La Navidad mantiene sus cantos típicos, los villancicos y, en algunos lugares, sus instrumentos tradicionales, esos nada convencionales, que nuestros abuelos utilizaban para acompañarse, mientras vaciaban una botella de anís en No

Reconozco que la Navidad me pone triste. Siendo más preciso, diría que melancólico.

Las alegrías de antaño, las canciones, los aguinaldos y festines improvisados ya no están.

Hay que forzar los encuentros y los cantos.

Donde antes había algarabía y una sana alegría que regocijaba el corazón, ahora hay cabezadas frente al televisor.

Eso sí, la Navidad mantiene sus cantos típicos, los villancicos y, en algunos lugares, sus instrumentos tradicionales, esos nada convencionales, que nuestros abuelos utilizaban para acompañarse, mientras vaciaban una botella de anís en Nochebuena.

Así pues, hoy escribiré sobre encuentros, canciones e instrumentos de navidad.

Revisando el material que tenía para escribir, recordé una carpeta que un amigo zaragozano me regaló hace unos años.

En su lateral está escrito: "La Navidad". Se trata de fichas didácticas que muestran como construir instrumentos folclóricos.

Está muy bien elaborada, incluye cuentos, recetas, bailes y canciones de esta época.

Al abrirla, una primera ficha enseña como realizar uno de los instrumentos más típicos de esta época. A ver si lo averiguan: juntamos una caña, una piel o vejiga, un trozo de cuerda y un cuenco de barro y logramos: la zambomba.

Uno de los instrumentos de fricción más antiguo y empleado de nuestro folclore. Las hay de todos los tamaños, más o menos adornadas, de sonido ronco o agudo, pero siempre está presente en estas fechas.

Y, claro está, hay muchos villancicos que la recuerdan en sus letras.

Las siguientes fichas, invitan a ir mirando por la cocina, pues este era el lugar de reunión y la cantera de muchos de los utensilios que sirven para acompañar los villancicos.

LA NATIVIDADINSTRU

Por ejemplo: el almirez. ¡Sí!, ese de la abuela, el de bronce, que por lo menos mi abuela tocaba como nadie.

Podía hacerlo brillar con sonido penetrante o apagarlo hasta convertirlo en un seco chasquido.

Una mirada en el aparador y nos apoderamos de la botella de anís.

¿Conocen ustedes un rascador de sonido más cristalino? Es ideal.

Un tenedor sirve para rascarlo y además va cambiando de sonido en la medida en que su líquido se "evapora". Sencillamente magnífico.

Siguiendo nuestra orquesta de navidad hemos de conseguir un par de cucharas que, colocadas entre los dedos y con un buen juego de muñeca, repiquetean como unas castañuelas.

Y, cómo no, precisamos de la compañera inseparable de la zambomba: la pandereta.

Para ello no hay más que darse una vuelta por la calle y conseguirla en alguno de los muchos puestos navideños.

Así pues, ya tenemos nuestra orquesta con la zambomba, el almirez, la botella, las cucharas y la pandereta.

Les aseguro que con esto lograrán una básica pero extraordinaria orquesta de música tradicional a la que después podremos añadir instrumentos "exóticos", como la guitarra, la bandurria o el acordeón.

¡Listo!, seremos la envidia de todos los vecinos.

- “La Zambomba” -

“La zambomba tiene un diente Y no puede comer pan, Sólo castañas y nueces Y turrón de mazapán.

(estr.) Dale que le dale dale a la zambomba, dale que le dale hasta que se rompa.

La zambomba tiene un diente Y la muerte tiene dos, Si no me das aguinaldo Mala suerte te dé Dios.

(estr.)

A casa del tío Marcos Le venimos a cantar Que nos baje el aguinaldo Que ha llegado Navidad

(estr.)

La Virgen está pariendo
Detrás de un verde laurel,
El aire aparta las hojas
Por ver al niño nacer”.

Esta agrupación fue durante siglos, con variantes acordes a las zonas, la que sirvió para acompañar los cantos navideños por excelencia: los villancicos.

El ciclo de Navidad, así llamado por los folcloristas, cuenta con distintos tipos de canciones. Aunque la más conocida es el villancico, que dicho sea de paso, no tuvo el carácter festivo -religioso- navideño que ahora tiene.

Este se produjo ya muy cerca del s. XX. Antaño era una composición poética menor, sencilla y alegre que alternaba un estribillo con estrofas diferentes, forma que mantienen nuestros actuales villancicos.

Etimológicamente villancico deriva de villam (villa) anum (relativo a).

O sea, el villano o labrador, es decir músicas populares que fueron integradas por músicos de la corte en el repertorio culto mediante la armonización de su melodía.

El compositor Juan del Enzina es un ejemplo magnífico para ilustrar lo que decimos.

Escuchar algunos de sus villancicos es interesante para constatar como se alternan letras amatorias, satíricas o picarescas.

El actual carácter pastoril de estas canciones toma en España distintos nombres según el lugar:

Nadalenques en Castellón, Valencia y Alicante; panxoliñas o navidás en Galicia, ator-ator en País Vasco; coplas de lo divino en Canarias, etc.

Pero todos se acompañaban igual: con los instrumentos que antes he mencionado y añadiendo algún que otro propio de la zona.

Como decía antes, la cocina era el lugar de reunión. Frente al hogar se cantaba y bailaba, se festejaba y lloraba. Allí se invitaba a los que pedían el aguinaldo, se compartía, se bebía... pero sobre todo, se cantaba.

Nuestro folclore es tan rico en canciones navideñas, que cada región, cada provincia y a veces, cada comarca cuenta con su propio repertorio.

En ocasiones podemos encontrar incluso versiones de un mismo villancico al que con el tiempo se le ha modificado la letra o la música. Y esta es una de las maravillas de lo tradicional: que sigue vivo, trasformándose.

Así pues les felicito estas fiestas invitándoles a crear su propia orquesta.

Una posible opción para dar vida a cada una de las noches navideñas haciéndolas inolvidables, no sólo por las viandas o los regalos, sino por ese sabor y solera que tienen nuestros cantos tradicionales.

¡Feliz Navidad!
* * * * *
-DE AÑO NUEVO A REYES-

-Tradiciones y Ritos.
Las fechas que corren entre el día 25 de diciembre y el 6 de enero enmarcan todas las celebraciones populares de Navidad, incluso el nacimiento de un nuevo año que se inicia el día 1, aunque oficialmente, y en España, solamente a partir de Felipe II, que "europeizaba" así el cómputo, tal como se hacía ya en Francia y en el Imperio, y que dejaba en entredicho los nombres romanos de algunos meses del año entre septiembre y diciembre, que ocupaban antes los lugares séptimo a décimo del calendario, de donde les venía su denominación de ‘september a december’.

LA NATIVIDADENTRO

En tales días la tradición ha vencido holgadamente a los afanes que intentaban desmitificarla y anular el sentido de sus celebraciones.

Siguen mereciendo nuestra repulsa el consumismo desaforado y la hipocresía no disimulada, pero nuestra alabanza y respeto al cumplimiento del rito de amor, tolerancia, comprensión y ruptura con la rutina gris de cada día.

Di un abrazo, adobado con las frases y deseos de rigor, a un amigo a quien jamás había visto vestido con formalidad y que se preparaba para cumplir con la Navidad armado de chaqueta, corbata y todos los convencionalismos que pueden rodear a una fiesta grande.

¡Todo un símbolo! Y analice el lector casos análogos, comenzando por su propia persona, sin duda para satisfacción de un humanismo vapuleado por nuestros tiempos.

Estos cambian, y quizá al "Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo" de tantas personas e incluso de las tarjetas de pedigüeños, ya no se añade el tierno "Y que el Niño Jesús te colme de bendiciones".

Hubo un tiempo en que el alud de peticionarios de aguinaldo abrumaba a sus víctimas, y un amigo mío decidió satisfacer las peticiones con una tarjeta propia que rezaba:

"Fulanito de tal (aquí su nombre, que no hace al caso) felicita las Pascuas a sus ‘felicitadores’ y les desea un feliz y próspero año nuevo".

Cosechó más improperios y ahorró más propinas que plácemes alcanzaban los coros de niños (y aún de adultos, por ejemplo, en Los Cerezos de Manzanera, Teruel) que pedían por las puertas de las casas el "Cabo del Año", cantando alegres cancioncillas postulatorias, salpicadas de graves dieterios contra los roñosos.

Queda dicho que Dionisio el Antiguo, en el siglo VI y no deliberadamente, sino por error de cálculo, había fijado el arranque de la Era Cristiana en relación con el nacimiento de Jesús.

Y es bien sabido que la mayor parte de las noticias y creencias sobre la Navidad y la infancia de Jesús repiten lo escrito en los "Evangelios Apócrifos" que completaban las escasas noticias registradas sobre una y otro en los tres evangelios sinópticos, porque el de San Juan apenas para la atención sobre tales detalles.

Quede para los eruditos la consideración de los apócrifos y la crítica histórica de su contenido.

La verdad es que la Iglesia no los ha condenado rotundamente, y que cuantos tengan legítima curiosidad por conocer las creencias de los primeros cristianos harán muy mal desechando estas narraciones, situadas entre los siglos II y IV.

Es decir, antes de la paz de la Iglesia y la oficialización del culto, a bastante distancia cronológica de los hechos, pero lo bastante próximos para que informen de los entresijos de las creencias y adaptaciones de la vida de los cristianos.

Se ocupan estrictamente de la Navidad el protoevangelio de Santiago y el Pseudo Mateo y de la Infancia de Jesús el Armenio de este título, el Libro de la Infancia del Salvador, la Historia de José el carpintero y el Evangelio árabe de la infancia y, en cierto modo, el de la Natividad de María.

Documentan sus textos acerca de la preocupación por demostrar la triple Virginidad de María, las pruebas de ella según los ritos judíos y el primer milagro del recién nacido sobre la partera Zelomi (según el Pseudo Mateo) o Salomé, que dudaba de la virginidad de María, se arrepintió de sus dudas, pidió perdón y lo recibió según le comunicó un ángel:

"Salomé, Salomé, el Señor te ha escuchado. Acerca tu mano al Niño, tómalo, y habrá para ti alegría y gozo"; una mano que tenía seca se le curó al contacto.

-Los Santos Inocentes
Las bromas y engaños de inocentes o el usar el apelativo para designar conmiserativamente a los pobres de espíritu o crédulos deben proceder del sufrido por el terrible monarca.

Pero aparece en Europa como resto de una vieja tradición que encontramos en abril tanto como en diciembre.

Está dentro de las fiestas de inversión del mundo clásico, las "libertades de locos", el nombramiento de "obispillos" entre los monaguillos para que gobernasen por un día a los canónigos y otras semejantes.

En Aragón la fórmula y engaño usuales eran pedir prestado algo y responder "los santos inocentes te lo devolverán" y, naturalmente, no devolverlo.

Además entrar en las casas, trastocar objetos, comer de la comida que se preparaba en el hogar (naturalmente dispuesta con tal fin), enharinar o tiznar las caras y toda una serie de minúsculos desmanes aceptados unánimemente con gozo y algazara.

Finalmente se cierra la Navidad con una fiesta tan entrañable como la que más de estas celebraciones.

Hereda el cambio de obsequios que conocemos en el mundo antiguo para estas fechas.

En otras latitudes se hacen pender de un abeto o de otro árbol sacralizado o se atribuyen a personajes que para los habitantes de las tierras frías vienen del cálido Sur, San Nicolás, y para los meridionales proceden del Norte, Papá Noel.

En las viejas tierras cristianas son los Magos que vienen de Oriente. Es cosa de los Apócrifos el asignarles los nombres que acabarán santificándose.

Muy tardía, de hacia el siglo XIV, la introducción de que uno de ellos sea negro y los otros dos de cabellos canos o rubios para que simbolizasen a todas las razas y edades.

Se menciona su aparición en el Evangelio de San Mateo, pero no se les llama reyes ni se determina que su número fuera el de tres, añadido a la tradición por razones del carácter cabalístico de este número.

El numen del rey de los judíos, que luego se convertirá en estrella con larga estela en belenes y representaciones plásticas, llevará a los Magos al palacio de Herodes y luego a la casa donde se albergaban José y María antes de huir ante los sicarios de Herodes.

La ofrenda será otro símbolo: el oro de la realeza, el incienso de la divinidad y la mirra de las unciones sacras.

Los Reyes quedaron tan contentos de su visita, que al regreso a sus palacios fueron regalando a cuantos encontraban todas sus pertenencias y desde entonces repiten esta prodigalidad entre todos los mortales una vez al año.

Los niños pondrán en el balcón sus zapatos para recibir los obsequios porque unos pequeñuelos enternecidos por el frío que el Niño Dios pasaba en el portal le regalaron sus propios zapatos que, por premio a su caridad, son desde entonces receptáculo de dádivas.

Pero, ¡cuidado!, porque los Reyes conocen previamente la conducta de los niños durante el año, y dispondrán de los buenos oficios de un temido criado, Gregorio por más señas, con enormes orejas y descomunales ojos capaces de oír y ver cuando se intente esconder de las conductas.

Y en muchos sitios de Aragón el atardecer del día de la Purísima la comitiva entera de los Reyes surca velozmente el cielo para comprobar conductas, y si alguien no ha logrado verlos es porque no estará muy limpio de corazón, pues sólo los que viven en estado de inocencia pueden verlos.

Lo mismo que ocurre con la posibilidad de esperarlos y recibirlos en persona; puede hacerse, pero hay que llevar en las manos una caña verde y aguantar a pie firme, en camisa y con la faldereta mojada.

Y a la hora de escribir las cartas, ¡ojo a los borrones, a la mala letra y a la ortografía!, aunque tal vez haya nuevas normas de acuerdo con los ordenadores de uso general.

Así se podrá entrar en contacto o ver a los Reyes tal como ahora son. Con Baltasar negro y Melchor cano, junto con el rubio Gaspar.

Pero ya he dicho que no era así en principio; ignoro por qué apareció el negro, pero Melchor era el más joven e impaciente y disfrutaba de una hermosa cabellera negra y en su afán por llegar hasta el Niño atropelló cuanto le cerraba el paso.

Jesús, sonriente y bondadoso, le castigó suavemente a adquirir reflexión y seso, y desde aquel instante envejeció, y su pelo se tornó blanco.

Y con los Reyes termina la Navidad, cuyo espíritu debería durar todo el año.

Al menos en lo que tiene de ilusión y esperanza, y vomitando anatema contra quien pretenda terminar con las ilusiones y esperanzas de los grandes y de los niños que en estas fiestas se simbolizan o con las de cualquier otro tiempo, pues el nuestro está cada día más necesitado de ellas.

Fuentes: Extraído de la Revista “Esfinge” (www.editorial-na.com)
Sebastián Pérez Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Antonio Beltrán
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“Las modas son epidemias inducidas”.
-Bernard Shaw-


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