"Imagino un futuro en el que la educación incluirá como rutina el inculcar aptitudes esencialmente humanas como la conciencia de la propia persona, el autodominio y la empatía, y el arte de escuchar...

 

resolver conflictos y cooperar".
-Daniel Goleman-

Los mejores consejos para que los padres formen un equipo con los maestros de sus hijos.

Al inicio del año escolar, todos los padres se preguntan cómo serán los nuevos maestros.

¿Entenderá las necesidades de aprendizaje o de atención específicas de su hijo?

¿Reconocerá los talentos especiales de su hijo?

¿La colaboración entre usted y sus maestros será un éxito, o un problema?

Lamentablemente no existe un manual de instrucciones para su hijo, que usted pueda consultar para obtener respuestas simples a sus preguntas.

Pero puede aprender de otros padres que atravesaron las mismas situaciones.

Para obtener consejos útiles, consultamos a los miembros del club de investigación de los mejores padres.

Se trata de padres que se inscribieron para participar en proyectos que ayudan a entender mejor las necesidades de las personas.

Se les preguntó, “¿cuáles fueron los pasos o las estrategias que probaron y que les resultaron útiles para fomentar una relación positiva y de apoyo con los maestros de su hijo?”.

A continuación encontrará los diez mejores consejos:

1) Ayude a la maestra a conocer a su hijo.

2) Colabore.

3) ¡Comuníquese, comuníquese, comuníquese!

4) Mantenga un buen temperamento o conserve la calma.

5) Póngalo por escrito.

6) Únase a otros para ayudar a su hijo a organizarse.

7) Participe en el aula.

8) Endulce la relación.

9) Aumente el conocimiento del maestro sobre los problemas de atención y de aprendizaje.

10) Conozca sus derechos y sus responsabilidades.

1. Ayude a la maestra a conocer a su hijo
Mark Condon dice, “durante la primera semana de clase, cuéntele a la maestra cuáles son las características personales de su hijo (lo que le gusta y lo que le disgusta, sus virtudes y sus dificultades, los rasgos de su personalidad, y sus expectativas para el futuro de su hijo).

Cuanto más sepa la maestra sobre su hijo, mejor podrá encarar su situación específica”.

Una madre comenta:
Ella se reúne con todos los maestros de su hijo alrededor de dos semanas después de que comienzan las clases.

“Siempre hago énfasis en uno o dos objetivos para mi hijo, por ejemplo cómo tomar notas o cómo estudiar para los exámenes.

Hago que los maestros comprendan que estoy apoyando a mi hijo y que ambos somos socios en lo que respecta a su aprendizaje”.

Asimismo, otra madre, le da a la maestra, una lista de las rutinas y hábitos de estudio que ella y su hija aplican en casa “así conoce las costumbres de mi hija".

Una tercera, también comparte estrategias con la maestra.

“Mantenga informada a la maestra sobre su hijo, incluyendo evaluaciones recientes, información médica, situación familiar (en otras palabras, todo lo que pueda afectar el rendimiento de su hijo)”.

“Pero por sobre todas las cosas”, dice: “Les hago saber lo agradecida que estoy con ellos por prestar atención a los sentimientos de mi hija”.

PADRE CON HIJOS 

2. Colabore
Nos dice Patti Maddox, “En todas las reuniones escolares siempre digo que no somos el enemigo.

Entendemos que esto es una sociedad, en donde el objetivo es que nuestro hijo tenga éxito en la educación.

Les pedimos a los maestros que nos digan qué podemos hacer para colaborar con ellos”.

Margaret Franco piensa lo mismo. “Trate a las maestras de su hijo como integrantes de su equipo.

Pídales ayuda y estrategias que pueda usar en casa con su hijo ¡y aplíquelas! Los maestros valoran que los padres cumplan con su parte”.

Dice Deborah Brownson, “Si la maestra quiere intentar una nueva estrategia, coordino una reunión a las dos o tres semanas para ver cómo está funcionando.

Una vez que intentan a su manera, las maestras están más dispuestas a intentar otros métodos".

“Si la maestra le advierte sobre un problema académico o de comportamiento”, recomienda:

“Infórmele cuáles fueron las medidas que tomó en su casa para corregir esos problemas.

De ese modo también envía un mensaje a su hijo de que todos son miembros del mismo equipo y que se apoyan unos a otros”.

Dice Martha Randolph Carr, “Soy muy cuidadosa para escoger mis batallas y me mantengo firme cuando es necesario, pero jamás lo convierto en algo personal.

Nadie quiere hacer un mal trabajo, y existen muy pocas maestras que sean realmente insensibles.

Si una maestra se ve sobrecargada de trabajo, le pregunto cómo puedo colaborar con ella”.

Pero no se concentre exclusivamente en los problemas. Annette McMillian sugiere, “cuando veo que ocurre algo positivo que mejora el aprendizaje de mi hijo, le digo a la maestra que está haciendo un buen trabajo”.

3. ¡Comuníquese, comuníquese, comuníquese!

Ya sea por correo electrónico, teléfono, notas o en persona, estos padres que asesoran hacen un esfuerzo continuo para mantenerse en contacto con los maestros de sus hijos.

Dice Sandy Barr, “Nos comunicamos por correo electrónico para asegurarnos de que estamos al tanto de información importante, y de los deberes y proyectos asignados”.

Kathy Foy también se comunica con la maestra de su hijo por correo electrónico al menos una vez por semana.

“Con el correo electrónico nos mantenemos en contacto constante en el momento que nos conviene a las dos, con tiempo suficiente para hacer o contestar preguntas”.

Dice Michelle Hall, “Me aseguro de que la maestra sepa que estoy dispuesta a hablar de lo que sea, y que puede comunicarse conmigo antes de que un tema insignificante cobre importancia”.

Agrega Mary Drabik, “No sólo uso el correo electrónico para formular preguntas y brindar información.

Ocasionalmente, también envío artículos pertinentes y hasta chistes divertidos”.

Carol Hudson cree que “tener una comunicación abierta por medio de notas y reuniones con la maestra es una forma eficaz de averiguar cuál es el rendimiento de su hijo en clase.

Por ejemplo, averigüe qué están estudiando en ciencias o historia. Entonces hable con su hijo todas las noches sobre los deberes”.

Emilie Serratelli y su esposo envían correos electrónicos, hablan por teléfono y dedican tiempo para conversar periódicamente con la maestra durante el año.

Dice Emilie: “En todas las comunicaciones, le repetimos a la maestra que es un integrante clave del equipo de atención de nuestro hijo, ya que pasa mucho tiempo junto a él”.

4. Mantenga un buen temperamento o conserve la calma

Mary Peitso aconseja: “No trate de echarle la culpa a nadie. Intente lidiar con los problemas que se presentan sin ponerse a la defensiva”.

Dice Amy Moore: “Para expresarse utilice la primera persona (yo) y no la segunda (usted)".

Por ejemplo, diga "Me preocupa que mi hijo se sienta estresado por la cantidad de deberes", en lugar de decir "¡Usted pone muchos deberes!"

Nancy Ficaro siempre trata de ser “tan positiva como sea posible cuando hablo con los maestros de mi hija.

También les dejo saber que entiendo perfectamente que trabajar con un niño que necesita más atención no siempre resulta fácil, especialmente cuando están tratando de resolver las necesidades del resto de sus alumnos”.

Pam Swayne nos recuerda que el buen temperamento se aplica también a su hijo. "Cuando mi hijo quiere que yo intervenga en la escuela, no reacciono emocionalmente.

En cambio, le pido que escriba una lista sobre lo que quiere que hable con la maestra. Entonces vamos juntos: él habla y yo lo apoyo".

5. Póngalo por escrito
Susan Morgan y su esposo se dieron cuenta de que la mejor manera de formar un equipo con las maestras de su hija era “escribir todo y dejar asentados los pedidos, las preguntas y las notas.

Estamos siempre bien preparados para las reuniones trimestrales basándonos en documentación entregada y recibida de cada maestro".

Kim Klupenger también deja todo escrito.

“Cada mes, escribo un resumen de cómo le va a mi hijo en casa (cuáles son las áreas en las que observo mejoras, qué estamos haciendo para favorecer nuestros objetivos comunes y cuáles son los retos que experimentamos en casa)”.

6. Únase a otros para ayudar a su hijo a organizarse
Juntos, usted y los maestros de su hijo, pueden ayudarle a organizarse.

Como relata Robin Joslin, "Al comienzo del año la maestra de mi hijo estableció un método de carpeta:

Cada niño tiene una carpeta en su mochila, así que ella coloca todo lo que debe ir a la casa en la carpeta, y los niños no pierden las cosas.

La maestra revisa la carpeta todas las mañanas para ver qué vino de vuelta. Con el sistema de la carpeta, sé que recibe mis notas".

Otra madre tiene un método similar. “La maestra y mi hijo tienen un cuaderno de deberes diarios.

Al final de cada clase mi hijo pasa por el escritorio de la maestra, hace que la maestra revise los deberes que escribió y la maestra coloca sus iniciales para ese día.

Le quita 15 segundos de su tiempo a la maestra y nos da una pista de lo que debemos hacer en casa".

7. Participe en el aula
Mostrar interés por otras cosas que no sea sólo lo que le sucede a su hijo ayuda a fomentar una buena relación con la maestra.

Nada reemplaza el beneficio de estar en el aula.

Karen Peterson no sólo presta servicios como voluntaria en el aula de su hija, sino que también colabora con la maestra especial de su hija.

"Mi objetivo es aliviar a la maestra de algunas tareas de rutina, así ella tiene más tiempo y energía para ayudar a mi hija a tener éxito en la escuela.

Obtengo muchos beneficios al estar más conectada con lo que ocurre en la escuela (especialmente debido a que mi hija no me cuenta demasiado sobre cómo transcurrió su día)".

Lana Baeten no sólo presta colaboración en forma voluntaria en el aula de su hija, sino que también ayuda a cualquier maestro que la necesite.

"De ese modo formo una relación con los otros maestros, lo que resultará útil cuando mi hija pase al próximo grado".

Una madre hábil con la computadora, Debbie Johnson, se ofrece como voluntaria para crear calendarios y carteles con imágenes que necesitan en la clase.

Jackie Brennan colabora con la maestra haciendo formularios generados por computadora, tales como hojas de tareas.

"Estos esfuerzos", señala Jackie, "benefician a todos los alumnos".

8. Endulce la relación
Pregúnteles (con sinceridad) cómo están.

"No tenga miedo de ser creativo", dice Danelle Ivey.
"En dos ocasiones junté a algunas amigas, y preparamos un almuerzo para el cuerpo docente.

Aun cuando trabaje fuera de su casa, podrá sentir que participa en las actividades escolares donando la vestimenta o los uniformes que ya le quedan chicos a sus hijos pero que aún sirven, para casos de emergencia".

9. Aumente el conocimiento del maestro sobre los problemas de atención y de aprendizaje

Los maestros tienen muchas obligaciones diarias, especialmente los maestros de educación general que deben cubrir un programa con toda clase de estudiantes.

Usted puede ayudarles a mejorar su conocimiento sobre los problemas del aprendizaje acercándoles información bien fundamentada.

Por ejemplo, Jil Lewis entrega a los maestros de su hijo "hojas con datos sobre la dislexia y sobre cómo la dislexia afecta a su hijo específicamente".

De manera similar, Danelle Ivey prepara material suplementario.

"La mayoría de las veces al maestro se le entrega una pila de papeles sobre el programa de educación individualizado, o por sus siglas PEI (en inglés, Individualized Education Program o IEP) sin los antecedentes o datos específicos del niño.

En lugar de asumir que alguna persona de la escuela hablará con los maestros y les explicará el PEI de mi hijo, me encargo de hacerlo personalmente.

Les explico cuáles son los fundamentos racionales que respaldan ciertas modificaciones o cuál es el objetivo de algunos de los aspectos más inusuales del PEI".

Adrienne Lopez dice: "Cuando usted no está de acuerdo con una maestra sobre la educación de su hijo, es mejor que sustente su posición con hechos.

Muchas veces envié por correo o imprimí copias de artículos obtenidos en portales de Internet como SchwabLearning.org, que cuentan con asesoramiento especializado para ayudar a los niños con necesidades especiales o discapacidades del aprendizaje.

Muchas de las estrategias que sugerí también ayudaron a otros niños de la clase".

10. Conozca sus derechos y sus responsabilidades
"Lo mejor que puede hacer el padre de un niño con necesidades especiales", dice Patti Maddox, "es aprender las normas y las leyes que rigen en los colegios.

Descubra cuáles son las responsabilidades de la escuela, y luego asegúrese de entender sus propias responsabilidades".

Ejemplos a no seguir
A Marisol las palabras de sus padres le suenan huecas: dicen una cosa y hacen otra.

Tanto hablar de respeto, y en la calle son "lo agresivo"; tanto hablar de trabajo y vive escuchando las quejas del papá y la mamá; tanto hablar de dignidad humana y en la casa hay...

No es que los padres deban ser ejemplo perfecto y modelo acabado de virtud. Pero no es menos cierto que deben luchar por su mejora personal y que en esa lucha está el ejemplo.

Porque los hijos tienen derecho a ver reflejados en sus padres una coherencia entre lo que dicen y quieren, los valores que sustentan y anhelan, y lo que hacen.

En las reuniones sostenidas con padres y profesores, una de las inquietudes más nombradas es aquella "doble vara...", que se nota en muchos padres y se refleja en hijos agresivos, rebeldes, frívolos, egoístas...

Cómo no advertir, entonces, de esta tendencia de los padres a creer que con la prédica, basta.

Incluso hay una forma sutil de doble "vara" y es la que se da en aquellos padres que creen estar haciéndolo bien -porque sus intenciones son muy buenas-, y se ciegan a la realidad cuando ésta les golpea la puerta.

Entonces:
Su hijo no es indisciplinado, sino que el profesor es injusto.

Su hija no está llamando a gritos su atención, sino que lo del aro en la nariz es anecdótico y una moda pasajera.

Su hijo no es un irresponsable, sino que son cosas de la edad...

Así, justificando las actitudes de los hijos que no calzan con la imagen que ellos han proyectado, se niegan a ver la realidad.

En el caso del lector que pudiera pensar:

¡Qué difícil! o bien ¡Tarea imposible!, del que tuviera una dosis de angustia al ver el ambiente en el que debe educar a su hijo: piensa en la letra de las canciones que escuchan en la radio, en el ambiente de las discotecas, en las presiones escolares, en el amigo que ejerce mala influencia...

¡Y se le viene el mundo encima!

A ello se suma que intenta hacerlo bien, y permanentemente se ve cuestionado por su hijo y por el "a todos los dejan".

Y que está cansado de ver que a pesar de sus esfuerzos, su hijo sigue siendo "un egoísta", pide los permisos "más tontos" o todavía no se ha convencido que si no estudia y se esfuerza, no mejorará sus notas.

Y entonces, viene la tentación de tirar la toalla.

El esfuerzo diario debe apuntar en la dirección opuesta:

Tener la seguridad de que los padres no sólo debemos, sino que podemos educar a nuestros hijos y que la tarea, si bien es difícil, es también un reto maravilloso.

Pero lo sostenido en el inicio es una realidad: el mar está revuelto, y por eso hemos querido señalar errores frecuentes en la educación de los hijos y, a la vez, mostrar el camino correcto.

Para que no cunda el desánimo es importante considerar que el hijo no es un ser acabado, sino que se le está ayudando a sacar lo mejor de sí, a ser mejor.

Así, en vez de tildarlo de egoísta, es necesario ver cómo ayudarle a ser más generoso.

Porque si fuera ya generoso, responsable, leal, laborioso y así tuviese la suma de todas las virtudes, no se trataría de un hijo al que se está educando, sino un ser pleno, total, que no requeriría de la acción educativa de sus padres.

Se trata de actuar sin miedos, optimistas y confiados en la ayuda de Dios.

El psiquiatra español Aquilino Polaino asegura que lo primero es aprender a disfrutar de la paternidad.

"Estoy convencido de que la persona que se lo pasa bien con sus hijos, les está educando correctamente porque ha descubierto la aventura que supone ayudarles a crecer, afirmarles en su personalidad".

El síndrome Peter Pan
Fernando tiene vía libre: el caos de su habitación sólo lo entiende él... pero es su habitación; los fines de semana duerme hasta que quiere... ya le llegará la hora de levantarse temprano todos los días.

Sus padres no creen ser permisivos, sino "indulgentes": quieren que disfrute ahora, porque después la vida es muy dura.

Lo descrito, señala la psicóloga Malva Villalón, responde al Síndrome Peter Pan, por el que algunos adultos añoran la edad de oro perdida -su juventud- y la reviven en sus hijos.

Tienen una concepción opuesta de lo que es juventud y "adultez": la primera es sinónimo de libertad y de ausencia de responsabilidades, mientras que el mundo adulto es el del compromiso, el de hacerse cargo de otros...

Por eso razonan: si ya les va a caer el mundo encima... dejémoslo gozar su juventud.

Cuando lo cierto es que no hay dos edades opuestas, sino que desde que el niño nace hay que traspasarles grados de libertad, autonomía, responsabilidad, concluye la psicóloga Villalón.

Desafíos para la familia
El futuro de la humanidad se forja en la familia. Pero no con prédicas o reglamentos.

Existe una educación silenciosa que se transmite a los hijos a través del amor y del ejemplo.

Con el paso de los años esto se transforma en fuente de energía y protección para enfrentar los inevitables problemas de la vida.

Los períodos críticos para el desarrollo de la confianza en uno mismo como hombre y como mujer son la pre-adolescencia y la adolescencia.

En esta edad debieran ejercer una influencia beneficiosa no sólo los padres, sino también profesores y otras personas, atentos a prevenir situaciones.

Así, un niño malo para el deporte, que se ve excluido de los juegos y competencias, corre el riesgo de aislarse y centrarse en sí, percibiéndose como “distinto”; un buen profesor soluciona el caso nombrándolo árbitro de los encuentros futbolísticos.

Es imprescindible entregar una buena, sana y profunda educación sexual.

Los padres deben saber qué películas ven sus hijos, qué radio escuchan y qué revistas leen con los amigos. Y a continuación aclarar, prevenir y formar el criterio.

Luchar contra las adicciones
Cuando se habla de adicciones lo común es pensar en drogas. Pero está cada vez más claro que la familia debe lidiar hoy con distintos modos de dependencia.

Hay personas que se ocupan de modo compulsivo por el sexo, el aspecto físico, fármacos, alcohol... José Luis Cañas, autor de "Antropología de las adicciones" (Ed. Dykinson. Madrid 2004) explica qué pueden hacer los padres para prevenirlas.

- Se sabe que tanto la educación muy permisiva como la muy rigurosa no sirven para evitar que los hijos prueben las drogas.

¿Qué aconsejaría a padres y educadores para mejorar la prevención?

- Nadie se acuesta abstemio y se levanta alcohólico. La entrada en el mundo adictivo es un proceso acumulativo.

La conducta adictiva crece a medida que aumenta el aislamiento, la desintegración familiar, etc.

Hay que estar alerta. De hecho los programas de tratamiento son, sobre todo, programas educativos que dan a las personas la educación que no recibieron de pequeños.

-¿Hay que añadir a las campañas antidroga información sobre las conductas adictivas?

- Las adicciones en general son un anestésico a la fatiga de vivir, un intento de huir de la realidad. (...)

Si desde el primer momento entendemos que la conducta adictiva es el síntoma de un profundo vacío existencial previo, la prioridad es la persona y su rehumanización y no las drogas.

El resto, prevención, rehabilitación, metadona, etc., también adquiere otra perspectiva.

- Un joven sin problemas aparentes, con más o menos apoyo familiar, cae en la droga.

¿Tan grande es el vacío existencial?

- Los terapeutas que trabajan con jóvenes adictos dicen que hay una palabra con la que sistemáticamente se sienten identificados: vacío.

Éste lleva a la opción adictiva y al revés.

La persona que busca el placer por el placer, vive de forma acrítica, sin creencias ni compromisos, sin horizonte vital, sin un proyecto más allá de lo inmediato, acaba por sentir que ella misma se ha perdido.

¡Eso es el vacío!

Sin embargo, no se responsabiliza de sus errores (...) La adicción es el síntoma de un problema, como la fiebre.

En todas las personas adictas se observan rasgos de inestabilidad emocional, muy necesitadas de afecto, con problemas de comunicación y con síntomas de incompetencia social porque no saben controlar su afectividad y la ponen al servicio de la obtención del placer por el placer.

Fuente:
http://matosas.typepad.com
Josefina Lecaros S.
Javier de Alba y José Luis Varea, Licenciados en Filosofía, España.
Jorge Alba Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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"Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa".
-Demócrito de Abdera-

 

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