¿Moda o algo más…? Precisamente es en los Estados Unidos de América, cuna y modelo de un tipo de sociedad que actualmente domina el mundo, es donde está surgiendo un curioso fenómeno a contracorriente.

Estudiantes de las más elitistas universidades del mundo, con ofertas de trabajo en empresas multinacionales o en el Gobierno, “sacrifican” dos años de su vida para dedicarse a la enseñanza en escuelas públicas de barrios marginales. Se trata del programa “Teach for America”. La profesión de maestro de escuela tiene una imagen deplorable especialmente en Estados Unidos.

Mal pagados, y además tienen el sambenito de que sólo los inútiles se dedican a enseñar. Al parecer hay una nueva hornada de estudiantes que van a hacer mucho para romper una lanza por la pedagogía y la dedicación a los más desfavorecidos, no sólo con palabras sino con hechos –que es lo que importa–.

Alex Domingues viene de Brooklyn y se ha especializado en relaciones económicas internacionales. Durante cuatro años ha estudiado en el Dartmouth College, una cara escuela superior en New Hampshire. Ha sacado notas bastante buenas. En lugar de ceder a tentadoras ofertas de empleo ha rellenado un formulario para Teach for America: durante dos años trabajará como maestro de escuela elemental en un barrio pobre de New Jersey. “Muchos de mis amigos no han tenido la oportunidad de ir a la universidad, porque no tenían dinero. Yo lo he tenido mejor, y por ello, me siento en deuda y quiero devolver algo de lo que he podido tener”.

Esta es básicamente la idea general de los que se han decidido a colaborar en este programa. Durante dos años perciben el sueldo básico de docentes primarios, una cantidad irrisoria comparada con los 30.000 dólares que cuesta un año de estudios en una de esas universidades de élite. Julia Hildrus, tras sus estudios en Dartmouth quiere estudiar Derecho en Harvard o Yale. “He visto muchas injusticias en nuestra sociedad y quiero intentar cambiar algo las cosas”, afirma. Más de cien estudiantes del Dartmouth College se han decidido directamente por participar en el programa. Esto es notable, si se tiene en cuenta el hecho de que tienen lucrativas ofertas de empleo del mundo empresarial. “Pero esto no importa”, afirma Chelsea Nielson, “Queremos hacer valer nuestra influencia”.

Tampoco les molesta la mala prensa del oficio de enseñar. 17.000 estudiantes han solicitado alguna de las 2.000 plazas disponibles este año. Los que han sido seleccionados, participan en un curso intensivo en verano donde aprenden lo básico para poder dar clases, antes de enfrentarse a los colegiales tras las vacaciones. Se han ofrecido hombres y mujeres de escuelas de elite como Yale, Harvard, Princeton o Dartmouth. Elisa Klapp, responsable de la selección de los admitidos, afirma no estar sorprendida por este hecho. “Muchos simplemente están furiosos por la situación deplorable de nuestra sociedad.

Quien tiene el color de piel ‘equivocado’ o se ha criado en un barrio ‘equivocado’ lo tiene especialmente difícil”. Según estudios del Instituto Brooking de Washington hay alrededor de un tercio de los estudiantes que han terminado sus carreras que están interesados en trabajar en el ámbito de lo social. Dan Kessler de la organización sin fin de lucro Idealist.com piensa que de ello se ha nutrido el programa "Teach for America". En los campus univesitarios se hace una intensa campaña para pretender a los mejores.

Ello tiene dos ventajas: los escolares pueden recibir clases de los mejor preparados, que algún día ejercerán sin duda labores directivas; y los jóvenes profesores obtienen una experiencia y una visión de la sociedad que posiblemente no conseguirían. Para muchos aspirantes la experiencia es simplemente “cool” (audaz, refrescante), tan “cool” que algunos buscan un empleo estable en la enseñanza tras sus dos años de prueba.

Fuente: Gunnar Schultz-Burkel http://www.spiegel.de/unispiegel/jobundberuf/ (Traducción del alemán: Rolando Sierra Lind)

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