Nadie se sorprende cuando ponemos la TV a diario y nos invaden con películas no españolas, la mayoría de las veces americanas. Aceptamos que los medios de comunicación nos bombardeen con sus ofertas publicitarias de product

representan una forma de sentir, de pensar, de actuar; en definitiva, aceptamos una cultura que muchas veces nada tiene que ver con nuestra realidad inmediata.

Y digo bien, asumimos y hacemos nuestros los valores procedentes de otras culturas. Por otro lado, sería absurdo intentar aislarse en un mundo en el que ya no existen los límites formales (fronteras) para la comunicación.

Primero fue la radio la que nos permitió acercarnos a otras opiniones, después la TV escuchar y ver otras realidades y la sociedad de la información nos permite viajar por todo el mundo de una forma rápida y casi en tiempo real.

Evidentemente la información, la mayoría de las veces, nos llega cargada de interpretaciones, justificaciones, comentarios, etc., que conforma nuestra opinión, deposita en nosotros los sedimentos culturales suficientes para crearnos una forma determinada de interpretar la realidad y de interrelacionarnos.

En definitiva, nuestra cultura va a ser modificada, ya que esta no es estática sino dinámica y sometida a la permanente influencia de otras. Todo esta influencia se acepta como algo válido; incorporamos a nuestra lengua anglicismos, forma de vestir, incluso forma de entender el humor) cuando proviene de una cultura determinada.

En cambio es considerada como algo no deseable cuando procede de países que no pertenecen a la cultura occidental o dominante. No debemos dudar en afirmar que toda esta “cultura global” que emana del sistema capitalista es potenciada por el propio sistema ya que ésta le permite subsistir como forma de producción. Ejemplos de globalización cultural los tenemos a raudales.

En el cine los Oscar marcan la cultura cinematográfica, los Grammy la musical, las revistas de moda se ocupan de la ropa, el ocio de los niños (muñecos y todas clase de juegos para ordenadores).

Y así podríamos analizar toda la cultura propia y descubriríamos cómo una sociedad que se basa en la explotación del hombre por el hombre, el escaso respeto por la naturaleza y el desprecio por la vida humana, impregna día a día nuestra vida. Pero, como expresaba anteriormente, hemos de acostumbrarnos a convivir con esta realidad, denunciar sus contradicciones y fomentar una actitud crítica y de cambio. Una de las contradicciones que manifiesta es el racismo y la xenofobia.

Por un lado necesita mano de obra para poder seguir manteniendo sus procesos de producción, pero por otro no acepta valores y comportamientos que él, como sistema, haya suministrado o tamizado. En la actualidad la información llega a todas las partes del mundo, la sociedad desarrollada se encarga de crear unas determinadas necesidades en toda el planeta ofreciendo como “tierra prometida” el mundo desarrollado.

El Norte prospero y desarrollado en contraposición al Sur subdesarrollado y falto de expectativas. Por tanto, se unen dos factores que fomentan la movilidad de la población a lo largo del mundo: la necesidad de mano de obra (la mayoría de las veces la más barata) para el sistema productivo (según la ONU para mantener en marcha nuestra economía son necesarios 240.000 inmigrantes al año durante los próximos años).

Y el natural deseo de mejora de una población que ha sido sometida a toda una riada de imágenes que muestra un mundo en el que abunda aquello que todos deseamos. Sociedad que la mayoría de las veces les exige no solo su trabajo, con contraprestaciones muy por debajo de las recibidas por los nativos, sino también el abandono de su cultura.

Perciben una sociedad insolidaria, que les aísla en guetos, que les exige condiciones excepcionalmente duras para el ejercicio de los derechos fundamentales reconocidos en la Constitución Española como inalienables. A(algunos no le son ni reconocidos en la última reforma de la ley de extranjería con los derechos a huelga, manifestación y sindicación) y un entorno social cuyos miembros están educados en la exclusión y no en el mestizaje.

Este tipo de relación puede provocarnos más de un “dolor de cabeza” a la sociedad occidental. La exclusión va a ir configurando dos polos, que con el paso del tiempo será cada vez más difícil de unir. Por un lado nacerá la xenofobia en la población autóctona y por otra guetos proclives a albergar movimientos de carácter antisocial. Existe otra posibilidad, la integradora.

Debe comenzar con la aceptación de la migración como una realidad universal y consubstancial al hombre, y de la que no está libre ninguna nación. España por cada inmigrante que recibe tiene cuatro españoles que residen más allá de sus fronteras.

La educación para la interculturalidad, es la que educa en el principio de la tolerancia y en la dialéctica cultural como elemento básico para la convivencia y el desarrollo de las manifestaciones de cualquier índole de la humanidad. Así mismo, educa en la conciencia crítica para saber detectar y modificar actitudes, tópicos, estereotipos, prejuicios, ignorancia y miedos etc.

Factores que arrastran al hombre hacia el camino de la incomprensión y de la injusticia. Educación que forme a los futuros ciudadanos en la creencia de que culturas distintas pueden pervivir en un mismo espacio y tiempo, y que nunca este factor debe ser motivo de segregación o discriminación. Formemos a nuestra sociedad en la idea de la pluralidad como principio de riqueza y progreso.

Concienciémonos en el hecho de que una misma cultura puede soportar diversas formas de entenderla y que estas interrelaciones la van a hacer más viva y rica. Iniciemos por tanto, un camino en el que el respeto a la diversidad, el intercambio cultural en las mismas condiciones nos conduzca a una sociedad plural, libre de tensiones provocadas por la xenofobia y la intolerancia, y en la que no tengan cabida la insolidaridad y la injusticia.

Caminemos hacía una sociedad en la que la cultura no sea motivo de separación y confrontación, sino en la que reine la razón y el respeto a la diversidad. Un papel fundamental para superar esta situación la ha de jugar la institución escolar, aunque esto merece un análisis detallado y la elaboración de un plan de actuación que incida sobre todos los niveles educativos.

1.- Administración Educativa: -Establecimiento de estructuras administrativas que dé respuesta específica a la interculturalidad. -Diseño de Programas de Intervención que contemple desde el desarrollo curricular hasta las plantillas de centro.

2.- De profesorado: -Formación especifica para el profesorado que abarque: conocimientos sobre la cultura de sus alumnos, forma de intervenir ante la diversidad intercultural y potenciación de la educación en valores. -Reforzamiento de la orientación escolar y de los procesos educativos. -Plantillas de centro con recursos suficientes para la atención a la diversidad.

3.- De Comunidad Educativa: -Plan de actuación especifica, incidiendo sobre el tema. -Reforzamiento de la acción tutorial. -Estrecha colaboración de las estructuras representativas de la Comunidad Escolar con otras de carácter municipal o social. La escuela vuelve a convertirse en el estamento donde va a residir la posibilidad de depositar todo el substrato cultural que la sociedad necesita para canalizar y amortiguar la tensión social que genera la convivencia intercultural.

Debemos buscar espacios sociales comunes que generen formas de intercambio de valores bajo la tolerancia y el respeto mutuo. Esta actuación debe iniciarse lo más temprano posible con un mismo sistema educativo que de respuesta a todos y cada uno de sus alumnos.

Será la mejor vacuna contra la intolerancia, la xenofobia y el establecimiento de núcleos poblacionales que se soportan, pero que no intercambian su bagaje cultural.

La riqueza de la dialéctica intercultural debe iniciarse en las edades más tempranas, debe ser una inversión a largo plazo y con la seguridad de que será una de las pocas soluciones a las tensiones generadas en la nueva lucha de clases que manifiesta la sociedad actual.

Fuentes: http://www.nodo50.org/igualdadydiversidad/otros_do.htm http://www.nodo50.org/igualdadydiversidad/mestizaje.htm

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“Ante nosotros se extiende, si lo elegimos, un progreso continuo en felicidad, conocimiento y sabiduría. ¿Elegiremos en cambio la muerte, por no poder olvidar nuestras disputas? Como seres humanos apelamos a los seres humanos: recuerden su humanidad y olviden el resto”. -Albert Einstein y Bertrand Russell-

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