Cuentecitos para pensar

LA CONFIANZA DE PASEO POR EL BOSQUE

En una ocasión iban tres montañeros a pasar un fin de semana a un frondoso bosque; uno era el “fuego“, otro el “agua” y otro la “confianza“.
 Al entrar en el bosque les salió a su paso el guardabosque y les dijo: “¿a dónde se dirigen ustedes?”, y ellos respondieron: “a pasar el fin de semana en el bosque“, el guardabosque les contestó: “tengan mucho cuidado ya que es un bosque muy peligroso, muchas personas que entraron no lograron salir jamás“.
El fuego le contestó: “yo no tengo ningún miedo, si me pierdo, comenzaré a emitir humo de mí y así me encontrarán fácilmente“.
El agua también con muchas ganas le respondió: “pues yo tampoco tengo problemas, siempre ruedo hacia abajo, me diluyo y a mi alrededor siempre brota la hierba verde, pronto me encontrarían“.
Entonces el guardabosque se dirige a la confianza y le pregunta: “¿y usted quién es?”.
La confianza responde: “yo soy la confianza y estoy pensando en no entrar en el bosque, porque cuando alguien me pierde casi nunca me vuelve a encontrar“.
Es fácil perder esta bella emoción de la confianza, pero qué difícil es recuperarla.

LA DISCRIMINACIÓN A BORDO DE UN AVIÓN

En un vuelo de British Airways entre Johanesburgo y Londres, una senora blanca de unos cincuenta años se sienta al lado de un hombre de raza negra.
Llama a la azafata para quejarse:
- “¿Cuál es el problema señora?”, pregunta la azafata.
- “¿Pero no lo ve?”, responde la señora, “me colocó al lado de un negro. No puedo quedarme al lado de estos inmundos. Deme otro asiento”.
- “Por favor, cálmese”, dice la azafata, “casi todos los lugares de este vuelo están ocupados. Voy a ver si hay algún asiento en clase ejecutiva o en primera”.

La azafata se apura y vuelve unos minutos después.
”Señora”, explica la azafata, “como yo sospechaba, no hay ningún lugar vacío en clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que tampoco hay sitio en ejecutiva. Pero sí tenemos un asiento vacío en primera clase”.
Antes de que la señora pudiese responder algo, la azafata continuó: “Es totalmente inusitado que la compañía conceda un asiento de primera clase a alguien que está en económica, pero dadas las circunstancias, el comandante consideró que sería escandaloso que alguien sea obligado a sentarse al lado de una persona tan execrable…”

Y diciendo eso, la azafata mira al hombre y dice: “Si el señor me hiciera el favor de tomar sus pertenencias, el asiento de primera clase ya está preparado para usted”.

Todos los pasajeros alrededor, que acompañaron la escena, se levantaron y aplaudieron por la actitud de la compañía.

¿CONTRA QUIÉN LUCHAMOS?

Se cuenta lo siguiente de un viejo anacoreta o ermitaño que se refugió en la soledad de la montaña para dedicarse a la oración y a la penitencia.
Este ermitaño se quejaba muchas veces que tenía demasiado que hacer.
La gente le preguntó cómo era eso de que en la soledad  y en la montaña tuviera tanto trabajo.
Les contestó:
"Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león".
“No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives.”
“¿Dónde están todos estos animales?”

Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron:
“Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también.”
Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo.
Tengo que domarlos para que sólo se lancen sobre una presa buena; son mis ojos.
Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan. Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir; son mis dos manos.
Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles.
Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me guste; son mis dos pies.
Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas.
Siempre está lista para morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula. Si no la vigilo de cerca hace daño; es mi lengua.
El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día; es mi cuerpo.
Finalmente necesito domar al león que quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso; es mi corazón.

DEJA SECAR LA IRA

Mariana se puso muy contenta cuando su madre le regaló un bonito juego de té color azul.

Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano para jugar con ella pero no podía porque tenía que salir con su madre.
Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían. Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió dejárselo haciendo hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.

Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado en el suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota.
Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá "¿Ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y lo ha roto y lo ha tirado todo tirado por el suelo".
Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones pero su madre cariñosamente le dijo:

"Cariño, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó.
¿Recuerdas lo que dijo tu abuela? Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil quitar la mancha.
Así es hijita. Con la ira es lo mismo. Hay que dejar que se seque primero porque después es mucho más fácil resolver todo".

Mariana no entendía todo muy bien pero decidió seguir el consejo de su madre y se fue a ver la televisión.
Un rato después sonó el timbre de la puerta...Era Julia con una caja en las manos y sin más preámbulo dijo:
"Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle? ¿El que a menudo nos molesta?
Vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero se enfadó y rompió el juguete que me habías prestado.
Cuando se lo conté a mi madre ella me llevó a comprar otro igualito para ti. ¡Espero que no estés enfadada!! ¡No fue mi culpa!“
"¡No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo a su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo manchado de lodo".

La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como realmente son.
Acuérdate siempre: ¡Deja la ira secar!

ACABANDO CON EL AMOR

Hubo una vez en la historia del mundo, un día terrible en el que el Odio, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes convocó a una reunión urgente con todos ellos.
Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano llegaron a esta reunión con la curiosidad de saber cuál era el propósito.
Cuando estuvieron todos habló el Odio y dijo: “los he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien".

Los asistentes no se extrañaron mucho pues era el Odio el que estaba hablando y él siempre quería matar a alguien. Sin embargo todos se preguntaban entre sí quien sería tan difícil de matar para que el Odio los necesitara a todos.
“Quiero que maten al Amor", dijo. Muchos sonrieron malévolamente pues más de uno le tenía ganas.
El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo: Yo iré, y les aseguro que en un año el Amor habrá muerto. Provocaré tal discordia y rabia que no lo soportará".
Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el informe del Mal Carácter quedaron decepcionados. “Lo siento. Lo intenté todo pero cada vez que yo sembraba una discordia, el Amor la superaba y salía adelante".

Fue entonces cuando muy diligente se ofreció la Ambición que haciendo alarde de su poder dijo: “En vista de que El Mal Carácter fracasó, iré yo. Desviaré la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará”
La ambición comenzó el ataque hacia su víctima quien, efectivamente, cayó herida. Pero después de luchar por salir adelante renunció a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.
Furioso el Odio por el fracaso de la Ambición envío a los Celos, quienes burlones y perversos inventaron toda clase de artimañas y situaciones para despistar al Amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas. El Amor confundido lloró y pensó que no quería morir y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció.

Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus más hirientes compañeros. Envío a la Frialdad, al Egoísmo, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre porque cuando el Amor se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba.
El Odio convencido de que el Amor era invencible les dijo a los demás: “Nada que hacer. El Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos”
De pronto de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no dejaba ver su cara. Su aspecto era tan fúnebre como el de la muerte: "Yo mataré al Amor", dijo con seguridad.
Todos se preguntaron quién era ese que pretendía hacer solo lo que ninguno había logrado. El Odio dijo “Ve y hazlo".

Tan solo había pasado algún tiempo cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles después de mucho esperar que por fin EL AMOR HABIA MUERTO.
Todos estaban felices pero sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro habló: “Ahí les entrego al Amor totalmente muerto y destrozado” Y sin decir más se marchó.
“Espera " dijo el Odio, “en tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿¿Quién eres??
El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo: “SOY LA RUTINA.”

Fuente: www.actosdeamor.com - www.enplenitud.com

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