La aromaterapia es el arte de inducir la relajación, aplacar dolores y potenciar el bienestar, la salud y la belleza mediante la utilización de fragancias aromáticas.

La aromaterapia estimula el sistema nervioso y centros neuronales de la emoción produciendo una sensación agradable y relajante.

Existen diferentes técnicas de aplicación de la aromaterapia. El método de aromaterapia utilizado en los bares de oxigeno, es mediante la inhalación directa de las fragancias aromáticas.

Historia:

Aunque la palabra aromaterapia se utilizó por vez primera en el presente siglo para describir el uso de los aceites esenciales de las plantas como una forma de tratamiento, los principios en que se basa son muy, muy antiguos.

La aromaterapia tiene sus raíces en las más antiguas prácticas curativas de la humanidad, pues las plantas de las que ahora derivamos los aceites esenciales fueron utilizadas durante miles de años antes de que se descubriera la técnica de destilar los aceites.

Los arqueólogos han hallado trazas de numerosas plantas de reconocido valor medicinal en los centros funerarios y habitáculos del hombre primitivo (pueden identificarse por el análisis del polen fosilizado), y es muy improbable que sus usuarios no conocieran nada de sus propiedades curativas, incluso si las descubrieron tropezando con ellas por accidente.

Los primeros hombres probablemente descubrieron por azar que algunas hojas, bayas y raíces que habían recogido como alimento hacían que los enfermos se sintieran mejor, o que sus jugos ayudaban a curar las heridas.

Probablemente observó asimismo las plantas qué los animales enfermos preferían comer.

Semejante conocimiento tuvo que ser muy valioso para unas gentes que dependían enteramente de los recursos que pudieran explotar en su entorno inmediato, y una vez descubierto, sería transmitido dentro de la tribu, como parte de su sabiduría compartida.

Cuando los brotes de algunos arbustos o árboles eran arrojados al fuego, inicialmente sólo con la intención de proveer combustible, el humo y los aromas desprendidos debieron hacer que la gente se aturdiese, o se sintiese feliz, o excitada, o incluso debieron dar a lugar a experiencias “místicas”.

Si la misma sensación era sentida por todos los que rodeaban el fuego, y si sucedía lo mismo la siguiente vez que se quemaban algunos brotes del mismo arbusto, se reconocería que ese arbusto producía dicho efecto, y posiblemente se le consideraría «mágico».

El «ahumado» de los pacientes fue una de las primeras formas de medicina, y puesto que la religión y la medicina iban estrechamente asociadas, el uso de humos especiales formó también parte de todas las religiones primitivas.

Cuando los pueblos primitivos hacían a sus dioses ofrendas de plantas aromáticas, quemadas u ofrecidas enteras sobre un altar, realizaban un sacrificio muy real, pues estaban dando a los dioses algo que era muy valioso para ellos.

El uso del humo sagrado o mágico, bajo la forma de incienso, ha sobrevivido como parte de casi todas las religiones más importantes, tanto de Oriente como de Occidente, y el uso de la fumigación con plantas aromáticas siguió siendo una práctica médica normal hasta el presente siglo.

Los hospitales franceses quemaban tomillo y romero en sus salas como desinfectantes.

¡Irónicamente, ahora que esta práctica se ha interrumpido, la investigación de laboratorio ha demostrado lo efectivas que son ambas plantas como bactericidas!

En algunas partes del mundo menos avanzadas (¿ ?), el ahumado es todavía una práctica habitual.

Los egipcios utilizaban las plantas aromáticas casi 3.000 años antes de Cristo con fines médicos y cosméticos, así como para embalsamar los cuerpos de sus difuntos.

Establecieron grandes almacenes para sus perfumes, tanto para uso público como privado.

En las ocasiones estatales importantes se quemaba incienso, y las muchachas danzaban con conos de perfume sobre sus cabezas, que se fundían y dispersaban gradualmente en el aire mientras bailaban.

Hace 6000 años el médico, escriba, astrólogo, arquitecto y Sumo Sacerdote egipcio, Imhotep, recomienda la utilización de fragancias de aceites para el baño, masaje y embalsamo de los muertos.

Cleopatra famosa por su gran belleza, se sometía a tratamientos de limpieza y baños de aceites para mejorar las propiedades y brillo de la piel.

Sabemos por diversos documentos conservados en papiros (de los que los primeros datan del 2890 a. de C., aproximadamente) cuáles eran las plantas que utilizaban con fines medicinales, y el método de uso de éstas.

Hicieron píldoras, polvos, supositorios, pasteles y purés medicinales, ungüentos y pastas para uso externo, etc., de una amplia variedad de árboles y plantas, así como de sustancias animales y minerales.

Utilizaron asimismo las cenizas y el humo de las plantas. Los productos naturales utilizados incluían el anís, el cedro, la cebolla, el ajo, el comino, el coriandro, el castoreo, las uvas y las sandías, entre muchas otras.

Extrañamente, para ser una civilización tecnológicamente tan avanzada, los egipcios parecen haber ignorado el modo de destilar los aceites esenciales.

En las tablillas de aquellos días se cuenta que los aceites del cedro y del ciprés eran importados (lo que quiere decir que ya existía un comercio internacional de los aceites), pero parece tratarse de aceites por infusión.

No se encuentra en los documentos referencia alguna al hecho de que los aceites fueran destilados, y ninguno de los contenedores descubiertos en las tumbas habría sido adecuado para conservar aceites esenciales.

Se han hallado grandes números de jarras de cosméticos y ungüentos, así como de botellas de aceites, en las pirámides, con huellas todavía intactas de su contenido original.

Se trataba sobre todo de ungüentos grasos o pastas gomosas, y los aromas del incienso, el estoraque, etc., eran todavía perceptibles.

Un poco más hacia el este, en la cuenca mesopotámica, entre el Tigris y el Eufrates, los doctores babilónicos registraron sus fórmulas y prescripciones sobre tablillas de arcilla, las más primitivas de las cuales se encuentran en la escritura cuneiforme de los sumerios.

A diferencia de los egipcios, no registraron las cantidades a utilizar (que presumiblemente eran de conocimiento general), pero dieron cuidadosos detalles sobre el momento en que debía prepararse y tomarse el remedio (generalmente al amanecer, antes del almuerzo).

Un rey de Babilonia ordenó crear un jardín de plantas medicinales, y sabemos que contenía manzanos y membrillos, pepinos, calabazas, ajos, cebollas, hinojo, azafrán, tomillo, mostaza, alcaravea, coriandro, rosas, enebro y mirra -en otras palabras-, muchas de las plantas que hoy en día utilizamos en la medicina herbal y en la aromaterapia.

Los antiguos griegos adquirieron mucho de sus conocimientos médicos de de los egipcios, al tiempo que hicieron descubrimientos adicionales por su cuenta, como el de que el olor de ciertas flores era estimulante y renovador, mientras que el de otras era relajante y soporífero.

Utilizaron el aceite de oliva (un artículo abundante en Grecia, tanto entonces como ahora) para absorber el olor de los pétalos florales, o de las plantas, y utilizaron el aceite perfumado con fines tanto medicinales como cosméticos.

Los soldados griegos llevaban consigo a la batalla un ungüento hecho de mirra para el tratamiento de las heridas.

Hipócrates al que todavía se reverencia como «padre de la medicina», menciona en sus escritos un amplio número de plantas medicinales, incluyendo gran número de narcóticos -opio, belladona y mandrágora, entre otros-, así como plantas y frutos más humildes del tipo del ruibarbo, el membrillo, etc.

Usaba los baños de aromaterapia y técnicas de masajes como métodos de tratamiento curativos.

Además Hipócrates realizaba fumigaciones aromáticas para liberar Atenas de las plagas.

Hipócrates, sin embargo, puso mayor importancia aún en las cualidades morales necesarias para convertirse en doctor, como el discernimiento, la humildad y la devoción.

El «Juramento Hipocrático» se enseña a los alumnos de las escuelas de medicina.

¡Quizá si se les enseñara también algunos de los métodos de Hipócrates, el mundo de la medicina estaría menos embrollado!

Muchos doctores griegos fueron empleados por Roma como cirujanos militares, médicos personales de los emperadores romanos, etc.

Galeno, que fue médico de Marco Aurelio, ¡se inició como cirujano de una escuela de gladiadores! Y está escrito que ningún gladiador murió por sus heridas durante el tiempo en que ofició Galeno.

Quizá esto no sea tan sorprendente, pues conocía un número fantástico de «simples», a partir de los cuales preparaba sus remedios.

Escribió mucho sobre la teoría de las plantas medicinales, y dividió las plantas en diversas categorías médicas, conocidas todavía como «Galénicas».

Asimismo, inventó la «cold cream» original, que fue el prototipo de casi todos los ungüentos actualmente en uso.

Otro griego que ejerció como doctor en el ejército romano fue Dioscórides -en esta caso bajo Nerón-, el cual recogió las plantas medicinales de numerosos países alrededor del Mediterráneo.

Hacia el año 78 d. de C. había recogido toda la información sobre estas plantas y sus usos en los cinco inmensos volúmenes de su "Materia Médica".

En el primer siglo después de Cristo, el historiador romano Plinio, autor del libro de la "Historia Natural", menciona 32 remedios diferentes a base de rosas, 21 remedios con lilas, 17 remedios con violeta y otros.

Obras de Galeno, Hipócrates, Dioscórides y otros fueron traducidas al persa y otras lenguas árabes, y tras la caída de Roma, los médicos romanos supervivientes que huyeron a Constantinopla se llevaron consigo sus libros y conocimientos.

El Imperio Bizantino, al tiempo que utilizó medicinalmente las plantas, hizo un generoso uso de los perfumes.

A través de Constantinopla, por la traducción de las obras médicas grecorromanas, y gracias a la famosa biblioteca médica de Alejandría, el conocimiento acumulado en la Antigüedad pasó al mundo árabe.

El primero de los grandes médicos árabes del que tenemos un conocimiento detallado fue Abu Bahr Muhammad ibn Zakaria al-Razi (865-925 d. de C.), que escribió más de dos docenas de libros sobre medicina, muchos de los cuales consistían en colecciones de fórmulas herbales.

Pero el más grande de los médicos árabes fue sin duda Abu Ali Ibn Sina (980-1037 d. de C.), conocido entre nosotros como Avicena.

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Estudió lógica, geometría, metafísica, filosofía, astronomía, y todas las demás ciencias naturales conocidas en sus días, así como la medicina -de hecho fue un perfecto ejemplo de lo que llamaríamos un «hombre del Renacimiento»-.

¡Aparentemente, fue un niño prodigio, y ya era un doctor famoso a los dieciocho años de edad!

También dejó valiosos escritos, en los que describió más de 800 plantas y sus efectos sobre el cuerpo humano.

No todas ellas han sido identificadas, pues a veces se las describía con los nombres vernáculos locales.

Entre las plantas que pueden identificarse con garantías hallamos el alcanfor, la manzanilla y la lavanda -todas ellas con aceites valiosos hoy en día para la aromaterapia-.

Introdujo la dieta frugívora (que utilizaba frutas con alto contenido en azúcares naturales, como las uvas y los melones), inventó la tracción para los miembros rotos y la manipulación de las anormalidades de la columna, y escribió la descripción de varios movimientos de masaje.

Sin embargo, su mayor importancia para la historia de la aromaterapia estriba en considerársele descubridor del método de la destilación de los aceites esenciales.

Tanto si Avicena mismo descubrió o inventó el proceso de la destilación como si no, lo cierto es que los manuscritos árabes de su tiempo contienen dibujos de aparatos destiladores, cuyos principios básicos no han cambiado hasta el día presente, incluso si el método de construcción es ahora más sofisticado.

¿Qué sucedió en Europa entre la caída del Imperio Romano y el siglo X aproximadamente (la época conocida como las Edades Oscuras, debido a la falta de documentos coherentes)?

No lo sabemos realmente, pero es probable -y, a decir verdad, casi seguro- que hubiera una tradición establecida sobre el uso de las hierbas medicinales, gran parte de la cual sobrevive en la medicina popular de hoy en día.

Sabemos que hacia el siglo XII los «perfumes de Arabia» (es decir, los aceites esenciales) eran famosos a todo lo largo de Europa. Los caballeros cruzados trajeron de vuelta consigo no sólo los perfumes, sino el conocimiento de cómo destilarlos.

A falta de los árboles aromáticos y resinosos del Oriente, los europeos utilizaron el espliego, el romero, el tomillo y todos los arbustos aromáticos nativos del Mediterráneo, que pronto fueron cultivados mucho más al norte.

Los manuscritos medievales contienen referencias al agua de lavanda y a numerosos métodos para hacer aceites perfumados (aceites por infusión).

La invención de la imprenta pronto condujo a que estas recetas y métodos se publicasen en libros conocidos como «Herbarios», y cualquiera que supiera leer podía tener acceso a recetas para aceites por infusión, aguas aromáticas, decocciones, infusiones y otros métodos de tratamiento con las plantas.

Las mujeres del hogar hacían todos estos remedios para su uso casero, así como almohadillas perfumadas, bolsas de lavanda y otros saquitos herbales para perfumar el hogar y proteger la ropa de las polillas.

Otros remedios más complejos eran comprados al boticario, quien también vendía los apreciados «aceites esenciales», conocidos entonces como "aceites químicos" (aunque las grandes casas tenían sus propias salas de destilación).

Los suelos eran alfombrados con hierbas que desprendían sus aceites volátiles cuando se caminaba sobre ellas, y las almohadillas perfumadas o pequeños ramos de hierbas aromáticas, conocidos como “antimugre”, eran llevados a los lugares públicos para ahuyentar las infecciones, especialmente la peste.

Esta tradición viene también de milenios atrás. En nuestra propia tierra, en el poblado ibérico de Mogente (Valencia), se puede ver una reconstrucción completa de una cabaña ibera.

Entre los materiales empleados para fabricar el techo se insertaban abundantes ramas de romero, cuyas propiedades medicinales y profilácticas sin duda conocían.

Estas prácticas fueron a menudo despreciadas por los historiadores como supersticiones, pero, de hecho, muchas de las hierbas utilizadas son conocidas hoy en día como poderosos desinfectantes, bactericidas e incluso agentes antivirales.

Otras son reconocidos insecticidas o repelentes de insectos, y resultaban valiosas contra las pulgas, piojos y moscas que transportaban enfermedades.

Algunos de los herbarios más famosos fueron los compilados por Gerard, Banckes y Culpeper en Inglaterra, Otto Brunfels, Leonard Fuchs y Jerónimo Bock (¡no Bosch!) en Alemania, Nicolás Monardes en España -quien incluyó plantas de las recién descubiertas Américas-, Charles de L'Ecluse en Francia, y Pietro Mattioli en Italia.

¡El herbario de Mattioli, muy basado en la obra de Dioscórides, fue traducido en numerosas lenguas europeas, y vendió 32.000 copias, convirtiéndose en uno de los «best-sellers» del siglo XVI!

A lo largo de la Edad Media y de la Era Tudor, doctores, boticarios y gente corriente utilizaron todo tipo de medicinas con plantas, pero hacia el siglo XVII la creciente y nueva ciencia de la química experimental dio origen a nuevos usos de las sustancias químicas en la medicina.

Nicolás Culpeper escribió apasionadas denuncias de los doctores que utilizaban substancias venenosas, como el mercurio, pero fue despreciado por muchos como anticuado, aferrado a sus ridículas y viejas hierbas, o simplemente como envidioso del éxito financiero y la posición ocupada en la sociedad por aquellos.

¡La preocupación de nuestros días por los efectos laterales de las drogas peligrosas no es algo nuevo!

Sin embargo, las actitudes hacia los practicantes «alternativos» son ahora algo más objetivas.

Bárbara Griggs, señala en "Farmacia Verde" que el apogeo de la quema de brujas en el siglo XVII coincidió con el nacimiento de la química primitiva, y fue tan inspirado por el deseo del cuerpo médico de suprimir el conocimiento de las «mujeres sabias» de las aldeas como por el afán del cuerpo religioso de suprimir la herejía.

Digamos de paso, que el último lugar de Inglaterra donde se quemaron brujas fue Greenham Common.

Por supuesto, no toda la nueva experimentación era dañina, y como resultado de ella se descubrieron muchas importantes sustancias minerales naturales, algunas de las cuales por ejemplo, el selenio sólo ahora están empezando a comprenderse plenamente en su relación con la salud y el bienestar.

El químico Friedrich Hoffman (1660-1742) investigó mucho en la naturaleza de los aceites esenciales, igual que investigó las aguas minerales naturales de diversos balnearios.

Pero un aspecto dañino de la especialización creciente fue el modo en que arrebató la medicina de las manos de la gente ordinaria.

Los químicos continuaron investigando los ingredientes activos de las plantas medicinales a lo largo de los siglos XVIII y XIX, e identificaron numerosas sustancias como la cafeína, la quinina, la morfina, la atropina, etc., todas las cuales tienen papeles válidos e importantes que jugar, aunque esta búsqueda de los principios activos aislados de las plantas estaba ya alejándonos del uso de las substancias íntegras naturales.

Esto no significó, por supuesto, que los aceites esenciales dejaran de utilizarse, pues muchos permanecieron en las farmacopeas hasta bien entrados en el siglo XX, y un número más pequeño puede aún encontrarse en el uso farmacéutico general de nuestros días (lavanda, menta y mirra, por ejemplo).

Gradualmente, sin embargo, comenzaron a ser suplantadas por drogas sintéticas, derivadas en su mayor parte del alquitrán, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, con los desastrosos resultados que todos conocemos.

Desearía detenerme en este punto para considerar el uso de las plantas para la curación en el Lejano Oriente, especialmente en India y China, donde son parte de una tradición ininterrumpida, de miles de años de antigüedad -en contraste con la situación en Europa- donde sólo ahora estamos redescubriendo nuestra herencia perdida de conocimiento.

En la India, el uso de las plantas refleja la visión religiosa y filosófica del hombre como parte del proceso, continuamente cambiante, de la naturaleza.

Los más antiguos textos religiosos (tales como el Rigveda, de 2.000 años antes de Cristo) contienen fórmulas, así como invocaciones a las plantas mismas:

«¡Simples, que habéis existido durante tanto tiempo, incluso antes de que nacieran los Dioses, quisiera entender vuestros setecientos secretos...! Vamos, plantas sabias, sanad a este paciente por mí».

La medicina india estaba basada exclusivamente en las plantas, reflejando los principios vegetarianos de las principales religiones y la India es en verdad rica en plantas medicinales.

El rey budista Ashoka (siglo III a. de C.) organizó y reguló el cultivo de plantas medicinales. Se prestaba gran atención a las condiciones en que crecían las plantas y a las personas ocupadas de su manejo:

«Deben ser recogidas por un hombre puro y santo... que haya ayunado previamente. Sólo deben cosecharse en lugares no fácilmente accesibles a los hombres, con suelo fértil y buen drenaje, y no cerca de un templo o lugar santo, ni cerca de un suelo para enterramientos...».

Las plantas medicinales de la India se hicieron famosas a todo lo largo de Asia, y finalmente llegaron hasta las fórmulas médicas occidentales, al tiempo que forman la base de la medicina india tradicional del presente (medicina ayurvédica).

Incluían la alcaravea, la pimienta, el cardamomo, el jengibre, el clavo, el sándalo, el benjuí, el cannabis, el castoreo, el aceite de sésamo, el aloe y la caña de azúcar.

Las siete primeras plantas de esta lista se utilizan actualmente en aromaterapia, en forma de aceites esenciales, y el aceite de sésamo es a veces utilizado como portador de aceites.

También China tiene una tradición extremadamente antigua e ininterrumpida de medicina herbal, que se utiliza al lado de la acupuntura, y complementando a esta.

Una vez más, muchas de las plantas han sido conocidas y utilizadas durante miles de años -los documentos más antiguos están en el "Libro de Medicina Interna del Emperador Amarillo"-, que data de más de 2.000 años a. de C.

El gran clásico de la medicina herbal china, conocido como Pen ts'ao Kang Mu, da una lista de no menos de 8.160 fórmulas diferentes, compuestas por casi dos mil sustancias diferentes, la mayoría de ellas plantas, aunque incluye minerales como el azufre, el hierro y el mercurio.

Esto representa una gama de plantas mayor que la conocida en cualquier otra tradición de medicina.

Muchas de las plantas utilizadas comúnmente en China son también conocidas en la medicina occidental de las plantas: margarita, genciana, regaliz, nogal, melocotón, llantén, ruibarbo, etc.

El té chino es utilizado como remedio para los enfriamientos, los dolores de cabeza y la diarrea.

El opio era conocido y utilizado como tratamiento para la disentería ya en el año 1000 a. de C., pero no se lo fumó hasta el siglo XVI d. de C., cuando se prohibió el alcohol bajo la dinastía Ming.

Volviendo a Europa y al día presente, encontramos no sólo una intensificación de la investigación en las drogas sintéticas, apoyada por las grandes industrias (es Bárbara Griggs, una vez más, la que ha señalado que no podemos patentar una planta, de modo que la medicina de las plantas no rinde grandes beneficios), sino también un renovado interés en el uso de las plantas y sus productos de una forma más completa y natural.

El interés en los aceites esenciales de las plantas se inicia en 1920, cuando René Maurice Gattefossé, químico en la compañía de perfumes de su familia, se interesó por los aspectos medicinales de los aceites.

Descubrió que muchos de los aceites esenciales utilizados en los productos de la empresa eran mejores antisépticos que los antisépticos químicos añadidos a los mismos productos.

Entonces, un día, se quemó gravemente la mano en una explosión del laboratorio, y sumergió la mano quemada en aceite puro de lavanda. Se curó excepcionalmente rápido -en sólo unas pocas horas-, no se infectó y no le quedó cicatriz.

Esto le condujo a desarrollar el uso de los aceites esenciales en dermatología, y emprendió una enorme investigación sobre sus usos medicinales.

Primero acuñó el término "aromaterapia" en una revista científica, y publicó un libro con el mismo nombre en 1928.

Otros doctores, científicos y escritores franceses han continuado este trabajo, muy principalmente el doctor Jean Valnet, antiguo cirujano del ejército que utilizó los aceites esenciales para tratar quemaduras graves y heridas de guerra.

Más tarde trató a pacientes de un hospital psiquiátrico con los aceites y otros productos de las plantas, con gran éxito a pesar del escepticismo del personal del hospital.

Su libro "Aromatherapie" se ha convertido en el libro de texto clásico de la práctica aromaterápica seria, y es el presidente de la Sociedad Francesa de Fitoterapia y Aromaterapia.

Marguerite Maury, André Passebecq y Marcel Bernadet han aumentado todo nuestro conocimiento, tanto a través de su práctica como de sus libros.

Aplicaciones de la aromaterapia
Entre los diferentes usos de la aromaterapia podemos destacar los siguientes:

- La aromaterapia se utiliza como método de terapia alternativa y tratamiento curativo de ciertas enfermedades. Además es un calmante del dolor.

- El uso de la aromaterapia se extiende también al tratamiento de la piel, el pelo, las uñas y en general como método de belleza.

- Otro uso extendido de la aromaterapia es como tratamiento psicológico de la mente y control de las emociones (aromacologia).

- También se utilizan los aromas para generar atmósferas de espiritualidad y filosofía, restablecimiento del equilibrio y armonía interior.

- Bares de oxigeno. La combinación del Oxigeno y los aromas justifican el éxito de los bares de oxigeno en "spas" y centros de belleza.

Los bares de oxigeno utilizan la combinación del oxigeno y la aromaterapia como terapia alternativa. Es un método acertado e inteligente para potenciar la relajación de la persona y generar una sensación de agrado y placer.

Aromas
Los aceites esenciales y aromas en polvo son extractos o esencias de flores, hierbas y frutos que se obtienen mediante técnicas como la destilación e infusión.

Cada aroma tiene propiedades curativas y producen sensaciones diferentes en cuerpo y mente.

Uno de los aromas más conocidos en la aromaterapia es la lavanda, que se utiliza para el tratamiento de heridas, mejorar la memoria y además ayuda a dormir combatiendo la ansiedad y el insomnio.

El eucalipto estimula la concentración en el propio espíritu, es un aroma protector y curativo. Aromas frutales como la fresa y la lima tienen efectos estimulantes y revitalizadores.

Otros como la vainilla y el melocotón calman y relajan el cuerpo y la mente.

La menta y clorofila son calmantes y clarificadoras y provocan sensación de limpieza interior.

A continuación se definen y describen las propiedades de algunos aromas:

Lavanda
Planta originaria de las regiones del mediterráneo, florece en verano. Sus flores son de color azul-violáceo y se agrupan en espigas muy aromáticas que proporcionan un olor característico.

Es relajante, elimina tensiones y dolores de cabeza, mejora la depresión y el insomnio.

Aplicada sobre la piel trata el acné, las alergias y las quemaduras. También puede utilizarse como repelente de insectos.

Limón
Desde la antigüedad se le ha dado mucha importancia a esta fruta debido a sus efectos medicinales. Crece desde el nivel del mar hasta los 1.400 metros, se adapta a muchos tipos de suelos con abundante lluvia y luz solar.

LA-AROMATERAPIA-EAñadido al baño es refrescante y estimulante. Aplicado mediante un masaje, elimina la cefalea y migraña, mejora la depresión y alivia el dolor menstrual y urinario.

Es astringente y antiséptico.

Menta
Nativa de Europa ha sido muy apreciada desde las civilizaciones antiguas.

La parte más empleada de este vegetal son sus hojas. Se recolectan en tiempo cálido y soleado, antes o después de la floración. En Grecia ya la utilizaban para curar golpes y heridas.

En forma de vaporizaciones, se emplea para la bronquitis, catarros, sinusitis, asma y tos. También alivia la fatiga mental, el estrés nervioso y las palpitaciones.

Cuando la esencia se aplica con un masaje se utiliza en las diarreas, indigestiones, neuralgias y flatulencia.

Jazmín
Originario de la India, fue difundido por Europa a través de Marco Polo y otros comerciantes por la ruta de la seda.

LA-AROMATERAPIA-FEs una planta trepadora, se desarrolla en terrenos húmedos y fértiles. Aunque es caduca, puede conservar los tallos verdes en invierno.

El aceite esencial de jazmín es anti-inflamatorio, antiséptico, analgésico y expectorante. También es un poderoso natural antidepresivo y puede producir sentimientos como optimismo y euforia.

Añadido al baño puede aliviar problemas menstruales y espasmos musculares.

El Sentido del Olfato y su Conexión con la Salud
Los sentidos, además de proveernos información sobre el mundo que nos rodea, son una importante fuente de placer.

Los seres humanos hemos evolucionado acompañados del sonido del mar y del viento, viendo las estrellas, el Sol y la Luna, sintiendo sobre nuestra piel la caricia de otros seres humanos, gustando del sabor de los alimentos y sintiendo el aroma de las flores.

Aunque muchas veces no le prestamos gran atención, el sentido del olfato es particularmente poderoso.

Una de las novelas más importantes de este siglo "Remembrance of Things Past", escrita por el famoso Marcel Proust comienza con los recuerdos evocados por el olor de una magdalena mojada en té.

Y es que según se ha descubierto posteriormente el sentido del olfato está conectado directamente al Sistema Límbico, la parte del cerebro humano que controla las emociones y que también posee importantes funciones relacionadas con la memoria.

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Percibimos un olor cuando unas moléculas aromáticas penetran la cavidad nasal estimulan los terminales nerviosos encargados de detectar olores.

Estos terminales convierten el influjo de moléculas aromáticas en impulsos nerviosos y los envían al sistema límbico en donde, dependiendo de que tipo de aroma se trate, provocan diversos tipos de reacciones emotivas y estimulan recuerdos.

Estudios recientes confirman que los olores que percibimos tienen un impacto significativo sobre nuestro estado anímico.

Por otra parte, la importancia del sentido del olfato puede verse en las observaciones hechas por el Dr. Alan Hirsch, neurólogo radicado en Chicago que encontró que los pacientes que habían perdido el sentido del olfato también presentaban un alza significativa en problemas tales como depresión y ansiedad.

Se han llevado a cabo diversos estudios en los que se ha encontrado que algunos aromas pueden calmar la sensación claustrofóbica que sienten algunas personas en elevadores o cuando son sometidas a tratamientos médicos en los que tienen que estar un buen rato en el interior de una máquina.

Se ha estudiado también cómo ciertos aromas pueden mejorar la productividad en el trabajo.

Ahora bien, aunque en la aromaterapia moderna el sentido del olfato tiene un lugar preponderante lo cierto es que esta va más allá.

La aromaterapia, contrario a lo que podría pensarse no es únicamente el uso de los aromas u olores sino que más bien se fundamenta en el uso de lo que se conoce como aceites esenciales.

¿Cómo se Obtienen los Aceites Esenciales?
En términos estrictos los aceites esenciales puros son aquellos que se obtienen por medio de la destilación al vapor.

Este método consiste en pasar un vapor a través de la planta. Este vapor, a su paso, recoge diversos componentes de la planta.

El vapor es luego recolectado y mezclado con alcohol, aceite de soja, almendra u de otro tipo que le sirve de base.

Otro método muy usado es el de prensado en frío.

Fuentes:
http://www.lenntech.com
http://www.saludparati.com
http://www.aromaterapia.cl
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"Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama".

-Miguel de Cervantes Saavedra-

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