¿Quién no ha soñado y se ha entusiasmado en su niñez con los mundos, las historias y las aventuras descritas por este "genio" de la novela, en su día llamada "fantástica". 

Entre las efemérides del 2.005 se encuentra el centenario de la muerte de Julio Verne. El 24 de marzo de 2.005 se cumplen 100 años de la desaparición de uno de los novelistas más importantes de los siglos XIX y XX; Novelista francés, padre de la novela científica, nació en Nantes, en 1.828 muriendo en Amiens, en 1.905. Se escapó de su casa a la edad de 11 años para ser grumete y más tarde marinero, pero, pronto fue recuperado por sus padres, y llevado de nuevo al hogar en el que, en un furioso ataque de vergüenza por lo breve y efímero de su aventura, juró solemnemente (para fortuna de sus millones de lectores) no volver a viajar más que en su imaginación y a través de su fantasía.

Aunque estudió derecho en París, sentía poco apego por la abogacía y mucho, en cambio, por las letras. A partir de 1.848 se dedica a la producción teatral, género en que dio a conocer, además de dos operetas (en colaboración con Michel Carré), otras tantas comedias: “Las pajas rotas” (1.850) y “Once días de sitio”, ninguna de las cuales le granjeó excesiva notoriedad. Sin embargo, para entonces ya había dado sus primeros pasos en la novela, con la publicación en la revista “Le Musée des Familles” de diversos relatos de viajes imaginarios y otros de carácter fantástico. La primera de una larga serie de narraciones encaminadas a despertar el interés popular por los logros científicos sería “Cinco semanas en globo”, obra publicada en 1.863, tras ser rechazada por numerosos editores, en el “Magazin d'Éducation et de Recréation”.

Tal fue la acogida dispensada a la obra, que su autor se vio, de la noche a la mañana, convertido en hombre famoso. A este primer éxito siguieron otros no menos importantes: “Viaje al centro de la Tierra” (1.864), “De la Tierra a la Luna” (1.865), “La isla misteriosa” (1872), “La vuelta al mundo en 80 días” (1.873), “Miguel Strogoff” (1.876), “Veinte mil leguas de viaje submarino”, “Los hijos del capitán Grant”, amén de muchas otras obras no tan célebres, pero muy leídas en su tiempo: “Aventuras de tres rusos y de tres ingleses”, “Un capitán de quince años”, “Un invierno en los hielos”, “Dos años de vacaciones”, “Las tribulaciones de un chino en China”, “El doctor Ox”, “El rayo verde”, “Aventuras del capitán Hatteras”, “Norte contra Sur”, “El faro del fin del mundo”, etc.

La imaginación de Verne conjugaba hábilmente los elementos fantásticos con los datos científicos, de tal manera que la realidad y la ficción no se sabía donde empezaba una y terminaba la otra. En cuanto a sus novelas de aventuras, en ellas la astucia, el saber aprovechar las posibilidades del momento y los conocimientos científicos son las claves del triunfo humano, encontrando su mejor exponente en los personajes infantiles y de adolescentes, exentos todos de preocupaciones existenciales, cuyo único problema consiste siempre en sobrevivir, superando las pruebas a que el destino les somete. En la mitad de su vida Verne era el escritor más leído no sólo de Europa, sino del mundo entero. Las ediciones de sus obras, traducidas a todos los idiomas civilizados, quedaban agotadas rápidamente y, aunque no pocos críticos las etiquetaban de meros pasatiempos, sin valor positivo alguno, ya fuera literario o científico, lo cierto es que la Academia Francesa terminó dándoles su apoyo, lo mismo que muchos hombres de ciencia.

Distinguido por diversas instituciones francesas y extranjeras, y miembro de la Legión de Honor, murió en Amiens, ciudad que en 1.909 hizo levantar un monumento en su memoria. La fama de Verne no descansa sólo en sus indudables méritos literarios, como son su estilo suelto y ameno, sus diálogos chispeantes de gracia, la profunda humanidad que alienta en todas sus obras, su imaginación fresca y exuberante, sino también, y muy principalmente, en sus geniales anticipaciones, en su "invención" de máquinas y proyectos que un día, en contra de lo que muchos vaticinaban se convertirían en realidad. Formado entre el romanticismo y el realismo, Julio Verne tuvo una concepción romántica de la ciencia, y supo conjugar la tendencia hacia lo exótico y a la aventura con una exigencia racionalista que, manteniendo sus creaciones casi siempre en el plano de lo posible, de lo verosímil, le llevó a ser un divulgador de la ciencia en algún caso, y en otros, un visionario; es decir, alguien con un "conocimiento" claro y preciso de los logros, avances y descubrimientos que la ciencia conseguiría años, muchos años después.

Desde su fallecimiento, la historia de los descubrimientos científicos se ha encargado de revalidar constantemente los méritos de Julio Verne, que poseía, sin duda, la fantasía del inventor de genio y cuyas elucubraciones fueron, en muchos casos, el acicate que llevó a los hombres de ciencia a dirigir sus investigaciones sobre determinados puntos. La realidad de los viajes espaciales y, más concretamente, la de los viajes a la Luna, confirman sin necesidad de ningún comentario más, la genialidad de este escritor, que sin dejar de entretener con su obra en ningún momento, abría a las mentes de su tiempo la posibilidad de imaginar, sólo de imaginar lo que tiempo después, se convertiría para nosotros como la cosa más natural del mundo...

Principalmente extraído de www.BiografiasyVidas.com

* * * * * “La virtud también es un arte. Por eso tiene dos clases de discípulos: los que la admiran y los que la practican”. -M. von E.-Eschenbach-

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