"La conciencia de nuestros propios límites, el respeto por la dignidad humana, la capacidad de ponerse en el lugar del paciente, por ejemplo, van a influir de forma evidente en la asistencia médica".

 "La medicina es algo más que la conjugación de conocimientos y de actividades. La medicina es ciencia; es economía y política; es arte en el sentido hipocrático; es ética y religión: cuatro motores que la ponen en movimiento y le dan su auténtico valor".

"Es propio del médico elegir, entonces, un camino de rectitud, un camino que se dirija hacia las leyes cósmicas y su expresión". -Dr. Antonio Alzina Forteza-

Los párrafos que a continuación reproducimos han sido extraídos del libro: "Medicina para el cuerpo y para el alma", del Dr. Alzina.

Un libro, que sin duda es imprescindible, para entender un poco más y en lo posible, tanto nuestras enfermedades físicas como las del alma...

-PRÓLOGO-
Para decir algo de Antonio Alzina y no quedarse cortísimo, haría falta bastante más espacio que este del que disponemos.
Porque su currículo abarca una buena serie de páginas: Doctor en Medicina y Cirugía, Miembro fundador de la Sociedad Española de Laserterapia, Director del Instituto Internacional de Bioestimulación, Fundador del Centro Seraphis, Gran Cruz del Mérito por la Academia Italiana de Roma; sobresalientes, distinciones Cum Laude...

...Y ponencias, artículos y trabajos en una enorme variedad de materias.

Porque Antonio Alzina no es sólo médico del cuerpo. Es, y de eso sabemos mucho los que hemos tenido el honor y el placer de ser sus discípulos, médico del alma.

Como lo han hecho los verdaderos médicos de la antigüedad, ha impregnado su vida profesional de Filosofía, de conocimiento de la mente humana.

Gran conocedor de Paracelso, de Hipócrates, de Asclepios, de Servet, toma para sí lo mejor de cada uno y lo que más puede ayudar a los que a él se acercan.

En su mano, el caduceo es realmente el símbolo sagrado del médico, con todo lo que ello representa de entrega y sacrificio, de integración en un centro de equilibrio para el espíritu.

Somos muchos los que hemos sido, y somos, sus discípulos. Hemos asistido a sus charlas magistrales, a sus conferencias, a sus cursos.

Le hemos oído hablar de medicina, de la medicina mágica en Egipto, uniendo a sus conocimientos científicos un tremendo acervo cultural sobre la historia, la religión, el simbolismo del milenario país de los Faraones; de Grecia y de Roma...

Medicina y Filosofía. Antonio Alzina ha abierto ante nosotros páginas enteras de sabiduría, nos ha mostrado caminos para transitar con el alma abierta a todas las grandezas, a todas las bellezas. Ha sido, es, un verdadero Maestro.

Y también, en reuniones informales, en cenas, en viajes por esos países cuyo pasado mágico nos ha mostrado, nos hemos reído con él, con sus anécdotas de cien situaciones vividas, con su humor inteligente.

La recopilación del material que conforma este libro, desde artículos publicados en revistas de carácter cultural, trabajos monográficos, y conferencias pronunciadas en diversas ciudades de España, es tan sólo una pequeña muestra de la inmensa labor desplegada por el Dr. Alzina en el campo de la Medicina y de la Filosofía.

Pero por encima de todo, la publicación de este libro es un homenaje que queremos rendirle sus discípulos, por tantas enseñanzas y esfuerzos como nos ha dedicado en los mejores años de su vida.

Nos da todo lo que tiene, sin pedir nada a cambio.

Nosotros le pedimos que no cambie, y le ofrecemos junto con este libro la mejor de nuestras sonrisas y el mayor de los agradecimientos.

Entra pues, lector, en el corazón de un Médico bueno y generoso; entra despacio, sin prisa y con humildad, y entenderás algunos secretos del viejo y sagrado Arte de la Curación.

-La Ética-
La ética en la Medicina La asistencia médica a los enfermos es un acto esencialmente humano con una dimensión ética. Un buscador en la deontología médica, P. Peiro, nos dice:

"No se puede vivir sin una regla moral a la cual estén sometidas nuestras acciones".

El médico en ejercicio deberá tomar decisiones que pueden llegar a influir sobre la libertad o la vida humana. Deberá resolver problemas que no dependen solamente de sus conocimientos científicos, sino de sus creencias y de sus convicciones humanistas.

La conciencia de nuestros propios límites, el respeto por la dignidad humana, la capacidad de ponerse en el lugar del paciente, por ejemplo, van a influir de forma evidente en la asistencia médica.

Así, sensibilizado con el aspecto humano de la enfermedad, el médico puede comprender que está en presencia de un ser completo que sufre y que tiene necesidad de la ciencia.

Existe una ética general y una ética específica de la medicina cuyos orígenes se confunden. La historia de la ética médica es la historia de los ideales profesionales y de los valores asociados a ellos, que influyen en la función sanadora del médico.

Estos ideales éticos fueron desarrollados y codificados en cada época por los médicos más renombrados y constituyeron las normas que se imponían los practicantes. Desde los albores de la humanidad ha habido una imbricación entre religión y medicina.

No es pues sorprenderte que la ética religiosa tenga un sitio particular en la deontología médica. Asimismo, en otras épocas, los médicos han descubierto la aplicación médica y social de los ideales enseñados por los filósofos y pensadores: los pitagóricos, los estoicos, y otros.

La deontología ha variado en función de las épocas históricas y de las situaciones sociales de la humanidad. Ante estas fluctuaciones, el hombre ha tratado de establecer una deontología permanente.

Demos un vistazo a la historia de la deontología y a su evolución ante los grandes problemas de ayer, de hoy y posiblemente de mañana.

No podemos precisar el momento en que surge la deontología médica, porque nos encontramos en presencia de un proceso continuo en relación directa con la evolución del género humano.

La evolución de la deontología médica, está marcada principalmente por una serie de códigos médicos históricos que son, no solamente códigos deontológicos propiamente dichos, sino textos presentados bajo forma de reglas y de preceptos.

-Código de Hammurabi-
En Mesopotamia, bajo el reinado de Ur Nammu (2.050 a. de C.) se dictaron una serie de reglas médico-legales, consideradas por algunos autores como el primer código deontológico conocido de la Humanidad.

Este código ha sido reencontrado en Susa, inscrito en 21 columnas. Uno de los bajorrelieves nos muestra al rey de Babilonia recibiendo estas normas del dios Sol.

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El Código de Hammurabi, primer reglamento jurídico regidor del acto médico, contiene alusiones claras en cuanto a los honorarios médicos, así como a las sanciones previstas en caso de errores terapéuticos.

En general este código trata de la relación entre los médicos, los pacientes y la sociedad.

-Consejos de Esculapio-
Menos conocido que el juramento de Hipócrates, los "Consejos de Esculapio", destinados a los estudiantes de medicina, constituyen un texto magnífico sobre las bases y las motivaciones de la profesión médica.

Se revisan detalladamente los deberes, así como los sacrificios y las satisfacciones que implica el ejercicio de la medicina. Es un conjunto deontológico que difícilmente se puede superar. He aquí algunos puntos:

"¿Deseas ser médico, hijo mío?

Esta aspiración es la de un alma generosa, la de un espíritu ávido de ciencia.

¿Has pensado bien lo que será tu vida?

Deberás renunciar a tu vida privada.

Mientras que la mayoría de tus conciudadanos, una vez cumplidas sus tareas, pueden aislarse, lejos de los inoportunos, tu puerta deberá estar siempre abierta para todos.

Si amas la verdad, deberás callarla sin embargo. Deberás ocultar a algunos pacientes la gravedad de su mal; porque esta verdad podría herirles. No pretendas enriquecerte con esta actividad.

Te lo he dicho: es un sacerdocio y no sería decente que obtengas ganancias tan importantes como las de un comerciante de aceite o un comerciante de lanas.

Estarás solo cuando estés triste, solo cuando estudies, solo rodeado del egoísmo humano.

Si estimas el hecho de ser pagado con el alivio de una madre, con la sonrisa de aquel que ya no sufre, entonces... hazte médico, hijo mío".

-Cuerpos Sutiles en el Hombre-
... Nosotros disponemos de una cantidad fija de prana, y a lo largo de la vida lo vamos gastando; una parte la vamos reincorporando, reciclando, pero por falta de conocimientos, lo hacemos de una forma bastante precaria; por ejemplo: la polución y la vida que llevamos, son desastrosas para ello.

En cuanto a la polución, existe a nivel físico, en las partículas químicas que están en el aire, aunque esto no es demasiado grave; lo más grave es que, además de la polución física, existe otra energética, pránica.

Al absorber prana, estamos absorbiendo partículas buenas y malas, igual que respiramos aire bueno y malo al mismo tiempo; si siempre fuera malo, ya estaríamos muertos; y si siempre fuera bueno, no estaríamos tan enfermos como estamos habitualmente.

Una de las normas que podemos citar, en primer lugar, es la de evitar en lo posible esta polución. Si vivimos en una ciudad, hay que salir al campo de vez en cuando a respirar aire puro y a captar el prana en estado puro que se encuentra en él.

Decían los antiguos que el mejor lugar en el campo, para recibir buena energía, es colocarse debajo de un pino o de un eucalipto.

Seguramente habrá más árboles benéficos, ya que muchos deben de ser de la misma índole, pero los libros clásicos que hablan del tema, citan fundamentalmente el pino y el eucalipto.

Otro punto a considerar es el del tabaco. El tabaco tiene un efecto nefasto, y es que produce unos resquebrajamientos o aberturas negativas en todos estos centros de energía, principalmente del cardíaco hacia abajo.

También influye negativamente el cansancio excesivo, que es el agotamiento pránico. Nosotros trabajamos, corremos, o ejercemos alguna actividad hasta el límite, y acabamos con las baterías muy bajas; esto no es aconsejable a nivel de higiene pránica, ya que necesitamos cuidar un poco este cuerpo de la energía que nos da la vitalidad.

Estos excesos continuados no son recomendables, pues no se produce el "reciclaje" natural que necesitamos para estar básicamente sanos.

Otro elemento dañino para el cuerpo pránico es el que podemos llamar "vida lujuriosa" o el exceso de sexo descarga la cantidad de prana que tenemos, por lo que la recomendación es la misma que para el tabaco: moderación.

Estos serían los cuatro puntos más interesantes a tener en cuenta a la hora de asimilar una energía más o menos pura, para que no se nos escape tontamente.

El Pranayama enseña una serie de técnicas para captar adecuadamente estos corpúsculos pránicos, unos de origen solar, otros de origen lunar, otros terrestres, pero como no son técnicas fáciles, no las vamos a introducir en la conferencia de hoy.

Además, quiero señalar que algunos creen que el Hatha Yoga del Sur de la India, que es el que se divulga normalmente, es un método para captar más energía de la que tenemos de forma rápida y fácil. Esto es peligroso.

Se puso de moda en un momento dado, con las características comerciales de la época en que vivimos, y así se han divulgado unas técnicas muy fragmentadas...

Pero el Hatha Yoga puede afectar a nuestra constitución pránica e incluso a alguno de los demás cuerpos, y sin la guía de un verdadero Maestro puede resultar muy dañino.

También hay una serie de ideas falsas relativas al cuidado de nuestro cuerpo físico, y también del pránico, por no hablar de los demás cuerpos.

Muchos creen que procurando una alimentación muy seleccionada, o insistiendo en otros aspectos que se reflejan en el cuidado del cuerpo físico, son suficientes para tener una vida sana y espiritual. Esto es un error.

Para hablar de un ser humano básicamente sano, hay que tener el cuerpo, la vitalidad, los sentimientos y la mente muy sanos. No basta con cuidar el cuerpo físico y creer que ya estamos desarrollando nuestra parte divina o espiritual; este es un grave error, según nuestros pobres y humildes conocimientos.

Vamos a dar una serie de consejos al respecto.

El hombre, efectivamente, tiene que cuidar su cuerpo físico, pero también tiene que cuidar su cuerpo pránico, aplicando las recomendaciones que se han dado antes.

Pero el gran problema es que también tenemos que cuidar el cuerpo psíquico o de las emociones, y la mente. Generalmente no prestamos atención a los sentimientos y emociones, a desarrollar verdaderas formas de Amor.

Al no cuidar de esto, el resultado es que nuestro cuerpo psíquico está tan contaminado o más que el resto de los cuerpos; y lo mismo ocurre con la mente.

Pensamos o nos hacen pensar cualquier cosa...

Entonces, un verdadero régimen de vida sana tendría que afectar en primer lugar a la mente: buenas conversaciones, buenas lecturas, buenas películas, buen teatro, y si no lo hay, se evita.

Para una buena higiene del cuerpo de las emociones, lo fundamental es tener buenas amistades, buenas parejas, buenas formas de amor, que el amor esté en primer lugar y el sexo después. Para el cuerpo pránico, lo dicho anteriormente.

Y para el cuerpo físico, llevar una vida equilibrada y sin excesos. De esta forma, poco a poco, conseguiremos que el ser humano esté verdaderamente sano, que tenga sanas y puras las cuatro expresiones de su personalidad...

-Enfermedades del Fin del Milenio-
... Francamente, yo no estoy especialmente a favor de las infusiones, aunque desde que era estudiante las recetaba a las amistades, familiares y amigos que me consultaban sobre sus dolencias.

Es decir, en parte soy adicto a la Medicina Natural desde antes de ser médico. Pero no es algo que haya incorporado a mi actividad profesional porque esté de moda en estos últimos años. Es mucho más cómodo tomar una pastilla que preparar una infusión.

Pero hoy en día existen, gracias al desarrollo de la tecnología, extractos de plantas que se pueden tomar cómodamente en cápsulas, en gotas, en grageas, o en cualquiera de las variaciones que la farmacopea moderna pone al alcance de la mano, a través de la revitalización o puesta al día de la medicina natural.

Sin embargo, en las revistas de divulgación médica -no para el gran público sino para los millones de médicos que hay en el mundo-, sólo encontramos anuncios de medicamentos sintéticos, de productos químicos.

¿Por qué?

Porque el negocio está en fabricar sintéticamente todos estos productos.

Gracias a que se fabrican de esta manera, y no por extracción natural que es laboriosa y limitada, y que cuesta muchas horas de trabajo que valen dinero, esto es un buen negocio.

Y la medicina, como tantas otras cosas, desgraciadamente, se ha convertido, cada vez más, en un negocio.

Recetar extractos de plantas, salvo que se llamen por un nombre comercial, está mal visto por los médicos más serios y por la mayoría de los profesores de las Facultades de Medicina.
Digo la mayoría, porque no todos en realidad piensan así; simplemente, muchos no lo dicen porque les da vergüenza ser criticados por sus compañeros. Lo hablan los domingos, cuando se reúnen entre ellos, con la familia, o entre amigos.
Entonces se habla de lo bien que van los extractos de plantas para eliminar el colesterol o el ácido úrico, o para frenar el caballo desbocado del sistema nervioso; o para eliminar cosas tan tontas pero tan molestas como las alergias: un asma alérgico, una dermatitis alérgica; una impotencia, una esterilidad; todas aquellas que, en definitiva, son enfermedades muy corrientes, pero cuantitativamente en crecimiento.

Con una medicina que tuviera un enfoque no comercial, ni basada en el beneficio material sino en el beneficio del ser humano, serían enfermedades mucho más fáciles y efectivas de resolver, yendo a las causas y no a los efectos, utilizando productos que nos suministra la propia Naturaleza, que es nuestra mejor amiga, sin lugar a dudas.

Esto no se divulga en ninguna de las grandes publicaciones (o en casos extraordinarios es la excepción que confirma la regla), tanto libros como revistas, dirigidas a los médicos que pretendemos estar al día.

Cuando alguna revista o algún libro habla de estas cosas, tiene una tirada tan pequeña que, generalmente, no alcanza a sobrevivir a lo largo del tiempo y de los años. Con lo cual, sólo un porcentaje mínimo tiene acceso a ello.

Y también se hace difícil ese acceso a los pacientes que, en primera instancia, no deberían intoxicarse, o probar primero una medicina no agresiva. Y en todo caso, si no funciona, acudir a otro medio un poco más agresivo para eliminar el sufrimiento.

No hay varios tipos de medicina, como se ha tratado de demostrar en el transcurso de los últimos años. Hay puntos de vista en la medicina.

Medicina no hay más que una. Siempre, desde la antigüedad, se consideró que la ciencia médica, o la medicina eran, no sólo una Ciencia sino también el Arte de prevenir y curar las enfermedades, o al menos de mitigar el sufrimiento.

Ciencia y Arte unidos a algunas premisas morales y, sobre todo, de respeto al ser humano: por ejemplo, no perjudicar.
"Primero, no perjudicar", como ya enseñaban los antiguos. Hoy poco importa si la gente se muere del remedio y no de la enfermedad... porque igual se van a morir.

Deberíamos medir hasta qué punto no es una brutal inmoralidad atentar contra al ser humano, y contra aquello tan sagrado en el ser humano que es su salud física, su salud psicológica y mental.

No podemos dejar de mencionar algunas otras enfermedades que nos preocupan a todos, por ejemplo, las que son propias, o las que se derivan de la contaminación.

Es evidente que la contaminación, sobre todo en sociedades como la nuestra del llamado mundo occidental, ha mermado las oportunidades de salud de cualquier ser humano.

Pero existe una cosa que no se suele tener en cuenta, y que la filosofa sí contempla: que el ser humano pueda ser alguien por encima de las circunstancias, por encima de una lata de sardinas podrida, o por encima de un aire lleno de carbonilla que ennegrece las cortinas de nuestra casa en pocos días.

Y también respiramos el humo del tabaco. Y también está la contaminación que producen las industrias... y tantos ejemplos más.

Pero no debemos detenernos en los fenómenos de la contaminación del medio ambiente, sino que también hemos de tener presente, reiterando lo que hemos dicho antes, el avance tremendo de las enfermedades psíquicas y mentales.

Hay contaminación, no sólo en el plano físico, sino que hay una contaminación en la energía vital; hay una contaminación enorme en el plano psíquico, en nuestro mundo afectivo; y hay una contaminación absolutamente increíble en lo mental, en el plano de las ideas y de las imágenes, en nuestra maravillosa capacidad de imaginación que, generalmente, se queda en una modesta fantasía que sirve sólo para evadirnos.

¿Y por qué nos ocurre esto?

Nos ocurre esto porque somos ignorantes. Porque, tal vez, hasta que no se lavan nuestras cortinas y no vemos que el agua sale siempre negra, no somos conscientes de los hechos, por mucho que digan los periódicos "la contaminación es alta, es baja, es media...".

La realidad es que necesitamos pruebas. Necesitamos ver esa cosa negra, ver cómo se acumula de una forma vertiginosa en lo físico y en los otros planos más sutiles. Ya decían los antiguos egipcios que: "lo que es arriba es abajo, así como lo que es abajo es arriba".

Si no podemos conocer directamente lo de arriba, ante nuestra ignorancia de los planos más sutiles, psíquicos y mentales, podemos, conociendo los planos más tangibles como el físico, hacernos una idea de cómo está lo demás.

Lógicamente, al estar menos pendientes o ignorar que existe contaminación en todos esos otros planos humanos, nos encontramos con un medio ambiente psíquico y mental absolutamente deteriorado.

Eso también se puede comprobar en el avance de las enfermedades psíquicas y mentales, y en aquellas que se llaman enfermedades psicosomáticas.

Es decir, que el cuerpo las manifiesta. Muchas veces el sufrimiento es físico, de una forma tan clara como un infarto, o como un síndrome asmático, o como una úlcera; pero, sin embargo, es debido a preocupaciones reiteradas, a la hipersensibilidad que produce en gran parte esa contaminación psíquica ambiental.

Así, nos encontramos con personas desvalidas ante esos medios que nos agreden, y ante los cuales no tenemos ningún tipo de defensa.

Es un "sida psicológico o un sida mental" sin remedio, porque ni siquiera lo detectamos, ni lo reconocemos; no nos damos cuenta de que estamos viviendo en un mundo lleno de virus peligrosos, de microbios que tienen una enorme capacidad para infectarnos...

Hemos de tomar precauciones también con respecto a las modas sanitarias. Se habla mucho del SIDA, y hemos dicho que hay virus o microbios tan peligrosos o peores para los planos sutiles, como el del SIDA en lo físico.

Pero así como en nuestro mundo hay modas para todo, también hay modas sanitarias, por ejemplo la moda del "cuidado con el colesterol".

Nos dicen que hay que vigilar mucho el colesterol: no hay que comer huevos, no hay que comer grasas animales, no hay que comer carne animal en general; además hay que tener mucho cuidado con las comidas que llaman rápidas, hay que tener mucho cuidado con todos los embutidos, hay que tener cuidado prácticamente con todo.

Y lo desalentador es que la alternativa es la lechuga y la ternera joven, sin grasa, pero llena de hormonas. O sea, prácticamente, hormonas. Aunque exagere un poco, es así. ¡Y cada vez más es así! También los pollos están llenos de hormonas.

Hace unos veinte años se describió un único caso (pero estos casos se entierran rápidamente): hubo un carnicero al que le gustaba comer el cuello de los pollos, justamente la zona donde se inyectan las hormonas para que el pollo crezca más rápido y que en la menor cantidad de tiempo se pueda comercializar, vender y consumir.

El carnicero se afeminó progresivamente en uno o dos años, y por fin descubrieron la causa. Eso está publicado, pero lógicamente no en las revistas médicas de gran divulgación, de gran credibilidad, de millones de ejemplares.

En esos textos no se encuentran estas descripciones, y tampoco se encuentra, por ejemplo, el hecho de que en la lechuga, tan inofensiva y tan sana, hay cantidad de productos químicos, de herbicidas, de insecticidas y tantas otras cosas que no tienen nada que ver con la pobre lechuga.

Otro ejemplo de los más típicos: nos privamos de comer chorizo, jamón serrano, salchichón, pero comemos jamón de york porque es muy suave y digestivo. Pero ese jamón se hace con todo menos con jamón.

Se hace de fécula. La grasa que tiene tampoco es de cerdo. Es de un mamífero, es de ballena. Y para que pese más se le suele poner fosfato de plomo. En el jamón más caro, hay menos fosfato de plomo y menos grasa de ballena.

En el más barato, casi todo es eso. Y si no lo creen, comparen el peso que tiene una pieza de jamón con relación a su volumen, con una pieza de carne de verdad.

Por lo tanto, si quieren un consejo práctico: comer lacón, que es más barato, y que es seguro; por lo menos sabemos lo que comemos.

Respecto a la pobre lechuga, en la que ponemos nuestra esperanza, pensando que así tenemos una nutrición mucho más sana, que así no matamos a ningún animalito..., está más que demostrado, desde hace muchos años, que las plantas sienten; lo que pasa es que no se pueden expresar de una forma tan entrañable como los animales domésticos.

En relación a las dietas macrobióticas con cereales integrales, ¿dónde se acumulan mayormente las substancias químicas que permiten que los cultivos sean rentables (pesticidas, herbicidas y otros productos que son francamente venenosos)?

Pues en la cáscara de los cereales. Entonces, comemos cereales integrales que son mucho más sanos, que tienen fibra, y resulta que nos estamos intoxicando más que nunca.

Por eso, muchos médicos hemos visto pacientes que han seguido dietas de este tipo para mejorar su salud, o incluso para curarse de alguna enfermedad, y han acabado realmente muy enfermos.

Es lamentable, pero es así: porque nos engañan.

También nos engaña mucho el miedo.

A veces tenemos miedo a estar enfermos porque nos enteramos de que la vecina ha tenido un cáncer de mama, y en cuanto sentimos la más mínima molestia ya pensamos que es lo mismo, cuando en realidad, a una señora, con la menstruación, le ocurre lo mismo todos los meses.

Y así con muchos otros síntomas...

Fuente:
Extraído del libro “Medicina para el cuerpo y para el alma”.
Dr. Antonio Alzina Forteza. (Ed. N. A.)
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"De todas las reacciones posibles ante una injuria, la más hábil y económica es el silencio".
-Ramón y Cajal-

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