¿Qué culpa tiene el tomate…? Aprovechando el dicho popular, en esta ocasión nos referimos a una reciente noticia científica que nos ha parecido interesante: un equipo de investigadores alemanes e israelíes ha descifrado en los tomates silvestres fragmentos de ADN que podrían permitir el desarrollo de mejores tomates cultivados.

 Efectivamente, todos hemos comentado que los tomates que consumimos actualmente “ya no saben como los de antes”. E incluso, tenemos algún amigo o conocido que tiene una pequeña huerta y que alguna vez nos da algunos tomates con un sabor más apreciado. Lo achacamos a que estos tomates no tienen fertilizantes químicos, o a que son recogidos ya maduros de la mata, y no verdes; sin necesidad de añadirles conservantes.Pero, claro, el coste del cultivo de estos tomates es muy elevado y no se podrían producir en masa como los que compramos en los supermercados. Y es que el tomate se ha convertido en un producto de elevado consumo.

En 2.004 se cosecharon mundialmente 120.000 toneladas, y todos los años este número aumenta. Esta planta, originaria de América, es un importante nutriente para los humanos. Numerosos estudios médicos han mostrado el valor que los tomates tienen para nuestra salud. El licopeno o caroteno rojo, el pigmento que hace que los tomates sean de ese color, es antioxidante y puede prevenir enfermedades del corazón y del sistema circulatorio. Los tomates fortalecen nuestro sistema inmunológico, y son ricos en vitaminas C y E. Pero después de siglos de cultivarlos para obtener la forma, color y demás rasgos, que los hacen idóneos como alimento, nuestros tomates actuales de huerta son de poca diversidad genética, en comparación con los tipos silvestres. Esto ha acabado afectando a su sabor y a sus prestaciones para la salud.

Investigadores del Instituto Max Planck de Fisiología Molecular de las Plantas, en cooperación con científicos de la Universidad Hebrea en Jerusalén, han identificado los fragmentos de ADN que los hacen saludables y sabrosos. Los investigadores cruzaron los tomates silvestres con los cultivados, y luego analizaron los constituyentes y la composición genética del híbrido. Para llevar a cabo la investigación se cambió la composición genética tecnológicamente. Comenzaron por estudiar las variedades de tomates creadas del cruce de tipos cultivados y silvestres para identificar la composición bioquímica de los frutos, y determinar qué factores controlan su desarrollo. Utilizando una combinación de espectrometría de masas y cromatografia de gases para el análisis de la composición de muestras biológicas, pudieron analizar rápida y simultáneamente los aminoácidos del fruto, así como sus ácidos orgánicos, vitaminas y azúcares. Estos constituyentes tienen una gran influencia en el sabor de los tomates.

El Dr. Alisdair Fernie, director del equipo investigador, descubrió que había 880 variaciones en la composición de los constituyentes de los descendientes producidos mediante el cruce de tomates de huerta y silvestres. Así, se pudo identificar partes de los genomas de los tomates, responsables de los cambios bioquímicos. Los resultados de este estudio podrían hacer posible en el futuro, cruzar tomates silvestres con tomates de cultivo de una manera específicamente dirigida a obtener variedades más nutritivas. Quizá estos sesudos investigadores se inspiraron en alguna de sus estancias en Almería por el sabor del famoso tomate “raf”.

¿Serán capaces de devolver este sabor, como los de antes, como cuando las verduras y las frutas tenían sabor, a los tomates que consumimos normalmente? Esperemos que sigan con las zanahorias, los melocotones, las sandías, etc.

Más información en la web del Instituto Max Planck: www.mpg.de Fuente: Revista Esfinge, Nº 69

* * * * * “El ser humano tarda varios años en aprender a hablar. Y el resto de su vida para saber cuando tiene que hacerlo”. -María Bestard-

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