Unas fibras de lino descubiertas en una cueva de la república caucásica de Georgia y que datan de hace más de 34.000 años son las más antiguas utilizadas por el hombre para coser.

Las fibras, que son de lino salvaje –este no empezó a cultivarse hasta el siglo IV a.C–, fueron halladas por casualidad durante un análisis microscópico de muestras de arcilla procedentes de capas de sedimentos del Paleolítico Superior en la cueva de Dzudzuana.


Los fragmentos de fibra no son apreciables a simple vista, porque las prendas y utensilios a los que estuvieron cosidos se han desintegrado con el paso del tiempo.

El paleontólogo georgiano Eliso Kvavadze y sus colegas de Israel y EE.UU. describen estas hebras, algunas de ellas teñidas de negro, gris, turquesa y rosa, en la última edición de la revista Science.
Los habitantes de la zona disponían en el Paleolítico Superior de una amplia gama de pigmentos naturales procedentes de raíces y plantas, y los colores también incluyen el amarillo, el rojo, azul, violeta, marrón y verde.

Algunos de los hilos están tejidos y otros retorcidos para formar cuerdas, y se cree que fueron utilizados para sujetar las asas de herramientas de piedra, para confeccionar cestos o coser vestimentas y zapatos hechos de pieles.
Hasta hoy, las fibras más antiguas conocidas tenían entre 29.000 y 32.000 años de antigüedad y fueron encontradas en pequeños objetos de arcilla en el sitio prehistórico de Dolni Vestonice, en la República Checa.


Según Ofer Bar-Yosef, de la Universidad estadounidense de Harvard y uno de los científicos que dirigió la expedición a Georgia, el uso de las fibras fue 'crucial' para estos hombres prehistóricos.

Los objetos hechos con ellas aumentaron las posibilidades de supervivencia y de movilidad de las comunidades de cazadores
y recolectores que habitaban esta región montañosa en la Edad de Piedra, y les ayudaron a afrontar las duras condiciones de vida, explican los científicos.

El descubrimiento fue toda una sorpresa para el equipo de paleontólogos y arqueólogos, cuyo objetivo era analizar muestras de polen en el interior de la cueva como parte de un estudio sobre los efectos de los cambios climáticos y medioambientales en el hombre prehistórico durante miles de años.


Los científicos también encontraron rastros de pelos de animal, de escarabajos de la piel, de polillas y de hongos que proliferan en los textiles, en lo que interpretan como otro indicio del procesamiento de pieles y tejidos en esa época.

Bar-Yosef, que llevaba haciendo excavaciones en la cueva desde 1996 para saber más sobre sus primitivos habitantes, dijo que el descubrimiento de estas fibras –recogidas en cinco localizaciones diferentes entre 2007 y 2008– fue 'una sorpresa maravillosa'.

FUENTES:

http://noticias.terra.es/genteycultura/2009/0911

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