Naciones Unidas alerta: Una amenaza científica se cierne sobre el continente blanco, el pedazo del planeta más susceptible a cualquier modificación de su entorno.

Las grandes compañías farmacéuticas son presa de una nueva fiebre del oro, cuyo objetivo son los diminutos microorganismos que logran sobrevivir en uno de los ecosistemas más inhóspitos de la
Tierra y que están siendo expoliados para investigar nuevos anticongelantes, productos de cirugía y hasta cremas para tratar la piel y las uñas.

La voz de alarma sobre el peligro que corre la Antártida -que se añade al que produce el calentamiento del planeta- la ha dado un equipo de investigadores australianos de la Universidad de las Naciones Unidas, Sam Johnston y Dagmar Lohah.

Johnston y Lohah han centrado su trabajo en los organismos extremófilos, es decir, aquellos que son capaces de sobrevivir en unas condiciones extremas, en este caso incluso, por debajo del
límite de congelación, pero también al de 100 grados centígrados, con tóxicos metálicos o en una salinidad muy elevada, situaciones que hacen imposible otro tipo de vida. Con metabolismos que son muy diferentes a los de los microbios normales, estos microorganismos suelen encontrarse en los fondos abisales del océano, a cientos de metros bajo la superficie terrestre, en ríos contaminados,junto a fumarolas de volcanes y, como no, en la Antártida.

Esta peculiaridad ha desatado el interés de las farmacéuticas e investigadores de todo el mundo, deseosos de encontrar inexplorados caminos que sirvan para descubrir nuevos medicamentos y productos que puedan tener un interés comercial.

Este es el punto que preocupa a Naciones Unidas, cuyos investigadores han comprobado que sólo en Estados Unidos, ya hay 300 referencias a la Antártida en la Oficina de Patentes basadas en la bioprospección del continente, mientras que en el
departamento correspondiente de la Unión Europea se han registrado otras 62 en los últimos años. «La búsqueda de estas formas de vida para hallar tratamientos contra el cáncer, antibióticos o productos industriales, recuerda a la fiebre del oro del siglo XlX», señala el informe. Y añade que, ante tamaño afán, se está quedando obsoleta la legislación que protege al
continente, el llamado Tratado Antártico, dado que no regula la propiedad de los materiales genéticos que de allí se sacan, sobre los que se consiguen patentes a decenas de miles de kilómetros sin considerar el daño ambiental que se puede causar al entorno.

La investigadora española Asunción Ríos, del Instituto de Ciencias Ambientales del CSIC donde trabaja en el estudio de estos microorganismos, señalaba a EL MUNDO que «ciertamente, debería haber un control estricto de las investigaciones, pero sin impedirlas, porque son importantes para averiguar por ejemplo, cómo está afectando el cambio climático a estos extremófilos de la Antártida».

Ciencia y Comercio:
Pero la línea que separa la ciencia del comercio es muy sutil, dado que muchos grupos científicos los componen consorcios mixtos de universidades y farmacéuticas, según alerta Sam Johnston.
De hecho menciona el caso de la glicoproteína, un microorganismo que impide a los peces congelarse en la Antártida y que ha ayudado a que el pescado congelado dure más, o a producir plantas que se conserven bajo cero.
Otro producto, de origen español, se ha extraído de la bacteria Pseudoalteromona antártica y se ha patentado para curar heridas y tratar la piel y las uñas, explicó el investigador en su informe.

«El Tratado Antártico no regula estas ctividades, por lo que es urgente actuar antes de que se convierta en un problema, como ya se hizo antes con el turismo, la minería o la caza de ballenas», señala Johnston.

FUENTE:
MADRID http://www.csic.es/prensa

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