mejores ni peores, únicamente diferentes.

El "enemigo" aparece cuando hacemos bandera de las diferencias, y las empleamos como armas de separación y aún de enfrentamiento. Hace falta, primero conocerse a sí mismo, conocer las leyes de la Naturaleza, estudiar lo que los hombres han hecho a través de toda la Historia; esa Historia que, como el filósofo Livraga Rizzi dijo, no es una piedra de molino colgada al cuello, sino un pedestal sobre el cual debemos erguirnos para construir el futuro.

Cuando realmente las personas nos demos cuenta de ello, entonces los hombres serán verdaderamente fraternos, pero no con una fraternidad de palabras, sino con una fraternidad de hechos, con una fraternidad que se sienta en el corazón.

* * * * * “Nunca te compares a nadie, pues la perfección absoluta de cada ser radica únicamente, en la comparación consigo mismo”. -J.A.L.-

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