La Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada son dos de las joyas indiscutibles, de nuestros tesoros arquitectónicos.

No rivalizan...

sino que se complementan en dignidad, belleza, antigüedad y, como no, con su legado histórico cultural.

La Mezquita de Córdoba, el trabajo del comerciante y del acequiador

Durante la época Gupta florecieron la lógica, la matemática y la astronomía.

La primera había recibido un impulso notable ya desde la Escuela Nyaya (s. I a. de C.) y la segunda hizo una conquista inmarcesible en esa época:

La numeración de base decimal que hoy llamamos "arábiga".

Aharbhata estudió las ecuaciones indeterminadas y desarrolló la astronomía, la aritmética comercial se impulsó notablemente con la nueva numeración, lo cual junto con la seguridad que la dinastía Gupta ofrecía a las rutas comerciales hacia Oriente y Occidente y el esfuerzo desplegado en el trabajo por la sociedad que antes se ha comentado, convirtieron a la India Gupta en una potencia económica mundial.

Es probable que la producción intelectual estuviese mayormente generada por la casta brahmánica, como está documentado sucedió con las teorías atomísticas del asceta Kanada (s. V a. de C.), quien se alimentaba de los granos que recogía en los campos segados.

Todas las castas excepto tal vez los sudras desarrollaron su inteligencia con los numerosos juegos de lógica que se han ido descubriendo hasta hoy y de los cuales el ajedrez es el ejemplo descollante.

No muy diferente del panorama indio lo es el dorado Estado sasánida de Persia en la misma época.

"Tres castas dominantes: la nobleza territorial, el clero rico y la administración burocrática" (Perroy et al., 1966, p. 50) y ambas sociedades bien cebadas del conocimiento helenístico por el Oeste y la cultura china "rica en ciencias" por el Este.

Pero correspondió a un pueblo seminómada vecino el llevar a cabo el próximo movimiento del péndulo hacia la descentralización: las tribus árabes.

La proximidad relativa de las civilizaciones es uno de los factores que permite se aceleren o no los cambios en el desarrollo.

Esa es una de las razones básicas de por qué en la cuenca mediterránea y en el Asia Menor la cultura ha podido ser tomada sucesivamente en relevo por uno y otro pueblo, la razón por la cual en la larga noche medieval los aislados bosques de Europa vivieron en relativa ignorancia y también una de las razones que explica la dificultad que este mismo relevo ha encontrado tanto en el subcontinente indio como en la vasta China.

Las tribus nómadas árabes realizaban un largo comercio caravanero. Podían observar tanto los enormes palacios sasánidas cupulados como la catedral bizantina de Santa Sofía.

Pudieron ponerse en contacto con fragmentos de la cultura griega difundida en Persia y además nutrirse de la aritmética comercial india también llevada allí.

Y no sólo utilizaron la aritmética de base decimal, sino que por la necesidad de manejar partes de unidades en el pesaje, descubrieron el número fraccionario.

¡Aún llegarían a más!

El primitivo trabajo del acequiador en los oasis no solo daba de beber a plantas, animales y hombres, sino que casi con seguridad le permitió caer en la cuenta, muy empíricamente, de las leyes que gobiernan la conducción del agua y posteriormente, a todo el pueblo, de amar el agua de esas moradas salpicadas de fuentes y albercas.

("acequia" viene del árabe as-saquiya: la que da de beber).

Con Mahoma estos pueblos pasan de politeístas a monoteístas y la fe religiosa enciende en las mezquitas los corazones. Leamos a Pijoán (T XII, 1996, p. 58):

"Sugiere Creswell que la primitiva mezquita de Córdoba era un erial cuadrado, con solo una galería del lado del mihrab (...) Actualmente ocupa un lugar de 22.250 metros cuadrados, que la hacen el monumento religioso mayor del mundo".

O sea, esta maravilla del arte mundial no era mucho más que un gran patio.

En un patio al que acuden creyentes de todas las fortunas, los seres humanos se igualan, no existe un trono para el emperador sino que todo es parejo y democrático, y constituye estéticamente lo opuesto al haz de luz imperial de cuyo privilegio dependen todas las figuras del Panteón romano: la luz del pabellón celeste ilumina a todos por igual.

cúpula de la mezquita de Córdoba Pijoán escribe:

Al llegar Mahoma a Medina, cuando la Héjira, todos los ciudadanos le pedían se detuviera en sus casas.

Mahoma dejó a su camello decidir el lugar donde instalarse, que fue el patio o era de secar dátiles de la casa de unos huérfanos.

Ya de allí no se movió el Profeta, porque dijo:

"El hombre debe estar donde está su silla de montar y su camello". (...) Mahoma compró la casa con el patio adjunto por diez dinares (...) y allí se convocaban a los creyentes cada viernes para la oración.

Según Baladuri, ya en tiempos del Profeta el patio fue rodeado de pórticos con troncos para soportes y techos de palma. (T XII, 1996, p. 16).

Todos los árabes libres son iguales ante Alá, y a los creyentes se los libera de cargas fiscales (sólo la entrega de la décima parte de lo que se gana pero para beneficio de la comunidad, y ni siquiera es obligatoria la peregrinación a La Meca para quienes tienen limitados sus recursos).

De hecho la guerra que sostiene Mahoma desde la ciudad de Medina, ciudad de modestos agricultores del desierto, contra La Meca, ciudad rica, de comerciantes, es prueba de este sentimiento.

Mahoma tiene que huir a Medina porque, él mismo siendo comerciante, predica un culto monoteísta que perjudica económicamente a su grupo social.

Este sentimiento de igualdad obligó a la ayuda que el creyente debe a los huérfanos, a las viudas y a los enfermos.

Parias et al. reconocen:
... el Profeta tenía ante todo la preocupación por reprimir los abusos del lujo y de la avaricia, y la prohibición que dictó contra el préstamo.

Resulta entonces comprensible la epopeya que constituyó la relampagueante conquista del mundo por el Islam.

"...Para nosotros no fue ventaja pequeña ser liberados de la tiranía de los romanos, escribiría un cronista monofisista" (Perroy et al., 1966, p. 102).

Es explicable. En Egipto se abole el monopolio que ejerce el Imperio Romano de Oriente con el fin de abastecer Constantinopla y se sustituye por un comercio libre, de particulares indígenas. En Perroy et al. se tiene que conceder:

En la campiña las tierras se repartieron en dos categorías:

Tierras privadas y públicas, a las que en beneficio de la comunidad se asimilaron las de los propietarios desaparecidos a causa de la huida o de muerte en la guerra (...)

El dueño no ejerce ninguna de las prerrogativas de la autoridad pública sobre sus arrendatarios, menos dependientes de él, por consiguiente, de cuanto solían serlo de los grandes patronos bizantinos o sasánidas (1966, p.108).

La uniformidad religiosa de las mezquitas, donde ni siquiera la dirección del "mirhab" (nicho vacío que mira a La Meca) posee un lugar arquitectónico privilegiado sino que se puede constatar la igualdad de direcciones al observar los diversos caminos que custodian las columnas.

El gusto por lo abstracto, el cual encontraremos mucho más tarde en los tiempos similares que vivió Piet Mondrian, donde no se permite el arte figurativo (aunque ello no está prescrito en el Corán), nacen del inevitable sentimiento de igualdad que marcó la gran expansión musulmana.

La mezquita de Córdoba es arte vivo que refleja este espíritu descentralizador.

Como todas las mezquitas su génesis es un patio parejo, y los embellecimientos posteriores deben acentuar una belleza igualmente repartida.

En Pijoán:
Nuevos constructores piadosos enriquecieron las mezquitas con más hileras de columnas por este lado [el del "mihrab"] y con un pórtico simple también en los otros tres, y así multiplicándose el número de hileras de columnas en el lado del "mihrab", la mezquita tomó tan diferente aspecto que nadie por él recordaría su planta primitiva:

Mezquita de Córdoba columnas

Esto es, se convierte en un templo con numerosas naves o hileras de columnas paralelas y con un patio anterior como antesala del lugar santo (1932,T II, p. 212).

La Alhambra y el aclimatador de plantas

Una nueva era se instala en el mundo musulmán en los tiempos descentralizadores de la gran expansión, y como ocurrió en el mundo griego, es sustituida por la tendencia a la centralización.

Aparece un nuevo agente capaz de establecer núcleos de centralización conectados entre sí.

No es posible comprender cabalmente la evolución del mundo islámico, si se considera al Califa como un soberano absoluto a semejanza de los monarcas europeos posteriores o a los emperadores romanos anteriores.

Si así fuera, una sociedad centralizada en aquellos tiempos necesitaría de caminos excelentes que llegaran desde los territorios administrativamente dependientes de él, como sucedió en tiempos romanos, pero los árabes incluso en Bagdad o en Córdoba no construyen buenas vías de transportación.

"El mundo árabe ignora el coche con ruedas (hasta tal punto que, al recibir de los indios esta figura del ajedrez, la convierten en roca)" (Parias et al., 1965, T II, p. 65).

Los árabes, aprendiendo inicialmente del trabajo en los oasis, son capaces de aclimatar en las secas tierras del Magreb y el sur español prácticamente todas las plantas conocidas. Parias et al:

En el siglo IX, en el curso de una fiesta dada en el palacio del califa en Samarra, se presentó una curiosidad de todo punto inesperada, y extraordinaria:

Las naranjas y los limones de la India. Al siguiente siglo, el naranjo se aclimataba al suelo de Palestina. El arroz y la caña de azúcar fueron llevados a regiones que antes desconocían.

A finales del siglo IX, la aparición del papel había acarreado la ruina de los productores de papiro en Egipto. El lino lo sustituyó.

El Fayún y el lago de Tinnis encaminaron hacia la Mesopotamia enormes cantidades de tejidos blancos, elaborados a veces con hilos de plata y oro.

En 973, la conquista de Egipto por los Fatímidas originó la ruptura con Bagdad y por consiguiente la pérdida de este mercado.

La solución consistió en la distribución por todos los países árabes, desde el Irán hasta España, en el siglo X, del algodón de la India: a esta fecha se remonta el éxito del algodón egipcio. (T II, 1965 p. 62).

La región donde mejor se deja estudiar el nuevo proceso social es en al-Andalús.

"El perfeccionamiento extraordinario del primitivo sistema de riegos, sometido a un régimen administrativo para la distribución de agua y acequias, fueron realizaciones que modificaron eficazmente la agricultura, aumentando la rentabilidad de la tierra y del trabajo aplicada a ella" (Parias & Reglá, T II, 1965 p. 440).

¿Y quiénes son estos señores que se disputan el agua? Son los que producen el alimento del califato y los bienes y materias primas que se comercian, o sea, los ejes del desarrollo a quienes el califa administra y por lo tanto, sirve.

Se conforma una aristocracia latifundista-comercial, formada por los jefes conquistadores a quienes se les ha otorgado tierras que han puesto en envidiable producción, la pequeña propiedad fue respetada en general, con la formidable introducción de nuevos cultivos.

Inicialmente, los jefes militares llegados a España vivían en continuas pugnas entre sí.

Consintieron entonces en 756, en traer un príncipe Omeya:

Abderramán, refugiado en África de la revolución abasí que se había producido en Siria y Mesopotamia, para que instalara un emirato y organizara la sociedad.

Desde el comienzo se observa el papel de mediador y organizador del futuro califato. En general todo el mundo musulmán sigue la misma estructura social: "...la aristocracia militar.

Si los mercaderes dedican una parte de sus ganancias a la compra de fincas, por su parte los propietarios invierten una parte de las suyas en las empresas comerciales" (Perroy et al., 1966, p.178).

De este binomio el más importante lo es el ángulo agrícola:

"Por notables y nuevas que sean sus actividades [comerciales], ni en el Islam ni en Occidente los mercaderes fueron quienes tuvieron más parte en la constitución de las grandes monarquías territoriales" (Idem, 1966, p.188).

El palacio fortaleza de la Alhambra es un notable ejemplo arquitectónico, un monumento a la cultura mundial de este espíritu de tendencia a la centralización del cual estaba impregnada la sociedad.

la Alhambra

Para ello, en la obra deben existir núcleos de centralización que unifiquen lo diverso pero que estén a su vez conectados entre sí.

¡Estos núcleos son los oasis!

El oasis representa para el árabe nómada una divinidad natural en medio de la muerte.

Sin oasis no existe economía ni comercio ni religión, pero con el oasis aparece todo de golpe.

Si el artista musulmán quiere representar algo hermoso, acogedor, lleno de contenido religioso y de paz, debe sugerir un oasis.

Y oasis son los patios fontanados y albercados de la Alambra. Vista en planta, la Alhambra aparece como un gran conjunto de habitaciones y dos grandes patios: el de los Leones y el de los Arrayanes, próximos uno al otro.

Pero las habitaciones son totalmente distintas alrededor de uno y otro. Alrededor de la alberca con la hilera de arrayanes las habitaciones son salones de despacho para dirimir querellas y administrar el califato.

Alrededor del patio con la fuente de doce leones las habitaciones son para descansar. Los moradores y visitantes de la Alhambra no podían mezclarse porque el acceso estaba cerrado con una puerta doble.

El patio de los Arrayanes centraba el "selamlik" o habitaciones para la administración de justicia y despacho de los negocios de Estado, y el patio de los Leones centraba el harén. La vida pública y la vida privada.

"La vida se desarrollaba en torno a dos grandes patios", dice Pijoán.

Cada núcleo de centralización asumía su papel sobre construcciones arquitectónicas diferentes: salas y moradas.

Desde el "selamlik" el visitante oteaba la gran alberca y por las ventanas olorosas le llegaba el perfume de los mirtos verdísimos.

Las graves disputas de los potentados se apaciguaban con estas potencias naturales.

Por debajo de toda la Alhambra corrían canales con agua fresca y la calidez y sequedad andaluza desaparecían fantásticamente.

Si un diplomático extranjero venía encendido de cólera o un gran aristócrata se obstinaba sin remedio, el paseo por la alberca entre mirtos y la persuasiva voz del califa contribuían a calmarlo, más aún por el contenido religioso de esta notable arquitectura.

En el harén el príncipe descansaba, estudiaba el Corán, escuchaba los preceptos de un médico sabio o leía un diván de poesías en la nueva escritura árabe.

Jamás la Alhambra fue palacio de bacanales como Versalles, Fontainbleu y otros.

¿Qué nos dice Pijoán?:

[El harén] es algo reducido: no se explica que pudieran reunirse allí multitudes de cortesanos y servidores, armarse pendencias, celebrar fiestas, danzas y zambras como las que describen los cronistas castellanos que aprovecharon la Alambra para escenario de novelas moriscas (1996, vol XII, p.515).

Desde todas las ventanas del harén se ve la Fuente de los Leones. Junto a ella se podía meditar, conversar íntimamente o decidir una guerra.

Ahora bien, igual que el busto de la Afrodita de Milos y su pubis están interconectados por una cintura ligeramente rotada de la diosa, el patio de los Arrayanes y el de los Leones necesitan un broche que los una.

Volvamos a Pijoán:
Al-Hamra, la Roja (Alhambra) tiene dos grupos de aposentos, uno junto a otro, pero aislados por una pared medianera.

Gómez Moreno, en su Guía de Granada, dice:

"El Cuarto de los Leones, antes de la Reconquista, fue en absoluto independiente del Cuarto de Comares".

Este último es el conjunto de salas alrededor del patio de los Arrayanes". (1996, vol XII, p. 515).

Pero podemos descubrir la cintura de la Venus de Milo: desde la alberca del Patio de los Arrayanes se puede descender por una escalerilla al baño de la Alhambra "hábilmente colocado" entre el "selamlik" y el harén.

Del baño del "selamlik" se puede acceder a uno de los aposentos del harén: el Cuarto de las Dos Hermanas, el más completo del harén, al cual puede accederse tanto desde el baño, o sea, desde la sección centrada por los Arrayanes, como desde el harén, centrado por el Patio de los Leones.

"Es un conjunto de salas perfectamente habitables... [y de ellas] la sala principal es la mayor maravilla de la Alhambra (...)

Tiene un gran salón (...) y hay una especie de zócalo que ocupa todo el piso bajo" (Pijoán, 1996, vol XII, pp. 528-529).

¡Un verdadero patio techado enlaza los dos patios mayores que centran toda la Alhambra!

El arquitecto sirio puso allí una inscripción:

"...soy como un jardín (...) la luna me desea por habitación (...) pero yo no soy la única belleza de este lugar, yo misma quedo extasiada contemplando a mis dueñas" (Pijoán, Idem).

¡Queda todo dicho!

Fuente:
http://www.monografias.com
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"Allí donde la toques, la memoria duele".
-Yeoryos Seferis-
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