Xerojardines: ¡Zonas verdes ahorrando agua!

La creación de bellos espacios verdes eficientes y sin despilfarrar agua es posible gracias a los principios ecológicos utilizados en la Xerojardinería.

Los jardines urbanos, tanto públicos como privados, son esenciales para hacer más habitables las ciudades.

Sin embargo, este tipo de zonas verdes suelen hacer un uso desmedido del agua, un bien escaso y más en países como España.

La Xerojardinería podría ser la solución, al aplicar principios ecologistas que dan como resultado jardines con un gran variedad de plantas y árboles y un consumo mínimo de agua.Un jardín privado

El riego de jardines y parques públicos en España requiere un 1,5% del total de agua.

Aunque suena a cifra diminuta, lo cierto es que cada gota cuenta en un país con graves problemas de sequía, desertificación y abastecimiento de este escaso recurso.

Por ejemplo, alfombrar de césped nuestras ciudades, que necesita el 70% del agua del riego en un jardín convencional, no parece la mejor solución.

Frente al despilfarro de agua, la Xerojardinería propone unas pautas ecológicas, de sentido común, para crear unos espacios naturales urbanos basados en la eficiencia de los recursos naturales.

Según sus defensores, un jardín diseñado y mantenido con estos criterios consume una cuarta parte del agua de riego de un jardín convencional.

Por ello, su prefijo griego, "xeros" (seco), tal vez sea demasiado radical: No se trata de crear espacios desérticos con cactus y matojos deshidratados, sino de economizar al máximo el agua.

Además, el ecologismo guía la base de sus principios, como un mantenimiento natural que permitirá además un esfuerzo mínimo, la reducción de productos fitosanitarios o de maquinaria, el reciclaje, etc.

En este sentido, los expertos en Xerojardinería se guían por una serie de pautas que, llevadas a buen término, permitirán disponer de un bonito y eficiente jardín.

En primer lugar, se requiere una buena planificación y diseño previo del espacio ajardinado, teniendo en cuenta aspectos como las condiciones climáticas de la zona o las características del suelo.

Otra bella muestra de xerojardineríaAsí, se recomienda adaptarse al terreno lo más posible para no deteriorar su estructura natural.

En cuanto al suelo, el más adecuado es el de tipo franco, con menos de un 25% de arcillas y proporciones parecidas de arenas y limos.

El siguiente paso es seleccionar las especies de árboles o plantas que irán en el xerojardín.

Las especies autóctonas, adaptadas a las condiciones del lugar y en general muy poco exigentes con el agua, suelen ser las mejores candidatas.

No obstante, la introducción de flora alóctona, de fuera, especialmente con fines ornamentales, también puede realizarse siempre que se haga con los debidos cuidados.

Por ejemplo, las plantas de climas mediterráneos son las idóneas, pero también sirven las de la zona de Chile Central, de la región del Cabo en Sudáfrica, del sur y sudoeste de Australia y de gran parte de California, al compartir muchas características climatológicas y adaptaciones similares.

Por su parte, la mayoría de las plantas crasas, normalmente originarias de zonas con poca lluvia, son también candidatas.

En cuanto al uso del césped, gran consumidor de agua, es preferible limitar su extensión al máximo, sustituyéndole por ejemplo por árboles, arbustos o plantas tapizantes.

Asimismo, también es muy recomendable elegir la mayor variedad posible de especies, que además de dar un toque multicolor resistirán mejor a plagas y enfermedades.

Por otra parte, para conseguir el mayor equilibrio posible, los expertos aconsejan agrupar las especies según sus características y necesidades de agua.

Xerojardinería, especies variadas


Para ello, se deben tener en cuenta aspectos como la forma y textura de las plantas, su velocidad de crecimiento y desarrollo, la estación de la que son características, e incluso su capacidad de resistencia a la contaminación urbana.

Ahorro máximo de agua
El riego y el consumo eficiente de agua son otro de los elementos fundamentales de la Xerojardinería.

El estudio previo de la zona y las especies permitirá distribuir las necesidades de riego de cada zona del jardín.

La elección del sistema de riego también es importante:

Si bien el riego localizado suele ser el más conveniente, también se pueden emplear los sistemas por aspersión y manual, dependiendo de sus ventajas e inconvenientes para el jardín en cuestión.

Por otra parte, los expertos en Xerojardinería disponen de una serie de consejos para ahorrar al máximo el agua, y en general, para un mejor cuidado del jardín:

Utilización de recubrimientos o cubiertas ("mulching"):

Además de conseguir un interesante acabado estético, reducirá la pérdida de agua por evaporación, ayudará a evitar la erosión y la aparición de malas hierbas, y protegerá al jardín de las heladas.

Creación de zonas de sombra y pantallas verdes: Atenuará el viento y evitará las pérdidas de agua.

Aprovechar el agua de la lluvia. Para ello, se recomienda plantar en otoño siempre que sea posible, para que las lluvias de invierno se ocupen del riego.

Utilizar en lo posible fuentes distintas a la red de abastecimiento urbana, ya que el agua de riego no necesita ser potable.

Emplear productos y sistemas naturales para el abono y el control de las plagas, y eliminar las malas hierbas.

Una vez que ya se tiene el jardín, un buen mantenimiento es la última de las directrices a seguir.

Un riego eficiente, una poda adecuada, la reposición de las plantas que no hayan arraigado o se hayan secado, los escardados para evitar las malas hierbas o las siegas, garantizarán un buen xerojardín.

Origen de la xerojardinería

Su uso en España:
La Xerojardinería tiene su origen en las graves sequías ocurridas en el oeste de Estados Unidos en los años 70.

Un equipo de expertos del Departamento de Aguas de Denver ideó un programa de conservación de agua en jardinería, e inventó en 1981 el término "xeriscape", un acrónimo de "xeros" (seco) y "landscape" (jardín).

Cinco años después, se creaba la National Xeriscape Council, una organización no lucrativa para difundir y establecer las pautas básicas de aplicación de la Xerojardinería.

En España, no es hasta 1991 cuando comienza a hablarse de estas técnicas en algunos artículos, publicándose en 1993 el primer libro de referencia: "Xerojardinería.

Compendios de Horticultura", de Silvia Burés.
Según el ingeniero tinerfeño y experto en Xerojardinería José Manuel Sánchez de Lorenzo-Cáceres, a pesar de las carencias hídricas españolas, hay pocas iniciativas que parten de colectivos que trabajan voluntariosamente pero de forma aislada, sin una organización que los aglutine.

Por su parte, las instituciones, encargadas del diseño y mantenimiento de los jardines públicos, tampoco han incorporado este tipo de programas.

En cualquier caso, aunque se trata de un concepto y una metodología creados en Estados Unidos en los años 80, los expertos recuerdan que en realidad se trata de aplicar pautas basadas en la ecología, y que en este sentido, la mayoría de los jardines históricos son en gran parte xerojardines, al poseen en general especies poco exigentes en cuanto a riego.

Selección de elementos vegetales para xerojardinería

Los recursos que brinda nuestro planeta y que han sido explotados durante tantos años, a veces de forma abusiva, comienzan a escasear o lo harán en breve plazo, y es por ello por lo que afortunadamente han surgido las voces de alarma que claman por una utilización racional de los mismos, por su reciclaje y por el descenso en su consumo.

Hasta ahora, y así lo habíamos estudiado todos, el ciclo del agua en la naturaleza nos mostraba un gráfico en el que podía apreciarse cómo mediante la evaporación y la lluvia el agua se reponía y llenaba lagos, ríos y acuíferos, con un movimiento circulatorio constante.Otro bello ejemplo de xerojardinería

Y eso ha sido así mientras se ha mantenido un equilibrio, pero en los últimos años el consumo de agua a escala global ha aumentado de tal manera que ese equilibrio se ha roto, reponiéndose menos agua de la que gastamos entre la agricultura y ganadería, la industria y el propio consumo humano, problema que aún se agrava más con la constante contaminación y degradación de su calidad.

Se insiste actualmente, por tanto, en un consumo responsable para un crecimiento sostenible, más solidario, ya que de no ser así la forma de vida de nuestra sociedad occidental está condenada a una permanente crisis e, incluso, a su desaparición de la forma que la conocemos.

Del total del agua consumida el 65% se emplea en la agricultura, el 25% en la industria y el 10% restante en el consumo doméstico, el comercio y en otros servicios urbanos, dentro de los cuales se incluye la jardinería.

Y aunque a la jardinería urbana le corresponde solo el 1,5% de ese 10%, lo que supone una cantidad muy pequeña si la comparamos con el total del agua consumida, también este sector está obligado, en su medida y al igual que todos los demás, a optimizar al máximo los recursos hídricos disponibles, empleando sistemas de riego más eficientes, disminuyendo las pérdidas por evaporación y utilizando plantas que consuman poca agua.

Surgen así las técnicas de la xerojardinería, que no consisten en absoluto en el uso exclusivo de cactus y otras plantas suculentas sobre terrenos empedrados, como alguno podría creer, ya que dichas técnicas, basadas en ciertos principios lógicos y razonables, únicamente persiguen disminuir y racionalizar el consumo de agua, como ahora veremos.

Un jardín bien diseñado basado en las técnicas y recomendaciones de la xerojardinería es un jardín donde hay un equilibrio entre las zonas con vegetación y las zonas sin vegetación y en el que se han aplicado las últimas técnicas dirigidas al ahorro de agua, pero puede tener tanta belleza como cualquier otro jardín tradicional.

La xerojardinería, cuyo auge comenzó en Estados Unidos en los años 80 aplicándose especialmente en estados del sur, como California, Texas, Arizona o Florida, nos ha llegado, como tantas otras cosas, con bastantes años de retraso, pues no es hasta 1991 cuando comienza a hablarse de ella en algunos artículos, publicándose en 1993 el primer libro de referencia sobre el tema por la Dra. Silvia Burés (Xerojardinería. Compendios de Horticultura 5. Ediciones de Horticultura).

Durante todos estos años la xerojardinería ha ído cobrando una mayor importancia, especialmente a raíz de los períodos de sequía, pero a diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos en 1986, con la creación del National Xeriscape Council o con el desarrollo posterior de numerosos programas educativos, en España, a pesar de nuestras carencias hídricas, especialmente graves en ciertas cuencas y regiones, no ha habido un organismo aglutinador que abandere ese nueva filosofía o forma de entender la jardinería, y todas las iniciativas han partido de colectivos o asociaciones que de una forma responsable trabajan voluntariosamente pero de forma aislada.

La mayor parte de las provincias españolas, pero especialmente las del Levante, tendrían que tener elaborados a estas alturas varios programas educativos y una legislación adaptada a las circunstancias, para que de una vez por todas se abandonara paulatinamente esa jardinería facilona a base de praderas de césped, se reconvirtieran aquellas zonas verdes que lo necesiten y se diseñaran los nuevos jardines, tanto públicos como privados, de acuerdo con los principios y técnicas de la xerojardinería.

Los principios de la xerojardinería
La xerojardinería, que en definitiva no es más que lógica y sentido común, se basa en siete principios fundamentales establecidos en su día por el National Xeriscape Council de EE.UU.

1. Planificación y diseño adecuado
2. Estudio del suelo
3. Reducción de las zonas de césped
4. Instalación de sistemas de riego eficientes
5. Protección del suelo mediante mulching
6. Mantenimiento adecuado
7. Selección de las especies vegetales

1. Planificación y diseño
Como cualquier otro diseño de jardín, el paso más importante y previo a todo lo demás es la minuciosa planificación, para lo que hay que reunir el máximo de información posible relativa a la orientación del terreno, dirección de vientos dominantes, clima de la zona, situación de vías de comunicación, disponibilidad de agua, estudio del terreno y características del suelo (textura y estructura), infraestructuras existentes o próximas, vegetación circundante, perspectivas y puntos de vista, alineaciones, usuarios a los que va destinado el jardín y funcionalidad de éste, etc.

Es obvio pensar que cuantos más datos manejemos y tengamos en cuenta, menos cosas quedarán al azar o a la improvisación, tan frecuente en este país.

Pues bien, teniendo en cuenta todo lo dicho, y sabiendo que la principal finalidad de un xerojardín es el ahorro de agua, haremos la selección de especies vegetales que cumplirán las diversas funciones (tapizantes, pantallas, alineaciones, borduras, etc.), pero siempre eligiendo plantas eficientes en agua, tratando asimismo de agruparlas en zonas con similares necesidades hídricas (hidrozonas).

El tema de la selección de plantas se desarrrolla en el apartado 3.

2. Estudio del suelo
Como en cualquier otro proyecto de jardinería bien realizado, se realizará un estudio de la textura y estructura del suelo y se harán enmiendas si son necesarias o factibles económicamente.

De igual forma se hará un análisis químico del suelo determinando, entre otras cosas, su pH.

Si fuese necesario y permisible se harán las enmiendas adecuadas, aunque es mucho más económico seleccionar las plantas adecuadas al pH existente.

Se tomarán muestras del subsuelo y de la capa superior, ya que el desarrollo radicular se realizará en zonas muy diferentes entre las plantas herbáceas y las plantas leñosas.

El conocimiento de todos estos datos nos permitirá tomar decisiones de abonados y/o estercoladuras de fondo que mejoren la estructura del suelo, así como la selección de aquellas especies adecuadas a las características del suelo.

3. Reducción de las zonas de césped
Como es lógico, en un jardín basado en el ahorro de agua no deben incluirse grandes superficies de césped, sino las justas y necesarias, normalmente en aquellas zonas más vistosas del jardín y que estarán englobadas dentro de la hidrozona principal.

Hay que tener en cuenta que una pradera de césped, además de un alto consumo de agua, lleva consigo un mantenimiento intensivo y costoso, y en la xerojardinería se busca, además de un ahorro de agua, un ahorro de recursos, tanto materiales como humanos.

Al margen de ello, en las praderas que se establezcan deberán emplearse especies cespitosas con baja demanda de agua y se deberán utilizar sistemas de riego eficientes y muy controlados.

4. Instalación de sistemas de riego eficientes
Las causas de un alto consumo de agua se deben a menudo al tipo inadecuado de instalación y a un bajo mantenimiento, con pérdidas innecesarias.

En xerojardinería se utilizan sistemas de riego eficientes, como son los de microaspersión y goteo.

Últimamente se está imponiendo el sistema de riego por goteo enterrado y el uso de aguas regeneradas.

Variedad de especies utilizadas en xerojardineríaEn xerojardinería, además de un sistema de riego adecuado, es necesario agrupar las plantas por necesidades hídricas similares.

5. Protección del suelo mediante mulching
El uso de mulching o de plantas cobertoras ofrece ciertas ventajas: disminución de la erosión, conservación de la humedad, reducción de la compactación, aumento de la temperatura del suelo y disminución de malas hierbas, además de un buen aspecto estético.

En el caso de mulching de naturaleza orgánica, en su descomposición aporta mejoras al suelo.
Existen numerosos materiales que pueden utilizarse con este fin, siendo los más empleados y conocidos la corteza de pino entre los de naturaleza orgánica y los áridos y gravas de diversos colores y calibres.

6. Mantenimiento adecuado
Un xerojardín, además de ahorrar agua debe ser respetuoso con el medio ambiente, por lo que la aplicación de productos químicos debe ser la justa y necesaria, tanto en lo concerniente a los abonados como a la lucha contra plagas y enfermedades.

Las podas exigen un mayor consumo de agua a las plantas, por lo que habrán de ajustarse a las mínimas necesarias.

Una plantación en la que se han respetado las distancias acordes con los portes que alcanzarán las plantas exigirá menos podas.

7. Selección de las especies vegetales
Aunque por definición la palabra xerojardinería significaría una jardinería seca o austera, en realidad no significa eso exactamente, sino una jardinería que procura el ahorro de agua, cosa que se consigue teniendo en cuenta los principios en los que se basa, especialmente en lo concerniente al empleo de plantas adaptadas a las condiciones del lugar y que consuman poco agua.

En general, a la hora de seleccionar los elementos vegetales de cualquier diseño hemos de tener en cuenta una serie de criterios, que se reflejan en el siguiente cuadro:

Criterios básicos para seleccionar las plantas
Criterios medioambientales:

- Adaptación al clima
- Requerimientos edafológicos e hídricos
- Resistencia a plagas y enfermedades y a la polución
- Necesidades de sol o sombra

Criterios paisajísticos:
- Porte y forma
- Tasa de crecimiento y desarrollo
- Textura
- Color y estacionalidad

7.1. Criterios medioambientales
Estos factores afectan a la salud de las plantas y pueden comprometer seriamente su cultivo si no son tenidos en cuenta, lo que podría traer consigo el fracaso de nuestro diseño.

7.1.1. Adaptación al clima
Las plantas, como seres vivos que son, se comportan ante el clima de formas muy diversas y que dependen de numerosos factores, por lo que su encasillamiento en grupos definidos en cuanto a su resistencia al frío, que es uno de los principales factores limitantes para su cultivo, es una tarea algo complicada.

Ahora bien, sin duda es posible hacer grupos en función de su tolerancia a unos mínimos de temperaturas por debajo de los cuales su cultivo comienza a ser problemático, deteniéndose el crecimiento, sufriendo daños, en ocasiones irreversibles, o llegando a la muerte.

Por todo ello, para encasillar a las plantas ornamentales en grupos en relación con su resistencia al frío, se han definido las denominadas zonas de rusticidad, basadas en la media de las temperaturas mínimas absolutas alcanzadas durante un período de años lo suficientemente amplio.

7.1.2. Requerimientos edafológicos e hídricos
El suelo es un sistema complejo y dinámico con cuatro componentes básicos:

a) Materia inorgánica o mineral, formada por piedras, arena, limo y arcilla. La proporción en que se encuentran cada uno de estos materiales define la textura de un suelo y la forma en que se agregan definen su estructura.

b) Materia orgánica, formada por materia en descomposición y organismos vivos, que aportan nutrientes, mejoran la estructura del suelo y ayudan a mantener la humedad y la fertilidad.

c) Aire, que se mueve a través de los poros, proporcionando oxígeno a las raíces. Cuanto más compacto es un suelo peor es su estructura y menor es su porosidad.

d) Agua y nutrientes en disolución, que también se mueve a través de los poros, afectándole de igual forma negativamente la compactación.

Una buena textura y estructura con una porosidad adecuada incide de manera notoria sobre el desarrollo de las plantas.

Un suelo ideal sería aquel que tuviera un 45 % de materia inorgánica, 5% de materia orgánica, 25 % de agua y 25 % de aire, pero eso rara vez se cumple, y menos en nuestras ciudades, donde los suelos están muy alterados, empobrecidos y compactados.

Otro factor importantísimo que influye en el éxito o fracaso del cultivo de una especie es el pH, que mide la acidez del suelo y afecta a la disponibilidad de nutrientes y actividad microbiana.

La mayor parte de las plantas ornamentales vegetan bien en un rango de pH entre 6 y 8.

La presencia de cloruros y carbonatos, principalmente de sodio y calcio, puede ser igualmente un problema pues alteran el pH y la disponibilidad de nutrientes, causando problemas osmóticos en las raíces, lo que se traduce en un empobrecimiento de la vegetación.

Las características de un suelo pueden ser modificadas mediante labores de fondo, enmiendas, estercolados, instalación de drenajes, etc.

Pero como estas modificaciones pueden resultar excesivamente caras cuando se trata de grandes superficies, puede ser más recomendable en ciertos casos utilizar especies que se adapten bien a las condiciones existentes.

En cuanto al agua sabemos que las plantas funcionan como un complejo hidráulico, bombeándola desde las raíces hasta todas las células de su organismo; cuando el agua escasea o falta suele apreciarse una disminución de turgencia en sus tejidos, siendo ello especialmente visible en las hojas, que decaen y languidecen.

Pero no todas las plantas tienen las mismas necesidades hídricas, pues las hay tolerantes a circunstancias muy variables; en general podemos decir que las plantas propias de climas mediterráneos, adaptadas a una insolación intensa y a la escasez de precipitaciones, son muy adecuadas para la xerojardinería y la jardinería pública en general debido a su rusticidad.

7.1.3. Resistencia a plagas y enfermedades
Existen plagas y enfermedades, a veces muy dañinas, que afectan de una manera especial a ciertas especies de plantas, como por ejemplo la antracnosis en el plátano de sombra, la grafiosis en los olmos, el fuego bacteriano en muchas rosáceas, el oidio en rosales y evónimos, etc.

Hemos de tener en cuenta esta circunstancia para utilizar estas especies con precaución y, sobre todo, tratar de buscar la mayor diversidad posible.

Si utilizamos solo 2 ó 3 especies de árboles para las calles de nuestra ciudad corremos el riesgo de que una plaga o enfermedad acabe con gran parte de ellos, lo que nunca ocurriría si utilizamos 15 ó 20 especies diferentes.

Hay que decir que la resistencia natural de las plantas al ataque de plagas o aparición de enfermedades disminuye si otras necesidades vitales no son satisfechas, como la falta de luz, suelos pobres y compactados, carencia de nutrientes, etc.

7.1.4. Resistencia a la polución
La atmósfera de nuestras ciudades, especialmente las de gran densidad de población, sufre una contaminación importante, siendo más alta en puntos concretos con mucho tráfico rodado y en las áreas industriales.

No todas las plantas resisten de igual forma estas circunstancias, ya que la polución va depositando sobre sus hojas una fina capa de partículas que puede llegar a disminuir o inhibir su función clorofílica.Muestra de plantas utilizadas en esta técnica

Normalmente los efectos de la contaminación atmosférica en las plantas incluyen "quemaduras" en las hojas, caída prematura del follaje, amarillamientos y clorosis, detención del crecimiento, aborto de la floración, etc., siendo los síntomas a menudo parecidos a los producidos por deficiencias nutricionales o ciertas enfermedades.

Existen dos clases de contaminantes atmosféricos, los primarios, que son emitidos directamente por la fuente emisora, como los aerosoles o partículas en suspensión, óxido de azufre, óxido de nitrógeno, hidrocarburos, monóxido de carbono, etc., y los secundarios, que se forman por la reacción de los contaminantes primarios con los componentes naturales de la atmósfera, como el ozono, cetonas, aldehídos, peróxido de hidrógeno, nitrato de peroxiacetilo, sulfatos, nitratos, etc.

Todas las plantas no presentan el mismo grado de resistencia frente a la polución atmosférica, debiéndose tener en cuenta este aspecto especialmente cuando se diseñan zonas verdes en zonas industriales o centros urbanos con mucha densidad de tráfico.

7.1.5. Necesidades de sol o de sombra
La mayoría de las plantas gustan de una exposición soleada o con ligera sombra; muchas toleran la sombra durante ciertas horas al día, y algunas gustan de la sombra total, es decir, no toleran la acción directa de los rayos solares, aunque ello no significa necesariamente ausencia de luz, pues a menudo requieren de buena iluminación, como el caso de muchas de nuestras populares plantas de interior.

Este aspecto debe conocerse para ubicar las plantas en las situaciones y exposiciones más convenientes.

De una forma general, las exposiciones orientadas al norte son más frescas y reciben menos insolación, justo todo lo contrario de las exposiciones orientadas al sur.

Es importante a la hora de realizar un diseño, especialmente cuando la zona a tratar se encuentra entre edificaciones, definir un plano de sombras, pues de esta forma tendremos claro donde ubicar las diferentes especies en función de sus mayores o menores necesidades de luz y sol.

7. 2. Criterios paisajísticos
Estos factores afectan al diseño y normalmente no repercuten en la salud de las plantas, pero no tener en cuenta el crecimiento y desarrollo podría influir con el tiempo en la calidad estética de las plantas y, en ciertos casos, en una disminución de su vigor natural, bien por la competencia con otros vegetales o con las edificaciones circundantes.

Algunos ejemplos de xerojardinería
7.2.1. Porte y forma
Uno de los mayores atractivos de las plantas son sus floraciones, pero raras veces éstas ocurren a través de todo el año, existiendo períodos, más o menos largos, en que la planta carece de ese atractivo.

Por ello, la forma y la textura son otros de los aspectos a tener en cuenta a la hora de seleccionar las especies.

El porte y la forma de las plantas vienen determinadas normalmente por el tallo y su forma de ramificar.

Existen tallos herbáceos, normalmente verdes y flexibles, y tallos leñosos, lignificados, rígidos y cubiertos de una corteza.

Los vegetales herbáceos normalmente no alcanzan mucha altura, como las plantas anuales, bulbosas o gramíneas; las plantas leñosas soportan mayor peso y sus tallos pueden alcanzar considerables alturas, como los árboles, arbustos y plantas trepadoras.

En cuanto a la forma, definida normalmente por la manera de ramificar los tallos, éstas pueden ser columnares, cónicas, rectangulares, aparasoladas, lloronas, redondeadas, postradas, piramidales, etc.

Hay plantas leñosas que admiten bien las podas y los recortes, por lo que podemos darles artificialmente la forma deseada, constituyendo un caso extremo la topiaria.

Este tipo de plantas y el uso de estas técnicas son propios de los jardines formales, más geométricos y arquitectónicos, mientras que los jardines informales y paisajistas, imitando en cierto modo a la Naturaleza, dejan al vegetal desarrollarse de una forma lo más natural posible.

7.2.2. Tasa de crecimiento y desarrollo
Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de seleccionar las plantas, especialmente importante en el caso de arbustos y árboles, es la velocidad de crecimiento y el desarrollo que puede alcanzar cada una de las especies.

Con frecuencia vemos plantaciones en las que no se han tenido en cuenta estos factores, y lo que en un principio aparentaba cierta armonía, con el paso del tiempo se iba convirtiendo en una vegetación caótica en la que los vegetales competían unos con otros por el espacio, estorbándose mutuamente, o en la que se iban perdiendo las proporciones al tener las diferentes especies utilizadas velocidades de crecimiento y/o portes muy dispares.

En ocasiones, y de una forma deliberada, se pueden realizar plantaciones con una densidad mayor de la aconsejable, pero con el paso del tiempo, y a medida que se van desarrollando las plantas, deben realizarse entresacas, manteniendo, de esta forma, el espacio vital necesario para cada una de las plantas.

7.2.3. Textura
La textura de las plantas viene dada por la forma, tamaño, disposición y características de sus hojas, definiendo la superficie de las zonas ajardinadas y creando contrastes, ya que las superficies lisas y brillantes reflejan la luz, mientras que las rugosas o afieltradas la absorben.

El uso de una misma textura, por tanto, produce monotonía, mientras que su diversidad crea un interés visual.

La textura normalmente va íntimamente ligada al color, percibiéndose ambos conjuntamente.

En cuanto al tacto, la textura de las hojas puede ser lisa, rugosa, pubescente, tomentosa, escamosa, etc.

Además de ello las hojas pueden tener consistencia herbácea, papirácea o coriácea, la lámina puede ser plana u ondulada, y su forma, tamaño y nerviación pueden ser muy variables.
En cuanto a su disposición en el tallo pueden ser opuestas, alternas, verticiladas, arrosetadas, imbricadas, etc.

Todo ello supone, pues, que contemos con infinidad de posibilidades a la hora de realizar combinaciones de diferentes texturas para lograr contrastes de lo más diverso.

En el caso del arbolado, la textura de las cortezas de sus troncos puede tener igualmente cierto interés ornamental, pues las hay de muchísimas tonalidades, lisas, rugosas, escamosas, fisuradas, fibrosas, reticuladas, que se desprenden en tiras o placas, etc.

7.2.4. Color y estacionalidad
Menos importante que la forma y textura de las plantas es el color, aunque realmente percibamos formas, texturas y colores al mismo tiempo.

Quiere ello decir que es mucho más importante tener en cuenta la perfecta armonía entre formas y texturas que los colores.

El color llena nuestras vidas y excita los sentidos, pudiendo afectar nuestro estado de humor e incluso nuestros sentimientos, tranquilizando o emocionando nuestro espíritu.

Diverso colorido de las hojas de las plantas
El color puro en el jardín no existe, ya que su percepción depende de las formas y texturas; es algo cambiante, tanto a lo largo del día, con el ángulo de incidencia de los rayos solares, como a través de las diversas estaciones.

Por otro lado, los rayos del sol no inciden de igual forma en todas las latitudes y, por tanto, los colores se perciben de diferente manera, siendo más intensos a medida que nos acercamos a los trópicos.

El círculo cromático, compuesto de 12 colores básicos y basado en los colores del arco iris, puede ayudarnos a entender mejor las teorías del color, que nos serán de suma utilidad en nuestros diseños.

Los colores en cuya composición interviene el azul se denominan "fríos", mientras que reciben la denominación de "cálidos" aquellos en cuya composición interviene el rojo o el amarillo.

Son colores primarios aquellos que no pueden obtenerse por la mezcla de ningún otro.

Son tres, el amarillo, el rojo y el azul.

Se denominan colores secundarios los obtenidos por la mezcla de dos colores primarios a partes iguales.

Son tres, el verde (amarillo + azul), el violeta (rojo + azul) y el naranja (amarillo + rojo).

El verde es el color más importante en jardinería, pues domina gran parte del paisaje.
Es un color que reconforta e inspira tranquilidad. Por si solo, con su infinidad de matices, unido a diferentes portes y texturas, puede constituir todo un variado jardín, como en el caso de las coníferas.

Los verdes oscuros dan sensación de profundidad, mientras que los verdes brillantes dan sensación de luminosidad.

Diverso colorido de las flores de las plantas
Un tercer grupo lo constituyen los colores terciarios, que se obtienen al mezclar en partes iguales un color primario con el secundario más cercano del círculo cromático.

Por ejemplo:

violeta+ rojo = púrpura o violeta rojizo
amarillo + naranja = dorado o amarillo anaranjado, rojo + naranja = escarlata o rojo anaranjado, etc.

Son quizás los colores más abundantes en la naturaleza.

Sabido es que las hojas de muchas especies de árboles y arbustos caducifolios toman bellas coloraciones otoñales que desde el punto de vista paisajístico son muy interesantes.

Ello se debe a la presencia y acción de ciertas fitohormonas inhibidoras del crecimiento que en el otoño, cuando los días van siendo más cortos, aumentan su concentración frente a las fitohormonas estimuladoras del crecimiento, produciendo la ralentización y parada del vegetal, que entra en reposo.

Estas hormonas vegetales son el etileno y el ácido abscísico.

Cuando estas hormonas alcanzan su mayor concentración, la clorofila desaparece y comienzan a resaltar otros pigmentos, como los carotenoides que le dan a la hoja las tonalidades amarillas y anaranjadas, y las antocianinas, que le dan las tonalidades rojizas.

Más tarde, estas mismas fitohormonas serán las responsables de la abscisión del pecíolo, con lo que la hoja cae.

El diseñador debe ser conocedor de estas características y sacarle el máximo partido posible.

Flora autóctona vs. flora alóctona
Una polémica siempre presente, defendida con obcecación por algunos, es la de la utilización de la flora autóctona frente a la flora alóctona.
Estamos de acuerdo en ello, puesto que la flora autóctona siempre está mejor adaptada a las condiciones del lugar, pero la jardinería, que entre otras cosas busca la ornamentación, no siempre dispone en la flora autóctona de las plantas adecuadas para ciertos fines o ciertos efectos estéticos, teniendo que obtenerlas de otras floras lejanas.

Pero la introducción con fines ornamentales de plantas procedentes de otros territorios, puede tener sus peligros cuando se hace de forma incontrolada, puesto que ciertas especies son potencialmente invasoras.

Es el caso de Nicotiana glauca, Pennisetum setaceum, etc., actualmente extendidas por todo el mundo.

En áreas naturales las plantas invasoras pueden reducir el hábitat para especies nativas y amenazadas, compitiendo con éstas, a veces con ventaja, por su facilidad de adaptación.

En otras ocasiones, esas plantas foráneas pueden ser la fuente de introducción de insectos que se constituyen en fuertes plagas, como el caso del "taladro del geranio" (Cacyreus marshalli), extendido por toda España, o de la "mosca blanca" (Aleudoricus dispersus) que tan gravemente afecta a muchos cultivos ornamentales en las Islas Canarias.

Selección de plantas recomendadas para xerojardinería

En líneas generales son aptas para las xerojardinería las plantas de climas mediterráneos, es decir, las autóctonas de nuestro entorno Mediterráneo, de la zona de Chile Central, de la región del Cabo en Sudáfrica, del sur y sudoeste de Australia y de gran parte de California, pues son zonas que comparten muchas características climatológicas y sus plantas han sufrido adaptaciones similares.
Además de éstas, la mayor parte de las plantas denominadas crasas, normalmente originarias de zonas con baja pluviometría, son igualmente interesantes y apropiadas.

Gran parte de la vegetación propia de climas mediterráneos y de otras zonas áridas comparte caracteres tales como abundancia de especies arbustivas de hoja perenne y de plantas anuales...

Hojas reducidas, cutículas céreas, presencia de tomento o escamas, etc., y en casos extremos presencia de espinas, órganos reservorios de agua, ausencia o transformación de las hojas, sistemas radiculares muy potentes, etc.

Todos estos caracteres responden a una finalidad, que no es otra que el aprovechamiento máximo del agua.

Árboles
Acacia baileyana F.J.Muell.
Acacia caven (Mol.) Mol.
Acacia cyclops A.Cunn. ex G.Don
Acacia farnesiana (L.) Willd.
Acacia longifolia (Andrews) Willd.
Acacia melanoxylon R.Br.
Acacia retinodes Schltdl.
Acacia saligna (Labill.) H.Wendl.
Ailanthus altissima (Mill.) Swingle
Albizia julibrissin Durazz.
Albizia lophantha (Willd.) Benth.
Brachychiton acerifolius (A.Cunn.) F.J.Muell.
Brachychiton discolor F.J.Muell.
Brachychiton populneus (Schott & Endl.) R.Br.
Brachychiton rupestris (Lindl.) K.Schum.
Broussonetia papyrifera (L.) Vent.
Callistemon viminalis G.Don ex Loud.
Cassia spectabilis DC.
Casuarina cunninghamiana Miq.
Celtis occidentalis L.
Ceratonia siliqua L.
Cercis siliquastrum L.
Cryptocarya alba (Mol.) Looser
Chorisia speciosa St.-Hill.
Elaeagnus angustifolia L.
Eucalyptus camaldulensis Dehnh.
Eucalyptus cinerea F.J.Muell. ex Benth.
Eucalyptus citriodora Hook.
Eucalyptus erythrocorys F.J.Muell.
Eucalyptus ficifolia F.J.Muell.
Eucalyptus globulus Labill.
Eucalyptus gomphocephala DC.
Eucalyptus gunnii Hook.f.
Eucalyptus occidentalis Endl.
Eucalyptus robusta Sm.
Eucalyptus salmonophloia F.J.Muell.
Eucalyptus sideroxylon A.Cunn. ex Woolls
Eucalyptus viminalis Labill.
Ficus benghalensis L.
Ficus benjamina L.
Ficus carica L.
Ficus drupacea Thunb.
Ficus elastica Roxb.
Ficus macrophylla Desf. ex Pers.
Ficus microcarpa L.f.
Ficus rubiginosa Desf. ex Vent.
Geoffroea decorticans (Gillies ex Hook. & Arn.) Burkart
Gleditsia triacanthos L.
Grevillea robusta A.Cunn.
Gymnocladus dioicus (L.) K.Koch
Jacaranda mimosifolia D.Don
Koelreuteria paniculata Laxm.
Lagerstroemia indica L.
Lagunaria patersonii (Andrews) G.Don
Laurus nobilis L.
Leucaena leucocephala (Lam.) De Wit
Maclura pomifera (Raf.) C.K.Schneid.
Melaleuca armillaris (Soland. & Gaertn.) Sm.
Melaleuca ericifolia Sm.
Melia azedarach L.
Morus alba L.
Olea europaea L.
Parkinsonia aculeata L.
Peumus boldus Mol.
Pistacia terebinthus L.
Pittosporum angustifolium Lodd.
Prosopis chilensis (Mol.) Stuntz
Punica granatum L.
Quercus coccinea Muenchh.
Quercus ilex L.
Quillaja saponaria Mol.
Robinia pseudoacacia L.
Sapindus saponaria L.
Schinus molle L.
Schinus polygamus (Cav.) Cabrera
Schinus terebinthifolius Raddi
Sophora japonica L.
Tamarindus indica L.
Tamarix africana Poir.
Tamarix aphylla (L.) Karst.
Tamarix boveana Bunge
Tamarix canariensis Willd.
Tamarix gallica L.
Tamarix parviflora DC.
Tamarix ramosissima Ledeb.
Tecoma stans (L.) Juss. ex HBK.
Tecoma x smithii W.Watson
Terminalia catappa L.
Thevetia peruviana (Pers.) K. Schum.
Tipuana tipu (Benth.) Kuntze
Ulmus pumila L.
Ungnadia speciosa Endl.
Ziziphus jujuba Mill.
Arbustos
Abelia x grandiflora (Andre) Rehd.
Acokanthera oblongifolia (Hochst.) Codd
Anagyris latifolia Brouss. ex Willd.
Anthyllis barba-jovis L.
Anthyllis cytisoides L.
Atriplex halimus L.
Atriplex nummularia Lindl.
Berberis thunbergii DC.
Bocconia arborea Watson
Caesalpinia gilliesii (Wall. ex Hook.) D. Dietr.
Caesalpinia spinosa (Mol.) Kuntze
Callistemon citrinus (Curtis) Skeels
Calotropis procera (Ait.) Ait.f.
Calycotome spinosa (L.) Link
Carissa macrocarpa (Eckl.) A.DC.
Cassia artemisioides Gaudich. ex DC.
Cassia sturtii R.Br.
Ceanothus arboreus Greene
Ceanothus impressus Trel.
Ceanothus thyrsiflorus Eschsch.
Chilopsis linearis (Cav.) Sweet
Cistus ladanifer L.
Cistus x purpureus Lam.
Colletia paradoxa (Spreng.) Scal.
Colletia spinosissima J.F. Gmel.
Coprosma repens A. Rich.
Coriaria myrtifolia L.
Cotinus coggygria Scop.
Cotoneaster lacteus W.W. Sm.
Cotoneaster pannosus Franch.
Cytisus grandiflorus DC.
Dodonaea viscosa Jacq.
Echium candicans L.f.
Elaeagnus ebbingei Boom
Fabiana imbricata Ruiz & Pav.
Feijoa sellowiana (O. Berg) O. Berg
Genista hirsuta Vahl
Genista hispanica L.
Heteromeles arbutifolia M. Roem.
Hibiscus indicus (Burm.f.) Hochr.
Hibiscus syriacus L.
Hippophae rhamnoides L.
Lantana camara L.
Leptospermum scoparium J. R. Forst. & G. Forst.
Ligustrum vulgare L.
Lycianthes rantonnei (Carrière) Bitter
Medicago arborea L.
Melaleuca huegelii Endl.
Melaleuca nesophila F. Muell.
Myoporum acuminatum R. Br.
Myrtus communis L.
Nandina domestica Thunb.
Nerium oleander L.
Paliurus spina-christi Mill.
Phyllirea angustifolia L.
Phymosia umbellata (Cav.) Kearney
Pistacia lentiscus L.
Pittosporum tobira (Thunb.) Ait. f.
Plumbago auriculata Lam.
Prunus spinosa L.
Pyracantha angustifolia (Franch.) C.K. Schneid.
Pyracantha coccinea M. Roem.
Retama monosperma (L.) Boiss.
Rhamnus alaternus L.
Rhaphiolepis indica (L.) Lindl. ex Ker Gawl.
Sambucus nigra L.
Simmondsia chinensis (Link) C.K. Schneid.
Solanum aviculare G. Forst.
Solanum bonariense L.
Spartium junceum L.
Tecomaria capensis (Thunb.) Spach
Teline linifolia (L.) Webb
Teline x racemosa hort.
Viburnum tinus L.
Vitex agnus-castus L.
Subarbustos y matas
Aloysia citrodora Palau
Alyogyne huegelii (Endl.) Fryxell
Anisodontea capensis (L.) D.M. Bates
Centaurea cineraria L.
Cistus albidus L.
Convolvulus cneorum L.
Cortaderia selloana (Schult. & Schult.f.) Asch. & Graebn.
Dicliptera suberecta (Andre) Bremek.
Dimorphotheca sinuata DC.
Epilobium canum (Greene) P.H.Raven
Eriocephalus africanus L.
Euryops pectinatus (L.) Cass.
Helichrysum stoechas (L.) Moench
Lavandula dentata L.
Lavandula stoechas L.
Lavatera arborea L.
Lavatera trimestris L.
Leonotis leonurus (L.) R. Br.
Limoniastrum monopetalum (L.) Boiss.
Limonium arborescens (Brouss.) Kuntze
Lobelia laxiflora Kunth
Melianthus major L.
Oenothera macrocarpa Nutt.
Ozothamnus diosmifolius (Vent.) DC.
Pennisetum setaceum (Forssk.) Chiov.
Penstemon barbatus (Cav.) Roth
Perovskia atriplicifolia Benth.
Phylica ericoides L.
Romneya coulteri Harv.
Rosmarinus officinalis L.
Ruellia tweediana Griseb.
Russelia equisetiformis Schltdl. & Cham.
Salvia farinacea Benth.
Salvia leucantha Cav.
Salvia officinalis L.
Santolina chamaecyparissus L.
Senecio cineraria DC.
Teucrium fruticans L.
Thymus vulgaris L.
Tithonia diversifolia (Hemsl.) A. Gray
Tapizantes
Ajuga reptans L.
Aptenia cordifolia (L.f.) Schwantes
Arctostaphylos uva-ursi (L.) Spreng.
Asteriscus maritimus (L.) Less.
Capparis spinosa L.
Carpobrotus edulis (L.) N.E. Br.
Drosanthemum floribundum (Haw.) Schwantes
Eschscholzia californica Cham.
Felicia amelloides (L.) Voss
Gazania rigens (L.) Gaertn.
Lampranthus spectabilis (Haw.) N.E. Br.
Lantana montevidensis (Spreng.) Briq.
Lobularia maritima (L.) Desv.
Malephora crocea (Jacq.) Schwantes
Myoporum parvifolium R. Br.
Phyla nodiflora (L.) Greene
Stachys bizantina K. Koch
Tradescantia pallida (Rose) D.R. Hunt
Verbena tenera Spreng.
Verbena tenuisecta Briq.
Vinca major L.
Wedelia trilobata (L.) Hitchc.
Palmeras y cícadas
Acoelorrhaphe wrightii (Griseb. & H. Wendl.) H. Wendl.
Brahea armata S. Watson
Butia capitata (Mart.) Becc.
Chamaerops humilis L.
Cycas revoluta Thunb.
Dioon edule Lindl.
Phoenix canariensis hort. ex Chabaud.
Phoenix dactylifera L.
Phoenix roebelenii O’ Brien
Sabal minor (Jacq.) Pers.
Sabal palmetto (Walter) Lodd. ex Schult.
Syagrus romanzoffiana (Cham.) Glassman
Trachycarpus fortunei (Hook.) H. Wendl.
Washingtonia filifera (Linden ex Andre) H. Wendl.
Washingtonia robusta H. Wendl.

Trepadoras
Asparagus falcatus L.
Bougainvillea spectabilis Willd.
Campsis radicans (L.) Seem. ex Bureau
Cardiospermum grandiflorum Sw.
Hedera helix L.
Macfadyena unguis-cati (L.) A.H. Gentry
Merremia tuberosa (L.) Rendle
Podranea ricasoliana (Tanfani) Sprague

Coníferas
Calocedrus decurrens (Torr.) Florin
Cupressus arizonica Greene
Cupressus sempervirens L.
Juniperus chinensis L.
Juniperus deppeana Steud.
Pinus canariensis C. Sm.
Pinus halepensis Mill.
Pinus pinea L.

José Manuel Sánchez de Lorenzo Cáceres

Fuentes:
http://www.arbolesornamentales.com
http://www.consumer.es
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"Las palabras abundan, pero los hechos son raros" (L. W.).

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