"Solo se aprende a través del fracaso, y lo que se aprende es la importancia de la previsión" ((Irvine Welsh).

Una buena velocidad lectora proporciona una visión global del texto y mejora la capacidad

de comprensión.

Si bien estamos aún estrenando el verano, las vacaciones para muchos de nosotros, no debemos perder de vista que el próximo año escolar está a la vuelta de la esquina.

Y qué mejor que aprovechar estos largos días para ir preparándonos sin agobios, tranquilamente, un poco todos los días para esa aventura que es el nuevo curso.

Al contrario de lo que se pueda pensar, leer con excesiva lentitud puede dificultar la comprensión de un texto, puesto que la velocidad lectora está relacionada de forma directa con la lectura comprensiva.

Corregir errores como la vocalización, la regresión o los movimientos corporales mientras se lee y aplicar distintas técnicas de lectura pueden ayudar a mejorar la habilidad lectora de cada uno.

"Un buen lector no lee palabra por palabra sino que agrupa las palabras".

Esta es una de las primeras pistas que aporta Maurice Guidici en su manual de 'Entrenamiento para la lectura rápida y eficaz' para comprender por qué leer a mayor velocidad es más efectivo que leer lentamente.

La teoría que avala esta idea se centra en que el "lector rápido", que es capaz de abarcar más palabras de una vez, capta la información de un texto de forma global, consiguiendo de esta forma leer ideas, no palabras, lo que le lleva a una comprensión más eficaz de lo leído.

Sin embargo, el "lector lento", al leer las palabras de una en una, debe esforzarse más para enlazar los significados y alcanzar así una idea genérica del contenido de la lectura.

Como bien afirma M.ª Teresa Bofarull en su libro 'Comprensión lectora: el uso de la lengua como procedimiento', "la velocidad lectora no es adecuada cuando su lentitud hace que se pierda el recuerdo de las palabras que se acaban de leer, lo que hace difícil dar sentido a las frases y establecer relaciones entre ellas".

Sin duda alguna, cuando se habla de rapidez lectora, esta debe ir unida a la lectura compresiva.

No sirve de nada ser capaz de leer de forma veloz un texto si después no somos capaces de explicar lo que hemos leído.

Por eso, la velocidad de lectura de cada uno debe adaptarse siempre al tipo de texto y a la finalidad por la que se lee; es decir, no es lo mismo leer un texto complejo de un manual que se debe estudiar para un examen que un sencillo artículo de una revista que se lee por entretenimiento.

Es importante, antes de comenzar a leer un texto, determinar cuál es el propósito de la lectura para fijar así la velocidad más adecuada.

Técnicas de velocidad
La lectura continuada permite ampliar de manera significativa el vocabulario, imprescindible para que la velocidad de lectura sea mayor.

Para conseguir alcanzar una adecuada velocidad de lectura hay que partir de unas premisas básicas.

En primer lugar, lo más importante es leer y leer, cuanto más y más variado mejor; solo de este modo, con la práctica, se obtiene un buen hábito que permita leer de forma rápida y eficaz.

Asimismo, la lectura continuada permite ampliar de manera significativa el vocabulario, imprescindible para que la velocidad de lectura sea mayor.

Por otra parte, la concentración juega un papel fundamental en el ritmo de lectura; por eso, hay que intentar leer siempre en un entorno sin distracciones en el que el lector pueda concentrarse fácilmente.

Además de estas premisas, hay también una serie de técnicas para aumentar la velocidad de lectura, que han sido experimentadas en muchas ocasiones y se ha comprobado su efectividad:

Técnica de las tres páginas: esta es una de las técnicas más eficaces para incrementar la rapidez de lectura.

Para llevarla a cabo, lo primero que se debe hacer es seleccionar tres páginas consecutivas de un libro.

La primera de ellas se ha de leer al ritmo normal de lectura que se suela utilizar, la segunda hay que intentar leerla a la mayor velocidad posible, aunque no se comprenda o entienda nada, y la tercera y última página se lee asimismo lo más rápido que se pueda, pero esta vez intentando comprenderlo todo.

Con la repetición continuada de esta técnica el lector puede comprobar cómo cada vez aumenta más su velocidad lectora.
Amanuense
Técnica de la postal: este sencillo sistema tan solo requiere un texto y una cartulina o postal.

La técnica consiste en situar la postal debajo de la primera línea del texto e ir bajándola línea a línea a medida que se avanza en la lectura hasta finalizar la página, intentando incrementar la velocidad lectora mientras se progresa en el texto.

Este método está concebido como una forma de ampliar el campo visual, pudiendo captar de una vez todas las palabras de cada línea.

"Skimming":
Literalmente esta técnica se traduce por "descremar", y aplicada a la lectura significa prescindir de aquellas palabras que no son necesarias para comprender un texto.

Es decir, con este método el lector debe intentar, mediante una lectura rápida, captar las ideas fundamentales de un texto pasando la vista por todas las palabras, pero interiorizando tan solo aquellas que afectan al significado y desechando otras "inútiles", como pueden ser, en algunos casos, artículos o adverbios que actúan como recursos ornamentales.

Errores de lectura

¿Vocaliza mientras lee?, ¿pasa el dedo por las líneas?

Si es así, debe saber que esos hábitos y otros que se suelen utilizar de forma sistemática entorpecen de manera significativa la velocidad lectora de un texto.

A continuación, detallamos algunos de los errores más frecuentes que se comenten mientras se lee, recogidos por Juan Carlos Garelli en 'Método de lectura veloz' y Richadeau en su 'Método de lectura rápida'.

Evitarlos es el primer paso para conseguir una lectura eficaz.

Vocalizar:

La mente funciona más rápido que la boca; por tanto, si a la vez que leemos vocalizamos las palabras, retrasamos la velocidad de lectura.

Una buena manera de evitar esta mala práctica es introducir durante la lectura un lápiz o bolígrafo entre los labios para impedir la vocalización.

Subvocalizar:
En ocasiones, aun sin mover los labios se repiten mentalmente las palabras que se leen, provocando de esta forma el mismo retraso que con la vocalización.

Intentar captar las ideas, no las palabras, puede ser un buen método para erradicar este hábito, al igual que incrementar de manera forzosa la velocidad de lectura.

Regresiones:
Volver una y otra vez sobre el texto leído ralentiza la lectura de forma significativa; es importante evitar las regresiones limitándolas a cuando sean estrictamente necesarias porque no se haya comprendido la totalidad de un párrafo completo.

Movimiento:
Los movimientos de cabeza y cuerpo mientras se lee pueden provocar que se pierda la vista del texto y se pierda de ese modo el ritmo de lectura.

Hay que intentar limitarse al movimiento ocular sobre el texto.

Guiarse con el dedo:
Utilizar un dedo o un lápiz para guiar o direccionar la lectura constituye un hábito de apoyo que, aunque en un principio puede ser eficaz para adquirir un hábito de lectura rápida, si se abusa de él puede llegar a ralentizarla.

Mejorar la comprensión lectora
Distintos ejercicios y estrategias permiten desarrollar la capacidad de los niños para realizar una lectura comprensiva.

¿Se puede resolver un problema de matemáticas o física si no se es capaz de comprender su enunciado?

La comprensión lectora es quizás una de las habilidades que más incide en el correcto proceso de aprendizaje de los niños y jóvenes, ya que poseerla es vital para el desarrollo de todas las áreas y materias de conocimiento en las distintas etapas educativas.

Uno de los principales objetivos educativos marcado por la Unión Europea dentro de la Estrategia de Lisboa 2010 para mejorar la calidad y eficacia de los sistemas de educación se centra en reducir, al menos un 20%, el porceDama leyendontaje de jóvenes europeos mayores de quince años con dificultades de comprensión lectora.

Sin embargo, lejos de mejorar, en los últimos años el nivel de comprensión lectora ha experimentado un importante descenso: mientras que en el año 2000 un 21,3% de los estudiantes de la Unión Europea carecía de esta habilidad, en el 2006 este problema afectaba a casi un 3% más de la población de esta edad, una cifra que se eleva al 25,7% si atendemos a los resultados de los estudiantes de España.

Cierto es que, aunque todas las evaluaciones educativas llevadas a cabo en los últimos años, como PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) o PIRLS (Estudio Internacional del Progreso en Comprensión Lectora), evidencian un descenso generalizado en todos los países de los niveles de comprensión lectora de sus estudiantes, los datos de los alumnos españoles se sitúan casi siempre por debajo de la media de los países desarrollados.

Esto no significa que los jóvenes de nuestro país tengan problemas para leer, entendida esta acción en su definición más simple, tal como recoge el Diccionario de la Real Academia Española: pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados.

El problema radica en la capacidad de comprender lo que se lee, una habilidad que implica, además de la comprensión de la significación de las palabras que se incluyen en un texto, la comprensión de este texto como un todo global, de modo que el lector sea capaz tanto de obtener información y elaborar una interpretación de esta como de reflexionar sobre su contenido.

Estrategias para mejorar

El mejor consejo y el más obvio que cualquier experto en la materia puede dar para mejorar la comprensión lectora tanto de los niños como de los adultos es practicar leyendo cada vez más.

Eso sí, si lo que se desea es potenciar esta habilidad no basta con leer cualquier texto, sino que este debe resultar interesante para el lector, ya que de este modo mostrará un mayor interés y se esforzará más para comprender lo que lee.

En el caso de los más pequeños, por ejemplo, se les puede proporcionar lectura sobre sus personajes favoritos o sobre aquella temática, no necesariamente curricular, por la que muestran más interés y, posteriormente, charlar sobre el tema para comprobar que han comprendido lo leído, lo cual les estimulará y animará a continuar leyendo.

Por otra parte, además de que el texto de lectura con el que se practique sea de interés para el lector, también hay que cuidar que el contenido esté acorde con su nivel de conocimiento, es decir, que no incluya mucho vocabulario desconocido, ni formas gramaticales o sintácticas a las que no esté habituado, ya que puede ser desesperante y consecuentemente nada motivador abordar la lectura de un texto en el que comprender cada frase se convierta en una ardua tarea para el lector.

Un ejercicio recomendable con los jóvenes es repasar previamente el vocabulario del texto que se va a leer con la ayuda de un diccionario; esto le alentará en la posterior lectura al comprobar que es capaz de interpretar significados que antes desconocía.

Del mismo modo, también puede resultar interesante introducir de forma oral al niño o joven en un tema concreto, explicándole los conceptos básicos y la idea general, de modo que se genere en él la suficiente expectativa como para que le lleve a lanzarse a la lectura comprensiva de un texto sobre dicho tema.

Técnicas para adquirir esta habilidad
Además de estas estrategias generales para incitar a una lectura comprensiva, tanto en clase como en casa se pueden aplicar distintas técnicas o ejercicios que favorezcan la adquisición de esta habilidad.

Muchas de ellas, enumeradas a continuación, las recoge Antonio Vallés Arandiga en su obra "Técnicas de velocidad y comprensión lectora":

Idea principal:
Esta técnica, dirigida principalmente a alumnos de primer ciclo de Primaria, consiste en mostrar al niño una ilustración de una acción concreta y posteriormente ofrecerle varias opciones textuales en las que se explique el dibujo, de modo que tenga que elegir aquella que es la más explicativa de la ilustración.

Esto le permitirá aprender a extraer la idea principal de un texto.

Procedimiento cloze:
Este ejercicio, por muy simple que parezca, obliga al lector a esforzarse en gran medida en comprender el texto que está leyendo, ya que consiste en adivinar una serie de palabras que han sido omitidas de manera sistemática en un texto escrito y reemplazadas por espacios en blanco o líneas.

El lector, para lograr dar un sentido completo al texto, debe relacionar el contenido y procesarlo como un todo para adivinar el término que falta.

Lectura simultánea:
Consiste en leer una frase determinada y a continuación enunciar otra en términos muy similares pero más comprensible para el alumno.

Este método permite que el lector sea capaz de comprender lo leído gracias a la implicación de otro.

Resumir:
El resumen puede ser una de las mejores técnicas para ejercitar la comprensión lectora, un ejercicio mediante el cual el niño debe leer pequeños fragmentos de un texto y escribir posteriormente una o dos frases que lo resuman.

Fuente:
http://www.consumer.es/web/es/educacion/otras_formaciones/2009/06/12/185923.php
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"¡Qué irónico es que precisamente por medio del lenguaje un hombre pueda degradarse por debajo de lo que no tiene lenguaje!" (Sören Aabye Kierkegaard).

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