Un virtuoso con un violín Stradivarius no logra llamar la atención de los viajeros del metro de Washington.
Hora punta en una estación de metro en la ciudad de Washington.

Un músico toca el violín vestido con vaqueros, una camiseta y una gorra de béisbol.

El instrumento es nada menos que un Stradivarius de 1713. El violinista toca piezas maestras incontestables durante cuarenta y tres minutos. Es Joshua Bell (Estados Unidos, 1967), uno de los mejores intérpretes del mundo.

Tres días antes había llenado el Boston Symphony Hall, a cien euros la butaca. No había caído en desgracia, sino que estaba protagonizando un experimento recogido por el diario The Washington Post: comprobar si la gente está preparada para reconocer la belleza.

El experto Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EE.UU., había previsto que el músico recaudaría unos ciento cincuenta dólares y que, de mil personas, unas treinta y cinco se detendrían haciendo un corrillo, absortas por la belleza. Hasta un centenar, según Slatkin, echaría dinero en la funda del violín. Pero eso no fue lo que ocurrió.

Joshua Bell, el violinista, fue un niño prodigio que, a sus treinta y nueve años, no ha dudado en quitarse el aura de virtuoso intocable. Ha llegado a aparecer en la versión estadounidense de Barrio Sésamo. También interpretó la banda sonora de la película El violín rojo, que fue galardonada con un Óscar. Bell no solo respondió encantado al reto de tocar en el metro, sino que además insistió en llevar su valioso Stradivarius.

El músico arrancó con la chacona de la Partita número 2 en re menor de Johann Sebastian Bach. A los tres minutos, un hombre desvió su mirada para fijarse en el músico. Fue su primer contacto con el público del metro.

Treinta y dos dólares

A los cuarenta y tres minutos, habían pasado ante él 1070 personas. Solo veintisiete le dieron dinero, la mayoría sin pararse. En total, ganó treinta y dos dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció.

"Era una sensación extraña, la gente me estaba... ignorando", declara Bell al Post. El virtuoso asegura que, habitualmente, le molesta que la gente tosa en sus recitales, o que suene un teléfono móvil; sin embargo, en la estación de metro se sentía "extrañamente agradecido" cuando alguien le tiraba a la funda del violín unos centavos.

Solo una persona se detuvo seis minutos a escucharle, el treintañero John David Mortensen, funcionario del Departamento de Energía de EE.UU., quien declara al periódico que la única música clásica que conoce son los clásicos del rock. "Fuera lo que fuera" lo que estaba tocando el virtuoso, declara Mortensen, "me hacía sentir en paz".

Esto ocurrió el viernes, 12 de enero de 2007.

FOTO DEL MÚSICO

Joshua Bell (Bloomington, Indiana, 9 de diciembre de 1967). Violinista estadounidense.

Su primer contacto con el mundo de la música se remonta a cuando tenía cuatro. “Mis padres me introdujeron en el sonido del violín”, dijo. “No fui yo quien lo eligió”. Sin embargo, a medida que iba creciendo, descubría los matices del sonido tan especial de ese instrumento tan romántico, que hoy concibo como si fuera la propia voz humana”. 

Realizó sus estudios de violín en la universidad de Indiana, bajo la dirección de Josef Gingold. A los catorce años, apareció como solista con la Orquesta de Filadelfia, dirigida por Riccardo Muti. Debutó en el Carnegie Hall en 1985 con la Orquesta Sinfónica de Saint Louis. Desde entonces ha tocado con las orquestas y los directores más importantes del mundo.
 
“La música es muchas cosas en mi vida. Al principio empezó casi como un juego; hoy todo es muy distinto. Si hablo de música, pienso en que es mi forma de expresarme, es algo así como un modo de existir”, asegura el joven violinista Joshua Bell, que, junto al piano de Simon Mulligan, ofreció un recital en el Castell de Bellver el 8 de agosto de 2000, dentro del ciclo Serenates d´Estiu.
 
Entre los grandes hitos que destacan en la carrera del violinista norteamericano, la obtención de un Óscar de la Academia de Hollywood por componer la banda sonora de la película El violín rojo, dirigida por François Gérard, es el más reciente.

“La música de cámara constituye una parte importante en el trabajo instrumental del violinista. A lo largo de su carrera, ha colaborado con personajes de la talla de Stephen Hough, Olli Mustonen o Zoltan Kocsis. Además, Bell dirige un festival de música de cámara que se celebra anualmente en Londres.  

Cuando Bell habla de música, asegura que uno de los placeres que esta le ofrece es el de poder estar en contacto con las mentes de los grandes compositores. “Trabajar interpretando a los clásicos es una gran fuente de inspiración. Sin embargo, he de reconocer que me gusta todo tipo de música”, comenta.
 
Expertos citados por el diario aseguran que el contexto importa, y que una estación de metro en hora punta no permite que la gente aprecie la belleza. Mientras, Bell recuerda con amargura los peores momentos: cuando acababa una pieza, nadie aplaudía.

¿Será verdad? ¿O es que vivimos nuestra vida tan rutinariamente que no somos capaces de apreciar el arte si no es en un marco exquisito? Algo para pensar...

FUENTES:
http://www.elpais.com/articulo/cultura/ 
http://personales.mundivia.es/vivaldi/pagjoshuabell.htm
http://www.lastfm.es/music/Joshua+Bell

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