Hay un cuento sefardí, llamado: "El Plantador de Dátiles", en el cual nos hablan de un anciano que trabajaba la tierra arduamente al costado de unas palmeras en el desierto...

- "¿Qué haces? –le pregunta un mercader que se detiene en el camino– - Siembro –responde el anciano–

- ¿Qué siembras? - Dátiles - ¡Dátiles! –Estás loco. ¿Cuántos años tienes? le pregunta burlonamente el mercader–

- No sé. Tal vez setenta u ochenta... –¿qué importancia tiene? cuestiona el anciano–

- Pero, mi amigo, –los datileros tardan décadas en crecer y más aún en dar frutos. Para ese entonces, tú ya no estarás en este mundo–

- Mira, amigo –le responde el anciano, yo he comido dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó en poder disfrutar. Yo siembro hoy para que otros puedan comer el día de mañana, y aunque sólo sea en honor de aquel desconocido, que una vez sembró para que yo pudiera comer, vale la pena que yo pueda terminar con mi tarea–

- Me has dado una lección, noble anciano. –Te recompensaré con una bolsa de monedas por la enseñanza que hoy me has regalado–

- Ya ves –dice el anciano, no terminé de sembrar que ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo–

- Esta es la segunda lección que me das, tal vez más importante que la primera –siguió diciendo el mercader, déjame que te pague con otra bolsa de monedas–

- Bueno –dice el anciano, a veces pasa esto: uno siembra sin pensar en cosechar y antes de terminar ya cosechó, no una, sino dos veces– - Basta ya, viejo, no sigas hablando. –Si sigues enseñándome cosas, temo que no me alcance toda mi fortuna para pagarte–".

* * * * * "El Juramento": Una vez, un hombre atormentado por sus problemas juró que si éstos se solucionaban, vendería su casa y donaría a los pobres todo el dinero obtenido de la venta. Llegó el momento en que se dio cuenta de que debía cumplir su juramento, pero no quería regalar tanto dinero.

De manera que ideó una forma de eludir esta situación. Puso la casa en venta, valorándola en una moneda de plata. No obstante, quien comprara la casa debía adquirir un gato. El precio pedido por este animal era de diez mil piezas de plata. Otro hombre compró la casa y el gato. El primero dio a los pobres la moneda de plata y guardó en sus bolsillos las diez mil.

La mente de muchas personas funciona de esta manera. Deciden seguir una enseñanza, pero interpretan su relación con ella según su propia conveniencia. Hasta que no venzan esta tendencia, por una educación especial, de ninguna manera podrán aprender. -Anónimo sufi-

* * * * * Fuente: http://psicomundo.com/tiempo/monografias

* * * * * “Muchos podrían haber llegado a la sabiduría si no se hubiesen creído ya sabios”. -Juan Luis Vives-